La muerte de Bin Laden no cambia nada

Osama bin LadenLa élite gringa no aprende: repite, una y otra vez, la atroz experiencia del doctor Víctor Frankenstein.

Inventaron A Osama bin Laden, a Saddam Hussein, a Gadafi, a Noriega, al Sha de Irán, a la cúpula militar paquistaní y vaya usted a saber a cuántos dictadores más.

Les salieron mal las cosas.

El maestro Bertolt Brecht nos enseñó a usar bien las palabras: Bin Laden no fue asesinado; lo mataron como lo que era: un perro rabioso, culpable de miles y miles de crímenes.

Recibió su merecido, pero su óbito no cambia nada. La estructura de Al Qaeda está posiblemente más fuerte ahora –Osama tenía tiempo de estar inactivo por sus enfermedades–-; todo indica que el sucesor es Ayman el-Zawahiri: un oftalmólogo que ciega y mata espoleado por el odio.

El-Zawahiri llevó a Bin Laden a la perdición. Osama ni siquiera era un fanático del Islam. Nació con cuchara de plata en la boca. Hijo de un multimillonario saudí, el muchacho tuvo todas las ventajas que proporcionan el dinero y el poder: estudió en la universidad, hablaba idiomas extranjeros, no conoció el hambre ni la sed.

Sólo en sus últimos años supo de la angustia del hombre que es perseguido, que está en la lista de quienes tarde o temprano serán ejecutados.

La presencia política y militar de la URSS en Afganistán lo conmovió: las armas, habrá pensado entonces, son los instrumentos que Alá pone en las manos de sus fieles para castigar a los impíos.

Esto es falso, desde luego. El Corán es un libro que apela a los más nobles sentimientos del ser humano. Naturalmente, las mujeres y los hombres del poder corrompen lo mismo las enseñanzas de Mahoma que la Biblia o el Talmud.

Osama aprendió sus primeras letras en Arabia Saudí, un desdichado país gobernado con mano de hierro por una dinastía que vive en los años de la Primera Cruzada. En un texto para los alumnos de primaria, supongo que escrito por los imanes wahabitas –la variante más militante e intolerante de la fe musulmana–, los “maestros” enseñaban o aún enseñan a los niños que el dios de los agaritas les ordena matar a los infieles.

Fue en aquellos años que el doctor de ojos se convirtió en el tutor de Bin Laden: habrá, tal vez, pensado que este chico, llevado de la mano a la oscuridad del fanatismo, podría aportar millones y millones de dólares para el talibán.

Ayman el-ZawahiriEl oftalómologo enseñó a odiar a Bin Laden. Lo enconó contra los occidentales, a quienes equiparan con los cruzados; los judíos; los creyentes de otra fe pero, sobre todo, le inspiró el aborrecimiento hacia los musulmanes moderados, entre ellos, los chíies o chíitas.

Osama aprendió, más bien quiso aprender o creer que matar a un infiel es un acto grato a los ojos de Mahoma.

El-Zawahiri tiene una historia de matanzas y atentados políticos. Participó en el asesinato del Presidente egipcio Anuar el-Sadat. Cómo iban a dejar vivo al hombre que firmó la paz con Israel.

¿Cómo salió de la cárcel? Misterio. Aventuro mi alucine: lo liberó la CIA para enviarlo a combatir contra los rusos en Afganistán.
 

Osama, enfermo como ya dijimos, tenía buen rato de vivir en Paquistán. Residía en un búnker, en la pequeña ciudad de Abottabad, a cosa de 60 kilómetros de Islamabad, la capital de la republiquita de mentiras.

La fortaleza del multimillonario saudí se encuentra a cuatro o cinco cuadras de la Ciudad del Ejército, donde militares jubilados viven dentro de una de las bases castrenses más poderosas de Paquistán.

En la Ciudad del Ejército está el Colegio Militar; allá también tiene algunas de sus más importantes sedes el temible servicio paquistaní de espionaje: el ISI o InterServiceIntelligence.

El ISI es una de las mejores agencias de espionaje del mundo.

Ocurre que, en teoría y en lo que corresponde a la derrama de dólares, Paquistán es un fiel aliado de Estados Unidos.
Y ahora sucede que ni el ISI ni la madre que los parió sabían que Bin Laden estaba allá.

No convence, ¿verdad? Pero falta la cereza del pastel: circula una versión según la cual Al Qaeda entrenaba en territorio de Paquistán a “voluntarios” paquistaníes organizados para infiltrarse en la Cachemira india y matar al mayoreo.

Washington tendrá que revisar su política paquistaní. Si votan por hacer las cosas a la antigüita, derrocarán al gobierno y pondrán a gente de su confianza…si es que la tienen.

Esto es lo que se supone hará el gobierno norteamericano. Al Qaeda, por lógica elemental, desatará una serie de ataques no nada más en Cachemira, sino contra Juan y Pedro para vengar la muerte de Bin Laden.

¿Buscarán en México estos fanáticos, frente a los cuales nuestra vieja Inquisición era una tropa de boy scouts, una alianza con éste o aquel cártel de la droga?

Averígüelo Vargas. Una cosa es cierta: hoy, Obama es el hombre más popular de Estados Unidos. La ejecución de Bin Laden –los comandos navales tenían órdenes expresas de matarlo, no de tomarlo prisionero– no daña sus expectativas de reelección.

Murió un multiasesino, pero eso no cambia nada. ¿Será que los humanos estamos enfermos, queremos guerras, deseamos matar?

 


Muere Osama, ¿y?
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