El Águila "With or without you"

La semana pasada entre balbuceos y contradicciones nuestra transformada secretaria de Relaciones Exteriores, doña Patricia Espinosa, nos comunicó a los mexicanos la culminación diplomática de un episodio penoso, transexenal y humillante: el Estado nacional le ha conferido la mayor distinción posible a un señor conocido como "Bono".
 
Si en su favor estuvieran nada más las aparentes o reales labores de filantropía cósmica del líder de la banda de rock U2 (vaya usted a saber) quizá nadie hallaría reparo en tan singular condecoración, cuyo otorgamiento en años recientes ya se vine convirtiendo en un grotesco cachondeo, comparable solo a la mojiganga de la "Belisario Domínguez".
 
El más cercano de esos desatinos ocurrió cuando el presidente Felipe Calderón, encaprichado en ir al mundial de futbol en Sudáfrica inventó primero una consulta pública para respaldar la aceptación su inútil viaje y después (para reforzar) la entrega de esa misma presea al señor Nelson Mandela quien ni siquiera le abrió la puerta para recibir el "corcholatazo".
 
Mandela acababa de sufrir una pérdida familiar y además no estaba en sus mejores días y aparte no se le dio la gana. Para eso estaba en su casa y para eso es Mandela. En esas condiciones el presidente de México, sin llegar a la gloria del quinto partido, dejó la cajita en la embajada y les dijo "pues ahí se la entregan cuando puedan". Tomó el avión y regresó a Los Pinos con la matraca triste y silenciosa. Pero esa es otra historia.
 
La actual tiene relación con los fardos transexenales y nuestra crónica sumisión ante el extranjero.
 
Como todos sabemos, Ernesto Zedillo era presidente, sus hijos quisieron el trato especial correspondiente a todo adolescente de tan linajuda condición, y rodeados de elementos del Estado Mayor Presidencial se fueron alegremente a un concierto de U2. Cuando la función se iba a terminar, los guardias decidieron sacarlos antes del tumulto de la salida y alegremente unos y otros se saltaron por la zona de "backstage".
 
Dice la leyenda de una grúa telescópica a punto de arrancarle la cabeza a Carlitos (uno de los hijos) en su imprudente caminar por la zona restringida y riesgosa, de un guardia del grupo en vuelo como de Triple A para salvarlo del golpe y de un oficial del EMP confundido con la tacleada, cuyo severo cachazo le abrió el coco a Jerry Mele, un ex combatiente de Vietnam quien ahora ocupa su lugar en la columna del Oriente. Es decir, está muerto. Falleció años después, no vaya usted a enlazar ese incidente y la causa de su deceso.
 
Pues bien, la historia de ese desaguisado, en el cual las armas nacionales salieron a relucir para proteger a quienes no se sabían cuidar solos (es decir, los chavos Zedillo), ya es conocida desde hace tiempo.
 
Bono, el mismo cuyo pecho aguarda la cinta tricolor con el ave nacional, amenazaba con denunciar e insistir ante el mundo sobre las condiciones de barbarie de un país donde suceden cosas tan graves en contra de quienes hacen del rock irlandés el mensaje de la redención universal, y exigía una disculpa pública en cadena nacional (casi) por parte del entonces presidente Ernesto Zedillo, y enlazaba los hechos del foro Sol con la matanza de Acteal y el subdesarrollo de la patria. Hoy resulta un benefactor con la misma estatura de Nelson Mandela, lo cual, si no lo es, parece un pago tardío por las molestias causadas en aquellos años.
 
Para Zedillo el Águila Azteca fue una forma de pagarle a James Cameron, el productor de Titanic, el préstamo de su yate para ir a bucear en su notable compañía. Para Calderón, una forma de promoverse con la fama ajena.
 
Bono, el cantante y líder de la banda irlandesa U2, recibirá la Orden Mexicana del Águila Azteca, nos dijo el Diario Oficial de la Federación el pasado 20 de septiembre mientras la señora secretaria de Relaciones Exteriores se rehusaba a anticipar la fecha de la ceremonia de entrega, pues por problemas de agenda no había sido posible ponerse de acuerdo con el semidiós de los anteojos negros.
 
Cuando lo hicieron, el importante señor les comunicó su negativa de venir a la ciudad de México para tan fausto acontecimiento, por lo cual la medalla —dice el DOF— le será entregada este mismo mes en la ciudad de Nueva York. Se la hubieran dado mejor en el foro Sol.
 
Así como Calderón invitó a comer a Sabina a Los Pinos para pedirle —entre canción y canción; entre sorbo y sorbo— la suspensión de sus opiniones sobre el fracaso de la lucha contra el crimen, don Ernesto (mejor conocido ahora como “el Inmune”) recibió a la banda (musical) en su casa para limar las asperezas. Pero esas rugosidades quedarán definitivamente borradas con la ya muchas veces mencionada y devaluada condecoración en favor, teóricamente, de los benefactores extranjeros.
 
Hoy Paul David Hewson "Bono" podrá advertir fácilmente cómo tantos años después los mexicanos se pandean —diría el ranchero— y le entregan una presea dorada en grado de insignia, pero en territorio ajeno. Cuando ocurrió el incidente de los Zedillo, Bono exigía la postración del Estado o al menos del jefe del Estado. Ahora ya lo consiguió.
 
Y ya podremos cantar emocionados, "Mexicanos al grito de guerra, el acero aprestad... with or without you…".




Se promueve Calderón con fama ajena
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