Un informe negro y triste

José María Pérez Gay era una figura intelectual muy respetada en el país por su recorrido como escritor, académico, traductor y diplomático. En mayo de 2013, a los 69 años, falleció víctima de una enfermedad neurodegenerativa –parecida a la esclerosis múltiple- que fue deteriorando su salud paulatinamente.

Tras su muerte, su hermano Rafael (escritor, periodista, promotor de la lectura, catorce años menor que José María) decidió recordar la relación filial y el desgastante proceso de su enfermedad en El cerebro de mi hermano (Seix Barral, 2013).

El libro cosechó reseñas positivas en forma unánime, agotó su primer tiraje a un mes de su publicación y obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 2014. Es un texto conmovedor que reflexiona sobre la vida, la enfermedad, la muerte y la amistad más allá de los lazos y rupturas familiares.

El cerebro de mi hermano se presenta este miércoles 28 de mayo, a las 19 horas, en el Patio Ala Sur del Colegio Civil, dentro de las actividades del Festival Alfonsino UANL 2014. La entrada es libre.

A continuación una entrevista con el autor.

¿Por qué documentar el proceso de la enfermedad de tu hermano?
En El cerebro de mi hermano cuento la historia de los últimos años y los últimos días de mi hermano, el escritor José María Pérez Gay. Cuando un integrante de la familia se enferma, la familia también en casi todos los casos -supongo yo, en mi caso así fue- transita por el pasillo oscuro de la enfermedad.
Ahora que te digo esto, me acuerdo de algo que escribí en uno de los pasajes del libro. Susan Sontag decía que cuando nacemos a todos se nos otorgan dos pasaportes: uno para transitar por el mundo de la vida sana y otro para transitar por el mundo de la enfermedad. Y yo agrego que la etapa de ese pasaporte es negra como la noche. Una noche dentro de la noche que es el cerebro a oscuras por el que transitó mi hermano durante algún tiempo.

En el caso de las enfermedades prolongadas el sufrimiento es tanto –para enfermo y pacientes- que a veces la muerte se convierte en un alivio…
La desaparición de un ser querido es el momento más duro, y aunque esa enfermedad haya sido larga y penosa no podría llamarle un alivio, pero sí la certeza de que es un paso que tenía que llegar para evitar el sufrimiento. La verdad es que la muerte es un hecho muy duro, cruel y definitivo que retrata también a la vida.
No podríamos vivir todas las cosas magníficas que pueden vivirse en la vida y en el camino hacia la tumba si no tuviéramos idea de que esos días están contados. De modo que esos días contados un día llegan a su fin y la gente que rodea a la persona que ha enfermado considera muchas veces –o debería considerar- que es injusto retener a alguien en esta vida cuando ya no es vida.

Cuéntame del distanciamiento que tuvieron. La política los separó.
Fue muy cercano a Andrés López Obrador e hizo campaña y política activa para las elecciones de 2006. Y yo consideraba que él estaba más dotado para el salón de clases, para el aula y la reflexión literaria y filosófica que para la política activa, el templete, la arenga en el estrado, el estandarte y así se lo hice saber en su momento. Curiosamente en ese mismo año a mí me tocó cubrir para el periódico El Universal parte de las campañas. Y como digo en este libro, fui todo lo crítico que pude ser con una izquierda que a mí me sigue pareciendo autoritaria, dogmática, mala perdedora. Él y yo hablamos muchas veces de esto y en algún momento decidimos zanjar las diferencias y volver a nuestra hermandad literaria. Y volvimos, pero era demasiado tarde: ya la enfermedad se había interpuesto entre nosotros. Y sobre todo entre él y su mundo, entre él y sus pasiones literarias, entre él y su mujer, entre él y sus hijos. Ya era tarde, la enfermedad avanzaba. En algún momento del libro yo cito a Flaubert que dice: “uno tiene que estar a la altura de su destino”. Durante mucho tiempo, en mi juventud, la palabra destino no me decía nada. En mis años maduros me dice más cosas y sé decirte que el destino es lo que está ocurriendo hoy, aquí. Tú y yo hablando en este momento, es parte del destino.

¿El revés de López Obrador incidió en sus problemas de salud?
No, para nada. Fue solamente una coincidencia. Era una enfermedad que había larvado muchos años atrás. Era una enfermedad que nadie pudo ver: me refiero a todos, a él, a su familia, a los médicos.


¿Qué piensa Lilia Rosbach, la mujer de tu hermano, del libro?
Lilia Rosbach, que fue la pareja de mi hermano de toda la vida, por decirlo así, lo leyó antes de que apareciera publicado y no sólo eso, el libro está dedicado a ella. Fue una sombra que no se despegó nunca de mi hermano durante su enfermedad; tanto que ella misma, yo digo, cargaba con una sombra para ayudarlo a transitar por los momentos más difíciles.
Y sí, leyó este informe negro –como podemos llamarle- y le pareció en términos generales lo que es: un reconocimiento, un retrato de familia, un retrato de una hermandad, un retrato de una amistad literaria. Fíjate bien que digo retrato y no homenaje, porque la palabra homenaje, suena como muy grande, muy pesada. En cambio la palabra retrato de una hermandad me parece más justa y exacta.

¿Pero te hizo alguna observación? Finalmente hay rasgos íntimos de tu hermano que están expuestos…
Ella fue muy generosa. Algunas partes le habrán parecido más cercanas a lo que era la personalidad de mi hermano que otras, pero yo no quise hacer una geografía, ni quise hacer un retrato perfecto de él porque ninguna vida lo es así. Yo digo en alguna parte del libro que no todas las zonas de sombra de un ser querido deben ser comprendidas. Y nosotros deberíamos aprender a vivir con eso: hay zonas de sombra y hay zonas de luz. Y cada quien recuerda de un modo distinto. Yo recuerdo, así, tal y como están en estas breves páginas, a mi hermano.
Lilia me llamó una noche, ya muy noche, como a las dos de la mañana y me dijo: ‘ya lo leí, es muy triste y me parece que sí recuperas lo que yo viví muy de cerca: la amistad literaria entre ustedes durante muchos muchos años.

No es el primer informe que haces de tu familia. ‘Nos acompañan los muertos’ es un retrato de tus padres. ¿Qué diferencia habría entre ambos libros?
La pregunta es muy buena, porque en realidad El cerebro de mi hermano, viene a ser una secuela de Nos acompañan los muertos, que es el informe de mis padres viejos, dos sombras que avanzan hacia la nada, dos sombras que se pierden; de la recuperación de su juventud, de su memoria y de la Ciudad de México, que es el lugar donde ellos vivieron buena parte de su vida. Yo pagaría por no haber escrito el libro sobre mi hermano, te lo digo de verdad, pero en ese sentido se convirtió en una secuela. Yo estaba escribiendo una novela durante los días de la enfermedad de mi hermano, cuando me di cuenta de que tenía un deber moral y un deber literario, el de sacar adelante la historia de El cerebro de mi hermano. Ahora lo veo como una especie de secuela, un capítulo más en la línea de las pérdidas, en la línea de la ausencia, de la enfermedad y la muerte.

Quienes hemos sufrido alguna pérdida tras un proceso de enfermedad largo nos identificamos mucho con lo que pasaste. El libro funciona como espejo…
Después de la muerte de mi hermano, por una casualidad, tomé el libro de la poesía completa de Borges y en la entrada dice: “Quiero hacer una confesión, a un tiempo íntima y general, porque lo que le pasa a un hombre le pasa a todos los hombres...”. Yo sentí que era una liberación para finalmente darle salida a este informe negro. Y al final yo aspiraría a que los nombres quedaran casi atrás, casi borrados, para que pudiera leerse justo como la historia de dos hermanos, uno de los cuales enferma gravemente y al final desaparece. Es una ceremonia del adiós y un relato que trata de explorar y estudiar la enfermedad y la muerte. Esos dos momentos que nadie podrá evitar durante la vida.

Al final del libro regresas a tu infancia, así lo recuerdas...
A pesar de la diferencia de edades, cuando él tenía 21 años, yo tenía siete años, jugábamos a las luchas. En algún lugar, siempre, vamos a seguir siendo esos dos enmascarados.Pérez Gay presenta  'El cerebro de mi hermano'
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