Exaltación a los sentidos

El amor está ahí para todos. Eso dice Rammstein en su disco más reciente y tienen una forma particular de demostrarlo: con furia, fuego y decibeles. A lo bestia, pues. Foto: Fernando Vega/ Agencia Muckers

Un concierto de los alemanes es una exaltación de los sentidos, como en las buenas relaciones amorosas.  

Los ojos se alimentan del espectáculo de luz y pirotecnia; los oídos quedan maltratados –paradójicamente satisfechos– con la distorsión y las constantes explosiones; el tacto, al menos en la zona frente al escenario, es acariciado por el calor de las llamas, y el olfato identifica sin apuros la mezcla de sudor, humo y cerveza que flota en el ambiente.

En el escenario cada vértice, recoveco, estructura, plataforma tiene un fin específico y en cualquier momento de allí puede brotar una calurosa llamarada, explotar una pirotecnia estridente o salir disparado un láser cegador.

Con Rammstein no hay tregua: desde que cae el telón hasta el último riff cien minutos después su actuación es un derroche de luz y sonido, que mantiene expectantes a los cerca de ocho mil asistentes.
Los músicos también se transforman eventualmente en escenografía. Cuando empieza el concierto el vocalista Till Lindemann  muestra un objeto luminoso dentro de su boca; posteriormente aparecerán lanzallamas bucales, sopletes, ballestas y otros artilugios proveedores de lumbre.

El show, sin embargo, no arrebata por completo la atención. También en lo musical el grupo tiene argumentos para sostener su actuación y no es tan complaciente como pudiera suponerse. Su disco reciente acapara un tercio del concierto y funciona de maravilla. “Feuer frei” representa el primer “éxito” y surge el duelo de escupir fuego entre guitarristas y cantante.  

No falta tampoco el acostumbrado jugueteo entre cantante y tecladista, quienes fingen empellones, rostizado corporal y sometimientos. El maltrato provoca carcajadas en lugar de conmiseración. El show explosivo y la violencia actoral son un chiste para Monterrey. El tecladista se sobrepone del bullying y termina navegando sonriente en una balsa sobre la audiencia durante la interpretación de “Haifisch”.

La música de Rammstein tiene en la sencillez su principal aliado. Los riffs se repiten; los ritmos cuatro por cuatro marcan tendencia y a pesar de ello no fastidian. Sus canciones transforman en bilingües o trilingües a miles de asistentes que súbitamente cantan en alemán. O creen hacerlo.  Ése es uno de los logros mayores de Rammstein: en un mundo globalizado que se rinde al idioma inglés ellos se mantienen al margen y demuestran que se puede prescindir de él.

Se extrañan algunos temas como “Seeman” o “Engel”, pero la gente está satisfecha luego de “Links 2, 3, 4”, “Du hast” e  “Ich will”.  Nadie puede pedir más, nadie tiene fuerzas para reclamar. El coro de apetito insaciable en la rúbrica de “Te quiero puta” es masivo, espontáneo y sin rubores.

 “Chinga tu madre”, dice al micrófono con media sonrisa Till al despedirse. Una mentada de madre como colofón. La gente aplaude. Ha encontrado el amor.


SET LIST
• Intro
• Rammlied
• Bückstabü
• Waidmanns heil
• Keine lust
• Weisess fleisch
• Feuer frei!
• Wiener blut
• Oh no (Frühling in Paris)
• Ich tu mir weh
• Du riechst so gut
• Benzin 
• Links 2, 3, 4
• Du hast
• Pussy
 
• Sonne
• Haifisch
• Ich will
 
• Te quiero puta

Martes 31 de mayo
Rammstein
Auditorio Banamex
Incendiario
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