Nostalgia

Una de las clases que más me gustaron en la universidad fueron las de latín y griego. Más que aprender las declinaciones y sintaxis, lo que más me gustaba era poder aprender el origen de las palabras que usamos hoy.

Yeah Yeah YeahsAños después en mi etapa de maestro (uno de los mejores trabajos que he tenido) tuve la suerte de poder impartir la clase de etimologías griegas y latinas, en la que pude comprobar que mis alumnos también encontraban muy interesante estos temas.

Una de mis palabras favoritas es nostalgia, que viene de las palabras griegas para “regreso” y “dolor”, entonces la nostalgia es un dolor que se da por regresar, una herida que nunca termina de cicatrizar.

Esta semana un buen amigo me invitó a escribir para su medio pidiéndome que le mandara los que, a mí gusto, eran los mejores discos de hace 10 años, es decir, del 2003. En cuestión de fechas a veces me acuerdo de unas perfectamente, pero en otras ocasiones me olvido de las más obvias, caprichos de una mente que no sabe darle prioridad a las cosas.

En primera, la nostalgia vino por el sólo hecho de pensar que el 2003 es ya más lejano de lo que recordaba, y en segunda porque cuando hice memoria recordé grandes momentos musicales que empezaron en ese año con muy buenos discos y, sobre todo, canciones por las que no ha pasado el tiempo.

Cómo no recordar la dualidad de tristeza y felicidad en “The Distict Sleeps Alone Tonight” y “Such Great Heights” de The Postal Service. Recordar que Deftones hizo grandes canciones después del White Pony, y para ejemplo ahí están “Minerva”, “Hexagram” o “Good Morning Beatiful” en su disco homónimo. Ese mismo año The Strokes consolidó su papel como una de las bandas más importantes de la década con su Room on Fire, mientras que el movimiento del que eran parte seguía creciendo con el Fever to Tell de los Yeah Yeah Yeahs o el Youth and Young Manhood de unos jóvenes Kings of Leon.

Y como yo pronuncio la ñ, es imposible no pensar en las bandas que cantan en español, como el caso del Cuatro Caminos de Café Tacvba, disco que he aprendido a apreciar con el paso de los años; o La Culpa de Los Bunkers, en la que no sólo está esa joya llamada “Canción para mañana”, sino también “La exiliada del sur” y más. En aquellos años Zoé no era tan odiado, quizá porque no era tan conocido y algunos nos emocionábamos ya con canciones como “Frío”, “Polar” o “Veneno”.

Mención aparte merece La última noche del mundo de Austin Tv, ese disco que me enseñó que en México se hacían cosas diferentes (al menos para lo que yo escuchaba) y de gran calidad. Por no mencionar que ahí aparecen canciones como “Ella no me conoce” o “Hazme sentir”.

No sé si había una segunda intención de parte de mi amigo al preguntarme por los discos que más me gustan del 2003 o sólo era para llenar un género o una edad específica. Eso no importa. Le estoy agradecido por haberme hecho recordar heridas que aún no sanan del todo.


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