Transición y confusión

Enrique Peña Nieto, presidente electo, presentó sin demasiados aspavientos a su equipo de transición, esa novedosa (y costosa) especie de gabinete sin carteras; secretarios sin secretaría y políticos sin certeza más allá de la fugacidad de un trimestre, y no hubo en la nómina fugaz, con cuyo concurso se resolverán los asuntos del relevo constitucional del Poder Ejecutivo en los engorrosos territorios del recelo, la información escamoteada u ocultada y la natural desilusión de quienes parten, frente al triunfalismo de quienes llegan, nos ha ofrecido pocas sorpresas y algunas novedades.
 
Un ex candidato presidencial, Roberto Campa (opuesto en su tiempo y contra su entonces partido —el PRI de Madrazo— al desafuero de Andrés Manuel) ha resurgido en asuntos de Seguridad, de donde lo echó malamente Genaro García Luna al inicio de este gobierno. Regresa también una ex presidente (expulsada) del PRD, Rosario Robles, quien chocó frontalmente contra AMLO. Roberto Campa —además— contendió desde el PRI por la jefatura de Gobierno del D. F. Rosario Robles, sin lucha electoral de por medio, ocupó ese cargo algunos meses.
 
El resto del equipo de vigencia trimestral con fecha de caducidad y sin garantía ni promesa (al menos pública) de permanencia sexenal, no ha ofrecido mayores sobresaltos, excepto quizá para quienes no se vieron en la selecta lista del Hotel Hyatt.
 
Hay personas notables y novatas en el equipo comandado por Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio, y hay casos de reciedumbre profesional y personal. Obviamente David López, pieza fundamental del “peñismo” desde antes de la candidatura al gobierno del estado de México, cuya eficacia y lealtad lo colocan aparte.
 
Pero también llama la atención el encargado de la Seguridad del Presidente Electo, el general de división en retiro Roberto Miranda quien ya fue jefe del Estado Mayor Presidencial, además de comandante de la XI Región Militar; inspector y contralor general del Ejército y la Fuerza Aérea.
 
Al general Miranda nadie le cuenta un cuento.
 
¿Los demás? Mucho “toluco”; harto “chorizo power” y algunos jóvenes de talento. Uno de ellos Enrique de la Madrid. Otro, Alejandro Murat. Los Ruiz Massieu, la doctora Fromow; la jalisciense María Esther Sherman.
 
En fin, habrá tiempo para hablar de todos ellos. Por lo pronto el nuevo gobierno va adquiriendo forma. Pasos firmes en la dirección deseada.
 
 
 
CONFUSIÓN
 
Ni siquiera vale la pena regresar a los años de antes. Cuauhtémoc Cárdenas, quien organizó un movimiento político de modernización democrática y finalmente ruptura con el Partido Revolucionario Institucional, lo ha dicho sin matices: el Partido de la Revolución Democrática, síntesis y producto final de la izquierda contemporánea, no funciona.
 
“…el PRD (son sus palabras) no supera su condición de partido de confrontaciones internas y de cuotas para la asignación de cargos y oportunidades según los pesos relativos de las corrientes, que para colmo de males se oficializaron y se les dio vida estatutaria en su condición de sectas.
 
“Como ejemplo más reciente están las designaciones de coordinadores de los grupos parlamentarios que habrán de tomar posesión de sus cargos el próximo 1.° de septiembre, que no fueron elegidos por sus propuestas o por otras razones que no fueran los equilibrios de los agrupamientos internos, que se componen y recomponen en función sólo de los intereses personales de los dirigentes o, en el mejor de los casos, de los particulares intereses de los grupos.
 
“Ni país ni partido han contado en estos casos. El partido de tribus y cuotas, de sectarismos y oportunismos, de clientelas y no de militancias libres y conscientes, está destinado al achicamiento y a los fracasos”.
 
En esas palabras escucho los mismos argumentos de hace años. Así hablaba también Heberto Castillo.
 
En ese sentido el PRD se ha convertido en un monstruo con muchas cabezas de cuya suma no se hace ninguna. Al menos ninguna capaz de generar ideas. Sus mejores momentos son la queja, la rencilla, el conflicto, el “leguleyismo populista” y la reivindicación mesiánica.
 
Ante eso el presidente actual del PRD (Jesús Zambrano) ha respondido con un lenguaje de aparente conciliación y de enorme justificación:
 
“He dicho que este esquema de convivencia interna se ha agotado, y necesitamos pasar a otro”, aunque “el asunto de cuotas o de personalidades, o una combinación de las mismas, es lo que le ha dado estabilidad al partido en los últimos tiempos…
 
“¿Acaso es censurable que hayamos sacado por unanimidad las coordinaciones de los grupos parlamentarios? ¿O mejor nos hubiéramos peleado para regresar al síndrome del partido del pleito interno per se, por antonomasia? Yo creo que no; los acuerdos son siempre saludables y ayudan a una institución”.
 
 
 
MEDIOS
 
Leo en La Jornada las palabras de Andrés Manuel: “Son muy pocos los medios de información independientes. Usemos las redes y que cada uno de nosotros se convierta en medio de comunicación”.
 
En eso de la dependencia de algunos medios, tiene mucha razón.

Peña Nieto y su chorizo power
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