Presentan libros sobre Ayotzinapa

Sergio González Rodríguez y Esteban Illades presentan sus investigaciones sobre los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa
 
La noche del 26 de septiembre del año pasado, 43 estudiantes de una normal rural desaparecieron en Iguala tras enfrentarse con la policía municipal.
El episodio, uno de los más indignantes de la época reciente en México, aún está sin resolverse del todo, y los padres de los jóvenes continúan su búsqueda ante una “verdad histórica” que deja muchas dudas.
La tragedia ha generado diversas investigaciones y reportajes periodísticos que han derivado en varios libros. Los autores de dos de ellos, Sergio González Rodríguez y Esteban Illades, hablaron por separado para La Rocka de sus textos, los cuales fueron presentados en la pasada Feria Internacional del Libro de Monterrey.
 
 
Sergio González Rodríguez - Los 43 de Iguala (Anagrama)
 
Sergio González Rodríguez (Ciudad de México, 1950) es investigador, periodista cultural y escritor. Ha publicado, entre narrativa de ficción y periodismo, más de una docena de libros, de los cuales destacan Huesos en el desierto (sobre los feminicidios en Ciudad Juárez)  y Campo de guerra, Premio Anagrama de Ensayo 2014.
 
Los 43 de IgualaEl de la violencia es un tema que has manejado en varios de tus libros previos e incluso ya habías denunciado lo que ocurre en Guerrero...
Hay situaciones que llevan al menos medio siglo instaladas en Guerrero que tienen que ver con el crecimiento de la guerrilla insurgente, el factor del crimen organizado y el narcotráfico, que van entrelazados; la participación de fuerzas armadas y policías en acciones de contrainsurgencia y también de persecución al narcotráfico. Y es una trama complicada que ha crecido. Guerrero es un estado muy rico en producción agropecuaria y minera. De manera que hay muchos intereses ahí de tipo geopolítico también. El gobierno de Estados Unidos participa en esto de varias maneras, por lo que yo he llamado a hacer una lectura geopolítica del fenómeno y no circunscribir el episodio terrible, atroz, de hace un año, a un asunto de nota roja donde están planteados ‘buenos y malos’. Yo lo que quería, y espero haber logrado -los lectores juzgarán-, es una visión de diversos niveles, múltiple, más completa de todo este suceso.
 
 
En tu investigación señalas que detrás de estos jóvenes hubo un mando, una dirección que los llevó ahí…
Es una zona de riesgo muy grande cuando te enfrentas cotidianamente a policías municipales, estatales y federales y también a fuerzas armadas como el Ejército o la Marina. Por eso no estoy de acuerdo en poner en riesgo a muchachos cuando las fuerzas armadas y las policías llevan armas de fuego, están adiestrados para reprimir y los muchachos llevan palos, piedras y gritos; esta disparidad tenemos que razonarla también porque hay un enorme riesgo. Yo no dudo que estos muchachos tenían desde luego la voluntad y el optimismo de participar libremente, pero había una zona de disciplina con sus líderes que no nos han querido explicar. Tenemos que saber cómo fue la operación realmente y a fondo. Para qué y por qué fue ordenado que en lugar de que se condujeran a la ciudad de México, directamente, pasaran por Iguala. Creo que hay muchas zonas que tienen que ser esclarecidas de cara a la ciudadanía.
 
 
En el libro mencionas, también, la participación de la CIA en esta trama.
Hay agencias norteamericanas operando en Guerrero desde hace mucho tiempo. Y esto es importante, tenemos que conocerlo; pedir a las autoridades mexicanas que nos expliquen bajo qué condiciones. Sabemos que hay un acuerdo para la seguridad y la prosperidad que se firmó en 2005, que es una vinculación con el Tratado de Libre Comercio, es un acuerdo bajo los lineamientos de seguridad nacional de Estados Unidos en el mundo. El acuerdo no pasó -como lo manda la Constitución- por el Senado, fue un acuerdo ejecutivo, entre el presidente de México y el de Estados Unidos. Y los efectos de esto han sido brutales, devastadores para el país, lo que estamos viendo. Recordemos que antes de estos convenios no existía ese índice  de violencia en nuestro país. No existía la violencia salvaje que hemos visto. No existía la inseguridad y el generalizado impacto del crimen organizado. Todos estos hechos que mencionamos han traído la erosión de las instituciones y esto no se ha contemplado en su dimensión amplia. Se nos suele decir: “el crimen organizado creció y entonces decidimos perseguirlo”. Y no: es un asunto mucho más complejo. En el libro explico por qué es más complejo.
 
 
¿Hay una solución a este caso? Es decir, las familias de los desaparecidos tienen la esperanza que aparezcan vivos y la sociedad quisiera que cayera alguien de peso para respaldar lo de “fue el Estado”.
Es un asunto complicado. La investigación oficial nos dice que aconteció algo con esos muchachos y le denominan ‘verdad histórica’, que no es sino la idea de que fueron secuestrados, en el trayecto los mataron y algunos murieron llegando a un basurero en Cocula y ahí fueron incinerados sus restos. Sin embargo, como ya demostró un grupo de expertos internacionales, no hay ninguna evidencia sólida para avalar esa hipótesis. Ese es el gran problema.
Estamos frente a un caso, en términos de derecho, en que las personas están desaparecidas; el estatus es de desaparecido: implica que no están muertos legalmente. Mientras no se resuelva ese problema, las familias de las víctimas buscan que haya una respuesta a esa pregunta: “¿Si no están desaparecidos por qué no me das evidencia de que estén muertos?” Así puede prolongarse mucho tiempo. Ha habido una reticencia por parte del gobierno, de la investigación de  la PGR, a darle respaldo a acusaciones en el marco del delito de desaparición forzada. La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad, que está considerado por la Corte Penal Internacional, de manera que es son delitos que no desaparecen, ahí van a estar siempre y la autoridad mexicana ha preferido no introducir esta posible acusación, esa presunción, para no complicar el proceso, sino simplemente dejarlo: “los incineraron, no hay restos porque fueron completamente destruidos y ustedes váyanse a su casa a llorarles”. Eso es lo que no aceptan las familias de las víctimas; y, desde luego, la sociedad tampoco. Mientras no haya evidencias reales, concretas, tangibles de que realmente así ocurrió, o aparezcan otras evidencias al respecto, las familias dicen “no acepto su versión”.
 
 
 
Luego de tantos años de investigar el tema, ¿qué reflexión te deja el incremento de la violencia, no sólo a nivel nacional sino mundial?
Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a la normalización de la violencia, que es un concepto que propuse desde que estaba investigando el feminicidio en Ciudad Juárez, y esto ha proseguido por desgracia, es una cosa increíble.
En parte por la cultura de la violencia a nivel de espectáculo: en narrativas fílmicas, literarias, periodísticas o en redes sociales (en videos muy cruentos de decapitaciones y crueldades sin límite por el crimen organizado o por grupos fundamentalistas de tipo musulmán y sus contrapartes), hay este exceso de violencia al que la gente tiende a acostumbrarse, con un velo de amnesia y de anestesia. Tenemos que estar muy atentos al fenómeno de normalización de la violencia, no es posible mantener esa normalización de ninguna manera.
 
 
 
Esteban Illades - La noche más triste (Grijalbo)
 
Esteban Illades (Ciudad de México, 1986) es editor de la revista Nexos, tiene maestría en periodismo por la Universidad de Columbia en Nueva York y fue reportero de El Nuevo Herald, en Miami.
La noche más triste (Grijalbo) tiene como antecedente una serie de reportajes que el autor publicó en Nexos. El texto principal, que titula su libro, se publicó en enero de este año.
 
La noche más tristeEstaban los antecedentes de la masacre de migrantes en San Fernando, el incendio en la guardería ABC, el del Casino Royale en Monterrey. ¿Por qué Ayotzinapa fue el detonante para la reacción de la sociedad?
En el libro digo, por ejemplo, que una persona de Monterrey me escribió cuando publiqué el primer texto de La noche más triste, y me dijo que para ella había sido la tragedia del Casino Royale, no Iguala. Y tiene razón, porque para muchas personas hay muchas ‘noches tristes’. El caso concreto de Iguala y de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa marcó un antes y un después en la presidencia de Peña Nieto. En los primeros dos años de su gobierno sólo se hablaba de las reformas estructurales, del “momento mexicano”: se hablaba de todo lo bueno del país, pero no se discutía ni el narcotráfico ni la inseguridad, eso  había quedado, digamos, como olvidado en el sexenio de Felipe Calderón. Sin embargo, con la desaparición de los 43 estudiantes, con Tlatlaya y la ejecución extrajudicial de 22 personas, mucha gente recordó que la violencia seguía en México. A eso se le puede sumar también que los 43 desaparecidos eran estudiantes de una escuela normal rural; es decir, estaban estudiando para ser maestros; toca una fibra muy sensible en los mexicanos.
 
 
¿Fue difícil equilibrar el tema, considerando las versiones encontradas?
Es difícil porque aquí en este país todo se politiza; en particular, este caso ha sido muy politizado. Tanto de los que creen a ciegas la mal llamada “verdad histórica” del procurador Jesús Murillo Karam, hasta los que no creen absolutamente nada de lo que se ha investigado. Entonces, es muy complicado estar en medio de esas dos posiciones y tratar de encontrar la verdad, porque a fin de cuentas ha pasado un año y todavía nos falta saber por qué desaparecieron y cómo desaparecieron los estudiantes. Tenemos hipótesis, pero muchas de ellas han sido controvertidas tanto por la CIDH, como por otros periodistas. Lo que hacemos es intentar encontrar información que pueda ser verificable que nos explique qué sucedió. Y sin duda eso es mucho más difícil cuando la gente tiene primero sus ideas políticas y después su interés por buscar la verdad.
 
 
Desde que salió tu libro han surgido otras teorías…
Tengo suficiente material para una segunda edición. No sólo es el informe de la CIDH, sino de muchas otras cosas que han sucedido. Se ha hablado en los últimos meses, por ejemplo, que uno de los estudiantes fue parte del Ejército; se ha hablado de los resultados de la autopsia de Julio César Mondragón, uno de los estudiantes que muere desollado esa noche (le arrancan la cara), sin embargo, el gobierno local de Guerrero dice que no fue así; hay que investigar. Se han detenido a muchas personas, con la detención del “Cabo Gil”, será interesante ver qué es lo que declara, si realmente es el autor intelectual como decía el gobierno federal. Ha pasado mucho desde que yo terminé el libro (lo entregué en abril de este año), que merece ser contado para tener una visión más amplia de qué sucedió el 26 de septiembre en Iguala.
 
¿Tiene solución este caso?
La verdad yo creo que venga lo que venga va a ser difícil que haya una solución que agrade a la sociedad en general. Si ves los últimos números de encuestas, el 50 por ciento no cree que hayan cremado a los estudiantes. La PGR ha sido exhibida con el informe de la CIDH, se han mostrado muchas deficiencias en su investigación. Si antes la gente no creía en la investigación ahora va a creer menos; va a ser muy difícil que si la PGR entrega resultados nuevos, al ver las deficiencias en su investigación que la gente crea en la presentación de culpables o en una explicación de lo que sucedió esa noche.
 
¿Y cuál es tu percepción de lo que aconteció?
La hipótesis más factible, según lo que he investigado este año, es que los estudiantes fueron desaparecidos esa noche, la evidencia apunta a que fueron asesinados por el grupo de los Guerreros Unidos, tal vez no en el basurero de Cocula, tal vez no todos ahí, hay otras teorías. Vale la pena decir que gran parte de lo que se tiene son declaraciones de detenidos y sabemos que en México existe una cultura de tortura a los detenidos para obtener confesiones, entonces hay que tomar con mucho cuidado lo que digan.
 
 
¿Crees que se ha logrado algo más allá de la investigación?
A mí me gustaría creer que algo podemos aprender de esto, al ver las fallas en la investigación del gobierno federal y del gobierno local de Guerrero, al ver la misma tasa de homicidios en Guerrero, de desaparecidos, el hartazgo de la gente,  las manifestaciones en grandes números en los últimos meses
Quiero creer que algo podemos empezar a discutir en México para evitar que vuelva a suceder, porque lamentablemente si olvidamos este tema, si lo dejamos de discutir, entonces no sería sorprendente  que en algún otro momento alguna noche igual de triste pueda suceder en otra parte del país.
 
 Literatura sobre una tragedia
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