Las desapariciones forzadas siguen

 Hermana Consuelo MoralesEn México, la desaparición forzada de seres humanos no está tipificada como delito. Es una grave omisión, no un simple tecnicismo jurídico o legal. En base a que no hay acto ilícito que perseguir, la burocracia judicial, en ocasiones, simplemente archiva la denuncia como “persona extraviada”.

El desaliño, la indiferencia o la complicidad de los legisladores beneficia al crimen organizado, dice la Hermana Consuelo Morales, directora de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, CADHAC, entidad que orienta, estimula y respalda a familiares de desaparecidos.

La religiosa hace saber que, al momento, CADHAC tiene en sus archivos 107 casos de personas que fueron capturadas por los sicarios o criminales del orden común.

Lo lamentable, agrega, es que agentes del gobierno –policías preventivos, judiciales, soldados, marinos– son responsables del 35 por ciento de estos secuestros.

Hijos, esposos, padres. ¿Dónde están, quién sabe de ellos?

CADHAC, añade, tiene documentadas 28 de estas desapariciones y el procurador de Nuevo León, Adrián de la Garza, se ha comprometido a llevar las investigaciones hasta sus últimas consecuencias.

Human Rights Watch, organización que en más de noventa países promueve la defensa de los derechos humanos, reconoció la labor de la Hermana Consuelo al otorgarle el Premio Alison des Forges por Activismo Extraordinario.

La religiosa –pertenece a la Congregación de Nuestra Señora Canóniga de San Agustín– viajó a Estados Unidos para recibir la presa que, simultáneamente, será entregada a activistas distinguidos en Egipto, Túnez, Indonesia, Zimbawe, Rusia e Irán.

La directora de CADHAC comenta que en 1992 inició su lucha a favor del respeto a los derechos y dignidad del ser humano.

Ella siente que simplemente cumple con su deber como cristiana. Es una manifestación de congruencia entre la fe y la responsabilidad social.

Así, dice, cumple con las enseñanzas “del Señor Jesucristo”.

La Iglesia católica –su Iglesia– responde a los esfuerzos de CADHAC. Con el gobierno existe una relación de respeto.

Pero no hay comunicación con los militares. Los soldados y marinos, manifiesta, “son víctimas de una decisión errónea que los pone en una situación delicada y peligrosa y, además, nos hace daño”.

Nuevo León, recuerda la Hermana Consuelo, fue ejemplo en el respeto a los derechos humanos. Ya no.

La impunidad y la corrupción han alcanzando niveles muy altos. Es muy difícil avanzar, “pero ahí vamos”.

La escalada de la violencia obligó a las mujeres nuevoleonesas a encabezar la lucha por saber de sus seres amados desaparecidos.

Valientes, tenaces, comprometidas: aprenden a investigar, a hacer gestiones. Llevan al cabo cosas que pensaban que nunca podrían hacer.

El dolor las acoraza contra el desánimo. No se rinden y cada día son más.

Saben que luchan contra fuerzas oscuras y poderosas, pero se secan las lágrimas y siguen peleando. No van a bajar la bandera.

“Trabajamos con nuestros hermanos, por nuestros hermanos”, dice la Hermana Consuelo.

...En busca del hijo perdido
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