Frío, búsqueda y desamor

Una pareja que huye hacia el bosque frío, una detective, un marido despechado, un lobo, una serie de pobladores misteriosos. Todo en el entorno de la taiga, una región lejana en geografía y conocimiento habitual.

La escritora Cristina Rivera Garza decidió ubicar su más reciente novela El mal de la taiga (Editorial Tusquets), en esta zona boscosa húmeda y fría, localizable en Alaska y al norte de Rusia y Canadá.

El mal de la taiga no solamente es un nombre de ficción para su obra, comenta la autora en entrevista telefónica, sino que es un síndrome real que describe a personas que tratando de escapar de esta región, se desorientan y terminan dando vueltas en círculo; a veces mueren de hipotermia, a veces de angustia.

Esa geografía y condiciones encajaban en la historia que tenía en mente la autora originaria de Matamoros, con domicilio actual en Tijuana/San Diego.

“Yo creo que esa descripción retrata muy bien, por una parte, la manera cómo la idea estuvo dando vueltas en mi cabeza mucho tiempo, y por otra parte la actitud de al menos dos personajes de esta novela, que sin saberlo bien a bien el por qué, deciden alejarse de los lugares conocidos y adentrarse al mismo tiempo en los confines de sí mismos, en las partes más desconocidas de sí mismos, tal vez las más básicas”.

En su historia de sólo 119 páginas, Rivera Garza echa mano por momentos de fábulas clásicas como Hansel y Gretel o El lobo feroz para tejer una historia de desamor, encuentros y desencuentros: una especie de cuento de hadas poco convencional. Es común leer o escuchar comentarios sobre el rigor en la escritura de la autora.

“No abusa de los acuerdos ya existentes entre el narrador y el lector: intenta crear su propio pacto, demanda una nueva disposición de los lectores”, señala, por ejemplo, Rafael Lemus (Letras Libres, agosto de 2011) al reseñar Verde shangai, su novela previa. Y, ciertamente, su narrativa requiere una lectura minuciosa que a veces obliga a releer el párrafo, regresar la página, reflexionar sobre lo leído. No es una autora fácil, pues.

“Siempre he creído que la lectura es una especie de comunión”, explica la escritora. “Yo creo que cada tipo de escritura va buscando a su lector. Hay gente que se puede acercar y una vez que se han aceptado ciertos trazos, cierto contrato de lectura, pues lo que nos toca es seguir adelante”.

Rivera Garza precisa que es posible encontrar diferencias en todas sus obras. En El mal de la taiga, ejemplifica, hay cambios respecto a sus obras previas como en el manejo de la velocidad, en cómo va avanzando la anécdota en la trama, en el despliegue del texto sobre la página, la utilización de las imágenes.

“Tiene que ver con la utilización de ciertas herramientas. Cumpliendo con eso, el libro ofrece más cuerdas de las cuales se puedan ir agarrando para que puedan entrar”, dice.

El mal de la taiga cuenta con una serie de ilustraciones del español Carlos Maiques, que se entrelazan en las páginas y recrean sus atmósferas; además, al final, la autora recomienda un playlist para acompañar la lectura de la novela, música de Asphex Twin, Foals, Juk Juk, Mira Calix, Lisa Gerrard y Hauschka, entre varios otros, ambientarán, si se acepta la propuesta, la historia.

Este modelo interactivo, quizá no sorprenda a quienes estén al tanto de la carrera de la escritora, siempre pendiente de las redes sociales y nuevas tecnologías y promotora de modelos de escritura vanguardistas. ¿Los elementos extra son reflejo de ello?

“Me gustaría pensar que la taiga tiene muchas puertas, muchas veredas por las cuales puedes entrar y creo ésas son posibilidades de esas aperturas. La invitación es a perdernos allí dentro y lo que nos lleva de la mano es un cierto ritmo de lenguaje, un cierto galopar que está muy pegado al de la música, y está el trazo como tal y por supuesto un texto que trata de mantenerse a la velocidad de todo lo que está aconteciendo.

"Yo creo que esa velocidad tiene mucho que ver con la velocidad en que vivimos hoy con la tecnología digital. En el libro no hay Internet, no hay Facebook, no hay Twitter. No hay ni siquiera electricidad. Pero en términos de cómo va avanzando el texto en cada página, creo que es donde está la presencia de lo que es el mundo hoy, aquí, ahora”, comenta.

'El mal de la taiga'
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