The Cure: una dosis de tres horas

Ya tengo un par de años en esto de reseñar conciertos, discos y demás. En este tiempo he aprendido una o dos cosas de cosas que me facilitan llevar un registro del evento del que voy a escribir, una de ellas es revisar los setlists de la banda para darme una idea de la duración, del material que manejan, y más. Es algo que como fan le quita emoción al asunto, pero como periodista me ayuda mucho.

Eso hice cuando me enteré que cubriría el concierto de The Cure en la Arena Monterrey, su tercera visita a la ciudad. Y no me sirvió de nada.

Estoy seguro que el concierto de ayer fue uno que no se volverá a repetir. Desde que a las 9:15 pm se apagaron las luces con gente aún llegando, tanto a Cancha como al resto de las localidades, la banda de Robert Smith inició con “Shake dog shake”, canción movida que fue seguida por “Fascination Street”, un comienzo diferente a lo que la banda había tocado en Lollapalloza o Austin City Limits, donde iniciaban con canciones más tranquilas.

Los elementos clásicos de The Cure estuvieron presentes: un Roberth Smith con pelo negro alborotado, boca roja y un enorme hoddie negro. Simon Gallup de peinado rockabilly moviéndose por el escenario mientras su bajo se escuchaba a veces más fuerte que las guitarras, además de una batería que retumbaba en la Arena y un tecladista discreto, pero fundamental en las canciones. El repertorio estuvo compuesto por canciones de sus diferentes álbums: temas como “A Night Like This” se unían con “The End of the World”, para luego escuchar clásicos conocidos por todos como “Lovesong” en la que los que aún estaban sentados se pararon; o “In Between the Days” y “Just Like Heaven”, que fueron coreadas por un Arena que brincaba, no sólo en Cancha sino en cada una de las butacas que estaban ocupadas.

Robert Smith usaba una guitarra negra acústica en la que se podían ver calcomanías de diversos países, entre los que por supuesto estaban México; en sus breves interacciones con el público se dedicaba a dar las gracias tanto en inglés como en español, y cuando decía alguna cosas más el sonido y su marcado acento inglés hacía que no se le entendiera, lo cual no importaba, pues la gente aprovechaba cada ocasión para gritar y festejar cada uno de sus movimientos. La primera sorpresa de la noche llegó con “Sinking”, canción que la banda no tocaba desde el 2004. Aquí es donde el concierto se convirtió en dos cosas diferentes: una interminable lista de canciones para aquellos que sólo conocían algunas piezas, o bien, un concierto único en el que pudieron escuchar canciones que la banda rara vez toca en vivo.

Después de agradecer nuevamente a la gente por su presencia la banda tocó “Pictures of You” con un intro no tan largo como en la versión de estudio, pero mucho más emotiva. En “Lullaby” vimos y celebramos los primeros pasos de baile de un Smith que todavía no se soltaba del todo. Después de “High” la siguiente sorpresa fue “Birdmad Girl” que, dicen los que saben, la banda no tocaba desde 1984, es decir, 29 años sin interpretarla. Después de tocar “The Walk” la banda debutó en vivo “Stop Dead”, ocasión para que muchos fueran al baño o a comprar cerveza mientras los que se sabían todas las canciones se rompían la garganta con esa canción que nunca pensaron escuchar en vivo. 

“Mint Car” y “Friday I´m in Love” volvieron a poner a bailar y cantar a toda los asistentes. Después de éstas vinieron canciones como “Doing the Unstuck”, “Bananafishbones”, “Want” o “The Hungry Ghost”. En “Wrong Number” toda la gente respondió todas las veces que el cantante pronunciaba el saludo telefónico. “One Hundred Years” hizo gala de un bajo fuerte y de emociones que hace treinta años provocaban que Robert Smith terminara llorando cada actuación. “Give Me It” fue una sorpresa más, pues la banda no la tocaba desde el 87. La última rola antes del primer encore de la noche fue “The Top”, luego una pequeña pausa y el regreso con otra canción que no habían interpretado en años: “Treasure”, del disco Wild Mood Swings; a ésta le siguieron “Other Voices”, “Charlotte Sometimes” y “Play for Today”. Con un escenario pintado de verde gracias a las luces que tomaron esta coloración la banda interpretó el clásico “A Forest” con la gente cantando la melodía de la introducción. 

 Algunos creíamos que la banda regresaría para tocar una o dos canciones más, pero estábamos equivocados, The Cure regresó a tocar diez canciones más, entre las que se encuentran algunas clásicas no sólo de los ochenta sino, en mi opinión, de las que más influencia han tenido en la generación actual de músicos. Desde la tranquilidad y coquetería de “The Lovecats”, los coros de “The Caterpillar” y “Hot Hot Hot”, los sintetizadores y ritmo de “Close To Me” y “Let´s Go To Bed”. Después de tocar “Why I can´t be you?” la banda interpretó su canción insignia: “Boys Don´t Cry”, pero ahí no terminó el concierto, siguieron con “10:15 Saturday Night” y al finalizar ésta los primeros riffs de “Killing an Arab”, la cual, sin duda, fue el punto final perfecto para una noche que tuvo sorpresas al por mayor, tanto para los primerizos como los iniciados.

Mucho se ha hablado del concierto de The Cure en el DF donde tocaron por 4 horas, y habrá algunos que seguirán diciendo que ése fue mejor que el de anoche. Puede ser, pero eso no le quita nada de especial a las 3 horas quince minutos en que la banda catalogó a Monterrey como una ciudad suertuda y muy curada.

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