Títeres sin cabeza

Marcha en MonterreySolía decirse cuando alguien arremetía contra todos: no dejó títere con cabeza.

Eso hizo Javier Sicilia el domingo. Y con razón.

Abrazado por un nutridísimo contingente cuya presencia en el Zócalo le dio al gran espacio simbólico nacional una dignidad no vista en los espesos mítines políticos (especialmente los del perredismo convertido en locatario permanente de la Plaza), Sicilia ha formalizado la descalificación ciudadana de los partidos políticos, los ha conminado a una “limpieza honorable” para no llegar a las elecciones del 2012 ante la disyuntiva de cuál cártel se llevará nuestro voto y los ha acusado de colusión con el crimen.

“…Se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la Nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la Nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntarnos ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar?

“No se dan cuenta –agregó–  que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas; que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran”.

Sicilia leyó un discurso escrito antes de la marcha. Ya lo había publicado el semanario Proceso, del cual es longevo colaborador y no hubo grandes diferencias entre el texto ya leído por muchos desde el sábado y el pronunciado ayer por la tarde, excepto quizá por el orden de las intervenciones, como la de Olga Reyes, lo cual no cambia sus palabras ni la importancia de su proyecto de Pacto Nacional cuyo siguiente paso se dará el siguiente mes en Ciudad Juárez, “el rostro más visible de la destrucción nacional”.

  Marcha en Monterrey  

Antes de la lectura de su texto, redactado con sencillez y profundidad, frente a las evidencias de la inseguridad crónica, Sicilia pidió el cese de Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública. Gritos y aplausos secundaron sus palabras.

–Queremos un mensaje del presidente –pidió– diciendo que sí nos oyó…

En ese momento se escuchó una voz anónima:

–¡Muera García Luna!

–No, compañeros, que no muera, nomás que lo despidan. Ya basta de muertes, dijo JS con la vista fija en la plaza.

Tras un silencio de cinco minutos (“El silencio es el lugar en donde brota y se recoge la palabra verdadera”), David Huerta, también poeta, tomaría la palabra.

Dijo David: “…contra los muros, la vida se llena de fantasmas… México sigue soñando pesadillas”.

Versificó en torno de la “bocanada de la sangre”; de cómo “vuelve a nacer la espiga del sueño” y de la actual “vibración de quemaduras y estallido”. Versos doloridos, rasposos, llenos de ira y esperanza.

Pero además de los momentos literarios, la caminata de Sicilia permitió plantear –como lo leyeron Patricia Duarte y Olga Reyes– compromisos de ciudadanos cuyo valor más grande es la legitimidad de su representación.

Representan el dolor generalizado en este país. No hay en ellos asomo de suplantación. Cada uno es una lágrima genuina, cada uno es una pena. Y quienes sin haber sido afectados directamente por la violencia los acompañaron, son simplemente solidarios ante la verdad.

Ninguna verdad es superior a la muerte de un hijo un  hermano o un amigo. Nadie se enmascara con una mortaja. Esos son hechos ante los cuales no se polemiza, no se discute, no se argumenta.

Y ante esas circunstancias repetidas y repetidas en la vida mexicana de los últimos cinco años con una intensidad creciente cercana ya a la hemorragia nacional, estas palabras y estos compromisos de continuidad ante el fracaso de la política (al menos de esa política) deben ser entendidos y atendidos.

“Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos”.

Quizá ésos sean los dos verdaderos problemas de México: la complicidad y la impunidad. Uno engendra al otro y ambos nos terminarán matando a todos.


El mensaje de Javier Sicilia
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