El mundo al revés

El rito mortuorio se cumplió de manera plena una vez más con todo y la columna a la Independencia convertida en una enorme ofrenda. La ocasión de los fieles difuntos (y los infieles también) fue oportunidad para repetir las costumbres mexicanas más o menos contaminadas por los extranjerismos y pachangas sin sentido.

Felipe Calderón en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad PúblicaPero en esta festividad hallamos, si hurgamos más al fondo, una de las muchas raíces de nuestra contradicción esencial. Los mexicanos, palabras más o palabras menos, habitamos en el Mictlán del absurdo. Todo en este país está muerto y de cabeza.

Si el lector me lo permite quiero poner dos ejemplos.

El primero y más dramático ocurrió en la reunión de principios de semana con los gobernadores integrantes del Consejo de Seguridad Pública.

El presidente de la República, entre otras cosas, les propuso a los gobiernos de los estados un compromiso: entregar para mayo una evaluación suficiente de sus cuerpos policiacos. Así lo dijo:

“Quiero referirme a la importancia de avanzar a paso cada vez más veloz en la evaluación de las corporaciones policiacas y ministeriales.

“Hemos respondido, con el apoyo de Fuerzas Federales, a las peticiones de auxilio de las entidades federativas. Pero esto no es, ni puede verse como una solución de fondo o de largo plazo.

“Es indispensable acelerar el paso en la depuración y profesionalización de todo el personal policial y ministerial, comenzando por los altos mandos y los mandos medios,

“Yo reitero mi exhorto, y a la vez refrendo el apoyo de la Federación, para que la evaluación de mandos medios y superiores, y por lo menos la mitad de los elementos operativos estatales y municipales, se complete a más tardar en mayo del próximo año”.

Eso fue suficiente para desatar las furias. Quien más quien menos pero los virreyes de la nueva democracia mexicana, hábiles y diligentes cuando se trata de cabildear los presupuestos en San Lázaro y mover a sus diputados como piezas del ajedrez financiero, pusieron el grito en el cielo: no se puede, no se puede, gritaban como chachalacas.


Lo notable es la naturaleza de la negativa. No les estaban pidiendo un plazo de de siete meses para acabar con el delito o los atropellos en sus estados. No les dijeron, señores, acaben con la delincuencia. No les pidieron exterminar a “los malos” ni construir la muralla china. No.

Les estaban solicitando profesionalismo ejecutivo para evaluar a sus genízaros, cuicos o ministeriales. Es decir, les estaba pidiendo desbaratar sus mafias.

Y alegaron falta de tiempo, complejidad, dificultad extrema para algo tan sencillo como saber dónde roba cada quién.

Si para esto no hay tiempo (cinco años después de iniciada la guerra contra el crimen),  entonces, como diría mi amigo el señor licenciado Brozo, ¿para qué tienen tiempo estos huevones?

Y al final todo se fue, como siempre, en agua de borrajas: el presidente se dejó llevar por la diplomacia y culminó la reunión de manera condescendiente:

“Entonces, cada estado presenta en diciembre cómo va a ser su próximo año para llegar a la meta de tener policía confiable y, por la otra, que en ese lapso se presente la propuesta, recogiendo lo que se ha comentado hoy aquí, tanto por el Secretario García Luna, como por el gobernador de Guanajuato, que haya un régimen o un requisito de control de confianza acordes con el nivel de responsabilidad.

“Evidentemente, quien tenga el mando requiere, también, el máximo rigor en control de confianza y quien tiene un puesto operativo de cero responsabilidad o de muy poca, tendrá obviamente mucho menos, pero creo que eso más vale definirlo técnicamente y que la Secretaría haga un estudio cuidadoso de qué es lo que conviene, finalmente, a estos propósitos”.

O sea, nada. Como de costumbre.


Y el otro ejemplo: en lugar de preocuparse por los vivos y cuidarlos para no abandonar esa condición; los movimientos civiles, como el de Javier Sicilia piden un “memorial” para los muertos y una redefinición del nombre de la procuraduría en cuya sugerida denominación se impliquen las violaciones a los derechos humanos.

Importaría más su eficacia y menos su invocación. Si son víctimas del delito o de la violencia. Esos son matices. El problema es su utilidad o su inutilidad.

Bien.

Pero ¿no deberíamos preocuparnos más por impedir más muertes en lugar de recordar a los difuntos con una “Estela de sombra” en Chapultepec (otra mutilación al bosque), como pide el poeta?


LUJAMBIO

Esta columna ofrece sus sinceros deseos por la pronta recuperación del secretario de Educación, Alonso Lujambio, quien como es del conocimiento público ha sufrido serios quebrantos de salud.

Habitando en el Mictlán del absurdo
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