Empresarios critican a gobierno estatal; éste los llama mentirosos

Y hablan de los rudos de la lucha libre. Bah, son amateurs.

Buen encuentro. En esta esquina dos grupos de la iniciativa privada, frente a ellos, el gobierno de Nuevo León, apoyado por un sector del empresariado.

Foto: Gerd PaulsenUnos empleados –Jorge Domene Zambrano dixit– de la Coparmex, la Caintra y la CCINLAC dijeron que el gobierno del Estado no hace nada efectivo contra el crimen organizado, ni tampoco contra el hampa desorganizada.

Descubrieron el Mediterráneo. Inventaron la pólvora. Crearon el cero.

Se limitaron a decir lo que todos sabemos: que en su relación con el hampa, particularmente con el narco, Rodrigo Medina sigue esa política que fue como el dogma del liberalismo económico: "Dejar hacer, dejar pasar".

¿Qué otra cosa podían decir los ipecos? Por lo pronto, probaron que no siguen el ejemplo del avestruz, tan caro a nuestra burocracia política.

¿Cómo van a hablar de “triunfos” y “avances” de la administración estatal si todos los días hay matanzas, robos de autos, asaltos en la calle, atracos a bancos y empresas de cualquier rubro, irrupciones de hampones en viviendas particulares?

Pero a Rodrigo Medina, como escribió Robert Penn Warren para “All the king’s men”, la verdad es un veneno que no puede ingerir, so pena de muerte.

Y allá va el majo de Domene Zambrano, a desquitar el sueldo.

Jorge Domene Zambrano / Foto: Gobierno de NLLe da por reducir el tamaño político y representativo de quienes para él son quejicosos. “Son empleados”, dice.

¿Acaso el portavoz no es, también, un empleado?

Luego los tacha de difundir “mentiras viles”. Para mi gusto, eso fue un error. El vocero raramente usa adjetivos fuertes contra los sayones.

Pero como a éstos les vio cara de empleados, disparó a quemarropa con su artillería pesada.

O al menos eso quiso hacer. El ingeniero-portavoz está a muchos años luz de manejar el lenguaje con claridad y precisión. Su discurso es confuso y redundante: y quien sin darse cuenta pretende imitar a Cantinflas –sin la gracia del hijo de la carpa– pone de manifiesto que la confusión nace en su cerebro y se desliza por la lengua hasta salir al mundo y hacerlo caer en el ridículo.

Luego pasaron varias cosas al mismo tiempo.

Rodrigo Medina, tibio y lento, como siempre, pidió paz. Nada de polémicas: unidad, por favor.

Claro que hay una estrategia contra el narco, dijo: la prueba es que dos veces por semana se reúne con su gente para revisar el orden de batalla.

La figura que usó el joven gobernador no es muy convincente, pero en fin. Qué le podemos pedir.

Luego salió de su esquina don Juan Ernesto Sandoval Villarreal, presidente de la Canaco. Cierto: habló con moderación. Es bastante más inteligente que el vocero.

Y desautorizó, con cierta elegancia, a los quejosos o disidentes o descontentos, que ya no sabe uno cómo los califica el gobierno.

No saben, dijo don Juan Ernesto. Y punto final.

Pero hete aquí que saltó al encordado un peso pesado. Alberto Santos de Hoyos quien, al parecer, habló en nombre de otros trece no sé si empleados o dueños.

¿Será empleado Alberto? Rodrigo lo es: somos sus patrones, aunque en Nuevo León, como en todo México, los patos les disparan a las escopetas.

Santos de Hoyos no se anduvo por las ramas: la violencia es una rutina a la que ya nos estamos acostumbrando. Es cosa de todos los días ver cabezas humanas en calles o plazas, cuerpos mutilados, hombres o mujeres colgados de los puentes .

El baño de sangre del Sabino Gordo nos conmovió por unas horas. A estas alturas ya lo olvidamos.

Veinte muertos en dos o tres minutos y todavía dice el vocero que la culpa fue de ellos: para qué van a ése antro si está abierto el bar del Ancira.

El industrial nos recordó la fenomenal estupidez a cargo del gobierno de Felipe Calderón: le estamos haciendo el trabajo sucio a los gringos.

Al narco le interesa Estados Unidos: México es nada más un lugar de paso.

Con criterio gerencial, la DEA controla el mercado, pero no lo combate, dijo.

Todo este desmadre ha llevado a México a vivir, sin exageración, una situación de emergencia nacional.

Esto lo comentó Santos de Hoyos. Y en otro lugar del país, el poeta Javier Sicilia expresó casi las mismas palabras:

“Estamos en una emergencia nacional”.

No sé si el maestro Sicilia será empleado y lo creo incapaz de decir mentiras viles o hacer cualquier vileza.

Pero tampoco sé cómo Calderón, Medina y todo el universo político-burocrático pueden ser tan corruptos y tan limitados: nos ven cara de pendejos a 110 millones de mexicanos. Sí, hay muchos: si vuelan, no veremos la luz del sol en muchos días.

Sin embargo, ni son todos los que están ni están todos los que son.

Sería mucho pedirles a Medina y sus muchachos que lean los discursos de Lincoln.

Dijo aquel gigante, amigo y aliado de don Benito Juárez:

“Es posible engañar a una parte del pueblo todo el tiempo,
o engañar a todo el pueblo durante un corto tiempo.
Lo que es imposible es engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.
Se deschongan Medina y los ipecos
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