De la paz a la tragedia

El multihomicida noruego Anders Behring Breivik tiene como abogado defensor a Geir Lippestad, militante del Partido Laborista, formación política a la que el acusado de terrorismo y actos contra la humanidad aborrece con todas las fuerzas de su alma.

Lippestad nos está dando una lección de profesionalismo y tolerancia. Obviamente, no siente ninguna simpatía hacia Breivik, pero es abogado y su tarea consiste en defender a su cliente.

Lo más irónico es que el matón fascista pidió a Lippestad como su defensor sin conocer su filiación política.

El hombre de 32 años que conmovió al mundo y enlutó a Noruega está en confinamiento solitario. Sólo Lippestad tiene derecho de hablar con él.

Y al salir de una de estas entrevistas, el abogado comentó que su defenso le dijo que el ataque había sido dirigido contra el Partido Laborista.

No contra los musulmanes ni los marxistas.

La matanza, habría dicho Breivik, fue “un castigo a la socialdemocracia”. El partido traicionó a Noruega “importando musulmanes”.

Anders Behring Breivik Vaya, condena la más sucia de las alevosías un fascista, hijo ideológico del viejo Vidkum Quisling, quien fue arrojado al basurero de la Historia como el hombre-símbolo de traición a la patria al abrir las puertas de las defensas de Noruega a los nazis para luego colaborar con ellos en el aparato de ocupación.

Pero de eso nos ocuparemos luego. De momento, hay varias inquietudes.

La más importante: ¿por qué la policía tardó más de una hora en llegar a la isla de Utoya si los helicópteros de los canales de TV de Oslo comenzaron a sobrevolar el islote a los pocos minutos de iniciada la matanza?

Desde luego, la gendarmería noruega tiene helicópteros y aviones. Y El ejército, la Armada y la Fuerza Aérea disponen de unidades de comandos paracaidistas.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Cómo es posible que la TV llegue al campo de sangre cincuenta minutos o algo así antes que la policía?

Y todavía el ministro de Justicia, Knut Storberget, declaró que el comportamiento de las fuerzas civiles de seguridad fue “fantástico”.

Recordemos que el primer ataque fue con explosivos en el barrio donde están las oficinas del gobierno.

Si el propósito era descabezar al Estado, el terrorista o los terroristas fracasaron.

Minutos después comenzó el tableteo de las metralletas.

La operación, por así llamarla, no se improvisó. Fue algo desgraciadamente bien organizado. Lo más probable es que nunca sabremos quiénes fueron los autores intelectuales de los atentados y qué propósitos perseguían.

Y esto nos lleva a la segunda pregunta. ¿Tuvo cómplices Breivik?

En principio, independientemente de cuán favorables fueran las circunstancias para el asesino, resulta difícil creer que un hombre solo matara a tantas personas.

Breivik dijo primero que participaron en la matanza dos células noruegas y otras –no precisó número– del extranjero.
Hay que recordar que había unas 600 personas en la isla, en el festejo del Partido Laborista.

Durante casi una hora, llovió acero sobre los socialdemócratas mientras, al parecer, la policía se abotonaba las camisas y anudaba los cordones de las botas.

Christian Hatlo, fiscal de la gendarmería, expresó que en Europa existe una red de organizaciones fascistas. No tenía por qué decirlo, pero estos grupos también los encontramos sobre todo en Estados Unidos, igual que en el mundo entero.

Breivik tenía una relación especial con el English Defence (los ingleses la escriben con “c”) Group: una entidad de racismo violento que procura expulsar a los asiáticos y africanos para que “Inglaterra sea blanca”.

Lippestad dice que su cliente es un hombre desequilibrado: siente que está viviendo una guerra en la que todo se vale, y “vaticina” que dentro de 60 años el mundo “me entenderá”.

El halcón con sangre en el pico y las garras dijo no estar arrepentido de nada: en la guerra, como en la guerra.
Y los enemigos a combatir en esta contienda con los marxistas, los musulmanes y los laboristas.

Tercera duda: ¿es tan fácil en Noruega conseguir por lo menos un uniforme de policía –los explosivos supuestamente los fabricó en su granja, a 100 kilómetros de Oslo, a partir de seis toneladas de fertilizante que había comprado–, armas modernas y abundante munición?

Estos países escandinavos tienen una vocación de paz, de solidaridad, de respeto al “otro”. Las cuatro naciones son ricas y sus pueblos tienen garantizado el bienestar, la educación, la salud y hasta el entierro o la cremación.

Y pasa esto.

Confucio escribió:

“Si los hombres con canas pueden cubrirse con vestidos de seda y comer carne, si los jóvenes de negros cabellos dejan de padecer hambre y frío, la vida del reino será próspera. No ha existido ni un solo príncipe que obrando así haya dejado de alcanzar autoridad sobre su pueblo”.

El sabio chino se equivocó. En las entrañas de la sociedad opulenta circula el veneno del odio. Confucio no tomó en cuenta que al ser humano, en ocasiones, le gusta hundirse en pantanos de cieno y sangre.

Las legiones del odio
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