La incomprensión del liderazgo

Una de las grandes cuestiones nacionales, para cuya comprensión no se estudia, es el mundo sindical. Más concretamente, el fenómeno del liderazgo obrero. Los intelectuales mexicanos, unos con mayor, otros con menor grado, han salido casi siempre muy mal librados en el examen de este tema.
 
Hay toneladas y toneladas de análisis, tesis, estudios del movimiento obrero; centros de estudio, doctores con las pestañas tatemadas por noche y noches de lectura de textos obreros; hay miles de invocaciones a Rosendo Salazar, la Casa del Obrero Mundial; las "gestas" de Rafael Galván, de Demetrio Vallejo, y cientos de volúmenes de cuyas páginas no se extrae una sola explicación realista.
 
Nadie explica, bien a bien, de dónde sale el poder de los dirigentes obreros, más allá de las explicaciones a caballo del lugar común del control de masa, la exacción, la amenaza y el "charrismo", expresión con la cual se dice todo y no dice nada.
 
Hoy entre ideas poco claras, como las del Partido Acción Nacional y las del empresariado nacional, se debate en el Senado —o se quiere debatir— la conducta de los sindicatos, sus formas de organización, su manera de lograr (o soportar) liderazgos y la revisión de sus finanzas, sus gastos y hasta la frecuencia y ubicación de sus congresos o asambleas.
 
El problema, desde mi punto de vista, está mal enfocado.
 
Se ignora o se hace como si ignorara, la dinámica interna, propia de las organizaciones obreras. Se les quieren imponer la lógica y la moral (si existiera) externas, sin advertir (ni respetar) sus peculiaridades, especialmente en la duración de sus dirigencias.
 
Guardadas las proporciones es como si alguien acusara al Papa de Roma por recibir de los cardenales el liderazgo vitalicio de la Iglesia Católica sin aceptar ni la crítica, ni la democracia electoral. Esa organización (humana y terrenal) tiene sus formas y sus tradiciones. El sindicalismo mexicano, también.
 
Por eso la figura mayor del mundo obrero en nuestra historia (no fueron ni Luis N. Morones ni Vicente Lombardo) fue Fidel Velásquez, a quien muchos intelectuales jamás entendieron, cuando más lo criticaron, agresivos, quizá por no conseguir nada con sus invectivas, calificativos y denuestos. Pero nunca lo entendieron a cabalidad, como hoy tampoco entienden los liderazgos reiterados, como los de Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps. Quizá tampoco comprendan el de Francisco Hernández Juárez, por no abundar en otros ejemplos.
 
En ese sentido, mientras en el Senado medio mundo discute huevadas (como dicen los chilenos) me encuentro con un librito sensacional cuyo título lo dice todo: Fidel Velásquez y los intelectuales, escrito por Fernando Amilpa Trujillo, hijo (obviamente) de uno de los cinco "lobitos" de la CTM, quien se dio a la tarea de hablar con politólogos, novelistas, literatos y cuanta fauna pensante se halló en el camino, para preguntarles sobre don Fidel.
 
Hay personas tan desinformadas como para ser jocosas. Por ejemplo, Elena Poniatowska le respondió así al joven Amilpa:
 
"—¿Qué pregunta le hubiera gustado hacerle a Fidel Velásquez?
 
"—Bueno, hace años le hubiera dicho que… le hubiera preguntado sobre todo acerca de su manejo de los obreros, y luego, cómo lograba conciliar esa fórmula que él ha tenido toda su vida de gobierno obrero (¿?). Que a mí siempre me ha parecido que es a costa de los obreros, ¿no? Pero ahora no sé qué le preguntaría. Tendría que revisar muy bien qué ha hecho en el último tiempo. Le preguntaría que cómo le hace para… para ser una momia".
 
Pero ajeno a esa profundidad, Rafael Segovia trazó una respuesta perturbadora:
 
"—¿Por qué México ha conservado a Fidel Velásquez?". La pregunta se hace (1993) cuando FV lleva ya más de 30 años en la CTM. Hoy algunos líderes van apenas por la mitad de esos años, excepto, quizá Joaquín Gamboa Pascoe.
 
"Porque los movimientos obreros en todo el mundo son así. De la misma manera que los gobiernos se renuevan, los movimientos obreros no se renuevan. (En) Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, etc, vemos unos liderazgos envejecidos. Es muy grave decirlo, pero yo creo que los movimientos obreros son muy autoritarios, contra lo que se piensa….
 
"—¿Qué se piensa?
 
"—Se piensa que el obrero es la revolución, la democracia. El obrero vive inmerso en un medio autoritario. La fábrica es autoritaria, la familia es autoritaria. Es un hombre acostumbrado a un medio autoritario y por consiguiente respeta liderazgos autoritarios".

Democracia y sindicalismo
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