Javier Sicilia: líder moral y social

El poeta y periodista Javier Sicilia se está convirtiendo a paso de marcha en el líder social y moral que México tiene rato de estar clamando.

El escritor hace milagros: con su grito de dolor despertó la conciencia de un segmento de mexicanos y logró que el Presidente Felipe Calderón recibiera a deudos de víctimas de la narcoguerra.

El jueves, mandatario blanquiazul declaró que está dispuesto a revisar la estrategia y rectificar los errores que se han cometido en la hasta ahora fallida represión al tráfico de estupefacientes.

También el jueves, el maestro Sicilia tuvo que hablar muy claro para hacerse entender por una falange de mexicanos que no sé si son o se hacen.

Estos mexicas sostenían que el Poder político y económico había cooptado al escritor de poemas.
Y manejaban, como prueba de lo dicho, el encuentro con el Presidente de México en Chapultepec.

Supongo que varios millones de mexicanos viven todavía en esa cultura del totalitarismo contraria a la negociación, el diálogo, las concesiones mutuas, el esfuerzo por alcanzar un acuerdo.

Nada: hablar con el Presidente es traicionar  a los civiles inocentes caídos en la guerra.

El poeta los puso en su lugar: dialogar no es claudicar. Y también dejó muy en claro su posición respecto a la participación de los tres servicios de las fuerzas armadas en el combate al narco.

Sólo quienes tienen vacíos los aposentos del cerebro, como escribió nuestro padre Cervantes, pueden votar a favor de que soldados y marinos regresen a sus cuarteles.

¿Con qué, con quién vamos a hacer frente al narco: con policías que están en las nóminas de los capos? Hasta eso, se venden barato: tres mil pesos al mes.

“No le pedimos (a Calderón) que deje de hacer lo que tiene que hacer, sino que cambie esa forma de hacer las cosas”, dijo don Javier.

Esto es: por el momento, los hombres y mujeres son la fuerza de choque de México mientras –esperamos que así sea– los gobernadores y alcaldes, supuestamente, depuran a sus agencias de policía.

Quisiera creer que es verdad tanta belleza. Pero el oficio lo hace a uno escéptico: llevo más de medio siglo escuchando promesas de políticos y muy pocos de sus ofrecimientos –poquísimos– se volvieron realidad.

Por ello, me reservo el juicio sobre la promesa de Calderón de cambiar la estrategia y rectificar los errores.  
Quizá sea sincero, pero igual habló con el fin de anotarse un gol mediático.

Si Calderón quisiera, en verdad, dar una batalla inteligente y eficaz contra el narco, empezaría por investigar el lavado de dólares y la incautación de todo ese dinero sucio.

El segundo peso tendría que ser la depuración del Poder Judicial. De qué sirve que soldados, marinos y uno que otro policía arriesguen el pellejo para capturar sicarios si el juez o el magistrado los deja en libertad en lo que tarda un gallo en cantar.

El tercer paso es organizar un equipo de detectives profesionales de alto nivel.

Calderón llama a la sociedad a apoyarlo: no es posible, señor. No confiamos en su gobierno. Sabemos que sólo en un ambiente de extrema corrupción podrían hacer crecido las redes como lo han hecho.

Meta, pues, a la cárcel a políticos y  funcionarios; a hombres y mujeres del sector público que están al servicio del narco o, lo que es peor, son los capos de los capos: los verdaderos jefes o dueños de los cárteles.

Hágalo y verá como los mexicanos lo apoyamos.

Por lo pronto, don Javier Sicilia se ha convertido en la voz de millones y millones de mexicanos. En política, es ingenuo. Mejor: no queremos caudillos. Veamos a los indignados españoles: no tienen jefes. Se organizan solos.

Es hombre limpio el poeta. No ambiciona dinero ni poder. El asesinato de su hijo lo impulsó a salir a la calle. Esa herida nunca se va a cerrar. Y mientras sangre, el señor Sicilia llevará adelante su lucha.

Es una pelea de ideas, palabras, marchas, movilizaciones ciudadanas que empiezan a sacudir a México. Aquí no hay violencia, ni siquiera verbal.

El poeta me recuerda a Gandhi y a Mandela. Ellos también lograron, el primero, la libertad de India; el segundo, abatir el abominable apartheid.

Sin violencia. Sin tiros. Sin muertos.

La guerra, tal y como la está peleando el michoacano, la vamos a perder. Esta crisis no se resuelve matando sicarios.
Es algo más complicado, con ramificaciones internacionales que constituyen el verdadero peligro para México.

No queremos que el señor Sicilia sea Presidente de México: lo que esperamos de él es que, como Sócrates, se convierta en el tábano que acosa al Estado para obligarlo a convertirse en una administración para beneficio del ser humano.

El escritor que hace milagros
LO MÁS VISTO:

¡Inscríbite ya!


Universidad Autónoma de Durango / Licenciaturas a un click de distancia


 

Lo más reciente

Por
HÉCTOR PÉREZ
Por
HÉCTOR PÉREZ
Por
HÉCTOR PÉREZ
Por
Héctor Pérez
Por
HÉCTOR PÉREZ

Para leer más

Celebran su apoyo radial El Teatro Ángela Peralta...
PRESENTAN LIBROS SOBRE AYOTZINAPA.- La noche del 26...
CHARLARÁ CON SUS LECTORES REGIOMONTANOS.- Sergio Ramírez (Nicaragua,...
JUAN TREJO TAMBIÉN ESCRIBE PARA QUE LO...
INICIA LA FERIA DEL LIBRO DE LA...
EL RETORNO DE 'LA BELLA Y LA...
UN TEXTO AUTOBIOGRÁFICO DEL ESCRITOR LUIS PANINI.- Hace...
LA ÚLTIMA DE ROBIN WILLIAMS.- La tercera entrega...
TIERNOS, GORDITOS Y TE HARÁN REÍR.- Después de...
JUAN CEDILLO PRESENTA 'EITINGON'.- El 20 de agosto...