Charlará con sus lectores regiomontanos

Sergio Ramírez (Nicaragua, 1942) es un escritor poco convencional. De entrada, no hay muchos autores que en el currículum registren el haber sido vicepresidente de su país. Además, goza la simpatía de figuras de renombre en el gremio de la literatura de varias generaciones, y es amable, sencillo y amistoso.

Empezó a escribir muy joven, pero dejó la narrativa para integrarse a la oposición de su país contra la dictadura de Anastasio Somoza. Tras el derrocamiento del mandatario en 1979, ocupó algunos cargos oficiales y alcanzó la vicepresidencia de 1985 a 1990.

En el plano literario ha publicado más de 35 libros (entre novela, cuento, relato y ensayo). Ganó –junto a Eliseo Alberto- el primer Premio Alfaguara de Novela en 1998 y luego de otros múltiples reconocimientos en Iberoamérica y Francia, en noviembre de 2014 obtuvo en México el premio Carlos Fuentes a la creación literaria en lengua española (dotado con 250 mil dólares).

Actualmente promueve bajo el sello Alfaguara Juan de Juanes (relatos donde se ocupa, como dice el subtítulo de ‘Escritores, editores, agentes literarios y otras glorias y calamidades’) y Sara, novela publicada hace algunas semanas.

El escritor sostendrá en un encuentro con los lectores este lunes 25 de mayo en el Patio Ala Sur del Colegio Civil, como parte de las actividades del Festival Alfonsino 2015. Será a las 19 horas; la entrada es libre.

El Festival Alfonsino arrancó el 17 de mayo y finalizará el último día del mes. Se puede consultar el calendario completo del resto de eventos aquí:  http://arteycultura.uanl.mx/festival-alfonsino-2015/

Vía telefónica, desde su oficina en Managua, el escritor concedió una entrevista previo a su visita a Monterrey.

¿Qué representa para usted visitar la Ciudad en el Festival Alfonsino? Usted ha dicho que es un lector constante de la obra de Alfonso Reyes.
Don Alfonso era uno de los grandes prosistas de la lengua. Un escritor realmente asombroso por todos los géneros que cubrió: cuento, poesía, crónicas de cocina (que me fascinan)… Tenía una gran erudición, un sentido del humor –que se puede leer en sus cartas. He sido un lector devoto de Don Alfonso y estoy muy satisfecho de que un nicaragüense discípulo suyo, Ernesto Mejía Sánchez, haya sido quien reunió sus obras completas, por lo menos hasta el tomo 20.

En ‘Juan de Juanes’aparecen figuras literarias que ya murieron muy importantes con las que tenía relación: Cortázar, Saramago, Carlos Fuentes, y al momento de escribirlo todavía no fallecía García Márquez. ¿Cómo los recuerda; qué pesa más en usted, su recuerdo o su ausencia?
Siento que he sido una especie de bisagra entre la generación del boom y las nuevas generaciones y me ha tocado conocer y he estado a ambos lados del puente. Tuve la gran suerte de ser amigo y discípulo y lector de Fuentes, de Vargas Llosa, Gabo, Cortázar. Y luego encontrarme con la siguiente generación. Y de los dos lados puedo colocar recuerdos muy entrañables, de alegría por lo bien que me llevé con los viejos, nunca hubo una ruptura generacional o un enfrentamiento con ellos.

MuchachaEn el libro estas figuras aparecen de una forma muy íntima, amistosos entre sí, incluso…
Tuve la suerte de encontrarme individualmente con cada uno de ellos. Lamento mucho hablar poco de Álvaro Mutis, siento que me tuvo un gran cariño, cuento cómo nos conocimos, cuando él venía a cobrar deudas de películas a Nicaragua, pero no teníamos con qué pagar nada y ahí nos hicimos muy amigos. Mi amistad con Álvaro fue fundamental, fue como una puerta que se me abría en México. Y mi amistad con los demás escritores fue cultivada a lo largo de muchísimos años. Yo llegué por primera vez a México en el año 65. Llegué a recibir una mención honorífica a un premio literario y me la entregó Don Agustín Yáñez, que era ministro de Educación. De manera que desde entonces yo comienzo este recorrido por las librerías de México que es donde conocí los libros de Fuentes, de Salvador Elizondo, de José Agustín. Y comencé a conocer toda esa nueva literatura. Tuve la dicha de conocer para entonces a Don Joaquín Díez-Canedo, que era el director de Joaquín Mortiz y publicó mi primer libro en México y siento que también me tuvo un gran cariño siendo mi primer editor.

En 'Juan de Juanes' se advierte que su cercanía con varios de estos autores está marcada por la política…
Puedo decir que algunos entraron en mi vida por la política, como es el caso de Gabo. Yo me encontré con Gabo porque fui a buscar su apoyo en la lucha contra Somoza y me lo dio de inmediato y de ahí pasamos a una amistad literaria. Hablábamos de política, pero (también) hablábamos de miles de temas: letras de boleros o de tangos, poesías que ambos decíamos de memoria, listados de libros que nos pasábamos para leer. Conocí muchos escritores gracias a Gabo. Siento que si yo he conocido a Alfonso Reyes hubiera sido lo mismo, este tipo de amistad de temas variados, no una amistad profesoral, de seriedad académica, que me parece que no hubiera sido atractiva; de contar bromas, de decir chistes, de poder amanecer platicando alrededor de una mesa.

¿Cree que las nuevas generaciones de escritores participan con el mismo interés en la política?
Estamos viviendo tiempos diferentes. Siento que en México siempre hay un hervor por la situación política tan compleja. Los escritores de las nuevas generaciones yo siento que tienen una preocupación por lo que ocurre en México, pero quizá no hay estos alineamientos que hubo en los años sesenta, porque había fenómenos que fueron parteaguas que ahora no existen, como la Revolución cubana. La inmensa mayoría de los escritores –incluyendo a Vargas Llosa y García Márquez- estaban del lado de la Revolución cubana. Después vino el ‘Caso Padilla’, hubo contradicciones y separaciones, pero cuando yo empecé a mirar todos tenían una identidad política. Ahora no hay identidades políticas de ese tipo, digamos, internacionales. El mundo cambió a partir de la caída del socialismo real. Los ideales de los gobiernos socialistas se evaporaron.

¿Cómo ve desde Nicaragua la situación reciente de México?
Yo lo veo como una situación muy compleja y lo entiendo bien porque vengo de una región compleja como es Centroamérica. Hoy mismo, los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador han decidido la mano dura en contra de las pandillas juveniles. Yo veo eso como un fracaso anunciado: la represión a este tipo de fenómenos ha probado que siempre es un fracaso y multiplica los enfrentamientos. Es lo que ha pasado en México y tenemos distintas pruebas. Yo creo que en estas situaciones complejas nos sigue haciendo falta un criterio nacional; que haya una filosofía de estado sobre estos asuntos que pueda ser acompañada por la sociedad. Es lo que siento que falta en México hoy en día.

Según su experiencia, ¿cree que la situación pueda cambiar?
Soy muy optimista. Creo que en México hay un progreso constante de los factores democráticos, no sólo en la participación política institucional sino en que la gente sale a la calle y se expresa, eso me parece que es muy saludable en una sociedad: que pueda enfrentar estos fenómenos del narcotráfico, de la corrupción; salir a la calle y protestar. Una sociedad que no vive en una atmósfera crítica me parece que no encuentra salida.
 Sergio Ramírez en diálogo
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