La narcoguerra que no queremos ganar

Algunos hechos –no alucinaciones– de la narcoguerra:

  • Foto: DENZ ZANIMéxico no está interceptando el flujo de drogas que pasan por nuestro territorio hacia Estados Unidos.
  • El gobierno norteamericano no detiene los cargamentos de narcóticos que entran por la frontera mexicana.
  • Las armas que compra el narco en la Unión Americana ingresan a suelo mexicano. Ninguno de los dos gobiernos detiene este tráfico.
  • Millones de personas, tanto en México como en Estados Unidos, demandan una política de mano dura y suspensión de garantías constitucionales y derechos civiles como única solución para ganar la guerra.
  • Las matanzas en nuestra frontera norte provocan tensión en la orilla opuesta del Río Bravo. Funcionarios de los tres niveles de gobierno, legisladores y otros líderes de opinión crean en la sociedad norteamericana el temor de que la narcoviolencia los flagele.
  • En México lo que hace pocos años era extraordinario, hoy lo vemos como rutina diaria. No solo estamos ya acostumbrados a ver a la tropa en la calle, sino que muchos exigen su presencia.
  • Los mexicanos no confían en el gobierno civil.
  • No puedo ni siquiera calcular el número, pero es evidente que muchos mexicanos están a favor de la intervención estadunidense.
  • El Presidente Calderón propuso a la abogada Marisela Morales como abogada de la nación, pocos días después que la profesional recibió en Washington un homenaje por parte de la Primera Dama, Michelle Obama, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
  • Dentro y fuera de México se escucha el consenso de que no funciona la estrategia del gobierno calderonista.
  • Igualmente, es obvio en México y en el extranjero que la guerra disparó los niveles de corrupción.

 

Éstos son los hechos duros. La realidad que estamos viviendo. Hasta aquí no he formulado ninguna opinión: me limito a pasar revista a eventos que confirma la experiencia.

Ahora sí me permito presentar algunos comentarios.

Estados Unidos es el país más rico y poderoso del mundo. Me resulta difícil aceptar que no pueda blindar su frontera con México.

Participan en nuestra guerra –nuestra, de los mexicanos y los norteamericanos– no sé cuántas agencias civiles y militares de espionaje y cientos de soldados de la Guardia Nacional, con el apoyo de las últimas novedades de la tecnología de punta.

Los satélites nos ofrecen fotografías de la casa donde vivimos; del auto estacionado frente al minisúper; de las personas que caminan por las calles.

Desde luego, soy un analfabeto en estas –y muchas otras– cosas, pero, pregunto: estos artefactos, ¿no son útiles para reprimir al narco?

Otra cosa que llama la atención. Nuestro amigo, el diputado halcón por Texas Michael McCaul, pide que Washington incluya en la lista de organizaciones terroristas a seis cárteles mexicanos.

La NacionalCuriosamente, el legislador no apuntó en el listado al cártel de Juárez. La omisión –si lo es– resulta doblemente interesante, toda vez que, según Wikileaks, el Ejército mexicano prefiere que sea el cártel de Sinaloa (el del Chapo Guzmán) el que controle el antiguo Paso del Norte.

¿Tiene algún significado esta divergencia?

En el mismo tenor, se escuchan voces en Estados Unidos a favor de una reedición, ahora en México, desde luego, del llamado Plan Colombia puesto en marcha en 1999. Según los duros de aquí y de allá, el esquema desarticuló a los cárteles colombianos gracias al esfuerzo conjunto de militares y policías de los dos países.

Por otra parte, el Presidente Obama está entrampado en las guerras de Irak y Afganistán, además de su compromiso de desatar el nudo gordiano de Libia.

La opinión pública en la Unión Americana no sería favorable a que con sus boys and girls en uniforme se abriera otro frente de operaciones, menos todavía en México.

Pero tampoco hace falta una presencia masiva. Recordemos que en este juego de ruleta rusa los mexicanos ponemos la sangre y el gobierno norteamericano aporta los dólares. Un contingente relativamente pequeño de especialistas altamente capacitados podrá hacer la faena.

En 1917 el asesor de Trotski, Antonov-Ovseenko, capturó Petrogrado con 200 técnicos militares, casi todos de los países bálticos.

Entonces, ¿quieren en verdad los gobiernos de México y Estados Unidos ganar esta guerra, o la están usando como un medio para alcanzar no sé qué fin?


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