Semana de caprichos, simulación y pataletas

Una semana puede ser mucho tiempo o muy poco. Al supremo hacedor le bastaron esos días, dice el Génesis, para crear el universo en su totalidad, con sus plantas, animales, estrellas y cometas. Y aun tuvo tiempo para el reposo.
 
En una semana Israel hizo la mayor campaña militar de su accidentada historia reciente y se quedó con las tierras cuyo dominio hoy no termina por resolverse —ni por las buenas ni por las malas—, como ha sucedido al menos durante veinte siglos en el sangriento Levante.
 
Pero una semana puede ser el tiempo por aprovechar hasta exprimirle al limón del poder la última gota, y con esos arrestos nacionalistas en abierto rechazo a la emulación de los Estados Unidos de América, el presidente Felipe Calderón se da cuenta —a estas alturas— de cómo los mexicanos no somos tal sino en verdad estadunidenses, mexicanos, pero estadunidenses, de la manera como los gringos, los del "Gabacho", pues, son estadunidenses americanos, mientras nosotros lo somos mexicanos. Y a mucha honra, le faltó decir.
 
Independientemente de la recurrencia de este asunto a lo largo de los sexenios (se propuso durante el gobierno de Zedillo), la ocurrencia parece eso y nada más. Sí, los argumentos son ciertos, reales y si se quiere interesantes o importantes, pero lo eran, en todo caso, también hace seis años.
 
No se entiende con toda claridad el motivo, si lo hubiera. El argumento de la invocación resulta un tanto patriotero, además de difuso.
 
Pero no es la primera preocupación presidencial de origen simbólico. Hace ya un par de años, la Secretaría de Gobernación publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto para reformar la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, para cambiar ¡el orden de los colores de la banda presidencial!
 
Esto es, si el verde debería ir en la parte cercana al cuello o debía ser al revés.
 
Como se ve, tan complicada decisión determinaba, si no se hubiera hecho el cambio de orden, el futuro de la Patria. No íbamos a poder ingresar a los senderos del mundo civilizado, moderno, científico, si el rojo no quedaba junto al cogote presidencial.
 
Y si alguien puede rebatirlo pues aquí está el ya dicho decreto, trascendente decreto, debí decir.
 
"…Tendrá (la banda) los colores de la Bandera Nacional en franjas de igual anchura colocadas longitudinalmente, correspondiendo el color rojo a la franja superior. Llevará el Escudo Nacional sobre los tres colores, bordado en hilo dorado, a la altura del pecho del portador, y los extremos de la banda (se) rematarán con un fleco dorado".
 
Frente a tales preocupaciones no es de extrañar esta última ocurrencia de Calderón, quien en los momentos finales se aferra al clavo ardiente del nacionalismo:
 
"Es tiempo de que los mexicanos retomemos la belleza y sencillez del nombre de nuestra patria, México, un nombre que coreamos, que cantamos, que nos alegra, que nos identifica, que nos hace llenarnos de orgullo. Un nombre presente en cada celebración cívica, histórica, deportiva. Un nombre que nos identifica aquí y en todo el mundo y que nos llena de orgullo".


 


Todo eso está muy bien, sobre todo si uno mira su pasaporte. El mío es verde. Y en la parte superior de su tapa dice, con letras doradas, MEXICO (sin acento).
 
Debajo mi documento tiene el escudo nacional, también estampado en oro, y hasta abajo dice PASAPORTE.
 
Si la ocurrencia de don Felipe se aprueba, vamos a gastar millones de pesos en papelería oficial, lo cual no tiene ninguna importancia, excepto para quien pille el contrato, o uno de los contratos de impresión, estampado, elaboración digital de documentos y demás formas modernas para poner algo por escrito y dejarlo ahí de manera permanente.
 
Pero el asunto tiene otra intención, más allá de recuperar un nombre cuyo significado ni siquiera sabemos bien, pues oscila entre los hallazgos de Gutierre Tibón y el ombligo de la luna y las invocaciones a los mexicas peregrinos del siglo XI y, en fin, toda esa interminable búsqueda por hallar el origen, cosa absolutamente desconocida como ignoto es ese extraño y mítico lugar llamado Aztlán.
 
La evidencia es simple: Calderón busca desesperadamente algo para ser recordado más allá del remoquete de "el presidente de los muertos".
 
Así, cuando en los tiempos por venir alguien pregunte:
 
—¿Desde cuándo México dejó de llamarse Estados Unidos Mexicanos?
 
El sabihondo del futuro dirá:
 
—Desde los tiempos de Calderón…
 
—¡Ah!, el de los muertos, ¿no?
 
Alude el futuro vacacionista (al menos de la burocracia nacional) a la inexistencia de las condiciones políticas por las cuales se imitó a los americanos y conmina a llamarnos por nuestro real, único y verdadero nombre.
 
Recordemos a Edmundo O’Gorman, autor del magnífico ensayo México, el trauma de su historia:
 
"…Todo esto no quiere decir, por supuesto, que la acción encaminada a imitar a Estados Unidos no haya dejado su profunda huella. Por el contrario, hizo de los pueblos  iberoamericanos unas naciones históricamente híbridas, porque sin dejar de ser modernas, no lo han sido nunca plenamente".
 
 
"La experiencia constitucional mexicana fue traumática durante el siglo XIX y solo aparentemente exitosa durante el XX. El trasplante del modelo constitucional de Estados Unidos a México (hasta en el nombre, digo yo) es evidencia de que el verdadero sistema normativo es aquel que está inscrito en los valores arraigados en una época y que un fuerte contraste entre éstos y el sistema legal no conduce sino a un desencuentro permanente.
 
"Resulta sencillo ilustrar esta afirmación. A pesar de los intentos por trazar lineamientos e inclusive por imitar rasgos de la organización de gobierno de Estados Unidos, la experiencia mexicana de la construcción del sistema político se caracterizó por la centralización y el desbalance de poderes entre el Ejecutivo por un lado, y el Congreso y el Poder Judicial, por otro.
 
"La intensidad de la influencia de Estados Unidos fue inversamente proporcional a la capacidad de los mexicanos para transformar su entorno y adaptarlo al liberalismo y a las instituciones económicas modernas".
 
Y para acabar cito a Octavio Paz:
 
"Los Estados Unidos son la negación de lo que fuimos en los siglos XVI, XVII y XVIII y de lo que, desde el siglo XIX, muchos entre nosotros querrían que fuésemos".
 
Y a todo esto es necesaria otra pregunta: si el propio Felipe Calderón desde sus condiciones de diputado en el año 2003 ya se había tirado la "puntada" de proponer el cambio de nombre (cuando no tenía el poder nacional), ¿cómo desempolva sus viejos apuntes de legislador intrascendente para pedir las cosas cuando ya no le queda tiempo ni para cerrar la maleta?
 
 
 
TERMÓMETRO
 
Andrés Manuel, presidente del Consejo de Morena, dio instrucciones a sus fieles para ocupar las 32 plazas del país (obviamente las plazas de Armas, Mayores o como en cada estado se llamen) y protestar de tan aborregada manera por la "imposición" de Enrique Peña en la Presidencia de la República.
 
Como es obvio. en los días por venir López movilizará a todos los seguidores cuya adhesión logró durante la prolongada campaña efectuada entre 2006 y 2012, cuya intensidad y exhaustividad, a pesar de todo, no le alcanzó para lograr tres millones de votos más y empatarle siquiera a Peña Nieto.
 
Ante las dimensiones de ese fracaso, urdió la especie de la compra de la presidencia, pues para fundar un partido como Morena y lograr prebendas, dinero y representación organizada, financiada por el Estado, siempre es mejor hacerlo desde el martirio y desde la derrota.
 
Pero mientras Morena no sea un partido constituido, vigilado en sus fondos y el origen del dinero, todos sus actos serán hijos del voluntarismo, la pugnacidad y el rencor.
 
Todo lo demás es un rollo y ahora un rollo evangélico.




¿México o Estados Unidos Mexicanos?
TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE:LO MÁS VISTO:

Para leer más

Celebran su apoyo radial El Teatro Ángela Peralta...
PRESENTAN LIBROS SOBRE AYOTZINAPA.- La noche del 26...
CHARLARÁ CON SUS LECTORES REGIOMONTANOS.- Sergio Ramírez (Nicaragua,...
JUAN TREJO TAMBIÉN ESCRIBE PARA QUE LO...
INICIA LA FERIA DEL LIBRO DE LA...
EL RETORNO DE 'LA BELLA Y LA...
UN TEXTO AUTOBIOGRÁFICO DEL ESCRITOR LUIS PANINI.- Hace...
LA ÚLTIMA DE ROBIN WILLIAMS.- La tercera entrega...
TIERNOS, GORDITOS Y TE HARÁN REÍR.- Después de...
JUAN CEDILLO PRESENTA 'EITINGON'.- El 20 de agosto...