Los esfuerzos inútiles

Sube y baja, se afana, trajina como si estuviera en campaña y si lo miramos bien, está en campaña. No una de tipo electoral para ganar un puesto, sino más bien una faena personal contra el toro resabiado del desprecio masivo. Pero quizá ya sea demasiado tarde para eso.
 
Su conducta pública llevó a Felipe Calderón al peor de los escenarios políticos: entregar la banda presidencial a un priista y hundir a su partido (escenario y razón de su vida) al tercer lugar electoral en una competencia de tres. Los demás no cuentan sino en la convenenciera aritmética de las alianzas.
 
Veo en la pantalla una larga serie de segmentos de la entrevista fragmentada por Adela Micha en la cual todo es hermoso, sensible, positivo, educativo y materia del orgullo nacional. Una y otra vez repite Felipe Calderón sus justificaciones; una y otra vez se aferra a sus dogmas personales, a su mitología redentora, y por cuarta o quinta ocasión nos regala a los ciudadanos una muestra de su autismo.
 
—¿Le preocupa el juicio futuro?, le dice la entrevistadora, palabras más o palabras menos.
 
—No, responde él (cito de memoria), me importa mi propia conciencia.
 
Ya en otra ocasión el Presidente había expresado la confianza plena en el tribunal de su conciencia. Fue cuando un grupo de ciudadanos planteó una demanda en su contra ante la Corte Internacional. En aquella ocasión, valido como siempre de la facilidad de disponer de la TV cuando se presente la necesidad, FC le dijo a Joaquín López Dóriga, cuya pregunta iba en sentido de afrontar las consecuencias de esa demanda:
 
—Señor Presidente, ¿esto no le preocupa para el día de mañana cuando usted ya no sea Presidente?
 
—Pues mira, Joaquín, he actuado con no solo apego a la ley, sino también con apego a mi conciencia y al deber que tengo como Presidente y como ser humano, y cuando uno actúa conforme a conciencia me parece que no hay de qué preocuparse; y también, pues, actúo conforme a derechos y sé que, no porque lo diga yo, creo que la totalidad de los expertos en la materia y la gran mayoría han evidenciado, pues, la absoluta improcedencia de tales acusaciones.
 
En este sentido valdría la pena analizar esos asuntos de conciencia. Más allá del ejercicio pleno de las funciones cerebrales, en un estado alejado del sueño, la conciencia de la capacidad de aplicar principios a los actos personales; funcionar bajo un código social, ético, moral o religioso.
 
Los problemas de conciencia se derivan del choque entre el yo interior y la vida social.
 
Por ejemplo, cuando se legalizó el aborto en la Ciudad de México muchos médicos opusieron la legalización a la moralización. Se afirmaron en su compromiso interno e invocaron razones íntimas para no realizar las intervenciones.
 
Como en muchos contratos se aplican "cláusulas de conciencia"; es decir, razones personales para excusarse o rehusar, de una u otra forma, como los jueces comprometidos o aquellos cuya realidad plantea choque o conflicto de intereses.
 
Pero en el caso de un jefe de Estado la conciencia nunca podrá superar al juicio público. O se actúa por razones estatales o se responde por motivos personales y autovaloraciones casi siempre exculpatorias.
 
Decía un maestro de sicoanálisis: ante nuestras justificaciones, todos somos inocentes.
 
Esa instancia invisible y ubicua, llamada "juicio de la Historia", no depende para nada de la tranquilidad personal y la convicción propia de haber hecho las cosas de la manera debida.
 
La ruta de la despedida ha colmado las posibilidades de la auto-justificación. En tribunas nacionales o en el extranjero, Calderón va por la vida presumiendo el deber cumplido. Quizá sí, pero mal cumplido. Al menos eso han dicho las urnas.
 
Otro ejemplo de la capacidad de auto-elogio y auto-justificación del Presidente se ha dado en esta reciente Cumbre Iberoamericana de Cádiz en relación con la monotemática actitud del gobierno en extinción:
 
"…Y nosotros enfrentamos con determinación y con arrojo a esos cárteles criminales, y hace rato los hubiéramos vencido y derrotado, si no fuera porque cada año les llegan a esos grupos miles de millones de dólares provenientes de esos consumidores, fundamentalmente americanos y muchos europeos, por cierto, del tráfico que se realiza a través del Caribe".
 
 
 
MICHOACÁN
 
La lucha contra el crimen organizado comenzó de manera frontal y aguerrida en Michoacán. Fue la primera (y la única) definición importante del Gobierno actual. Lo demás (salud, caminos, administración, etc.) es trabajo regular del sector público.
 
Hoy, en medio del desánimo colectivo, con un estado lleno de problemas, endeudado, mal gobernado y peor intervenido, se produce tras varios intentos, el asesinato de la alcaldesa de Tiquicheo, Michoacán, María Santos Gorrostieta, cuyo esposo y antecesor (en 2009), José Sánchez, también fue asesinado.

Tribunal de la conciencia
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