El regreso

12 de agosto de 1995. Auditorio Coca Cola. Caifanes ofrecía otro de sus inolvidables conciertos en la ciudad y se despedía del público regiomontano con “Ayer me dijo un ave”.

Días antes de aquella presentación se hizo público, mediante un comunicado de prensa, que Saúl Hernández, voz, guitarrista y compositor del grupo, había roto relaciones laborales, artísticas y personales con Alejandro Marcovich, guitarrista solista de la banda.

Así que no era sorpresivo el trato distante entre ambos sobre el escenario. Cumplieron algunos otros conciertos contratados y el 18 de agosto, en San Luis Potosí, Caifanes se desintegró. Dicen los enterados que el ambiente interno en el grupo era insoportable. De hecho, ya en esa etapa funcionaban como trío —con músicos de acompañamiento— pues Sabo Romo y Diego Herrera habían abandonado la nave mucho antes del naufragio.

Dieciséis años después, el grupo está de regreso. Tocarán dos fechas sobre el mismo escenario, aunque ahora el recinto ha sufrido una mutación en dimensiones, características y apelativo.

Pero ya no habrá tensión. Las heridas, se supone, han sanado. LA ROCKA entrevistó vía telefónica, por separado, a los cinco integrantes del grupo. Aparecieron destellos de la madurez que permitió la reconciliación. De la pasión por la música. Del convencimiento de ser integrantes de la banda más importante de México.

El 'Chato' cósmico: Saúl Hernández
Saúl Hernández, “Chato” para sus cercanos, tiene 47 años, y vive en Playa del Carmen, Quintana Roo, con su mujer y sus dos hijos. La formación de una familia parece que ha asentado emocionalmente al ex vecino de la populosa Colonia Guerrero en el DF, quien en su juventud padeció fuertes depresiones.

Cuando en la entrevista se le pregunta por las canciones que lo dejan más satisfecho como compositor, la primera que menciona es “Amárrate una escoba y vuela lejos”, de letra desgarrada y lúgubre. Así de intenso era.

Hoy en día las letras de sus álbumes recientes —de Jaguares y Remando, su disco debut como solista— no tienen esa carga sombría que resaltaba en los álbumes de Caifanes y que favoreció la identificación de un amplio sector de su público con ese universo de melancolía y abandono.

La imagen que proyecta también es distinta: se le ve más relajado, feliz incluso. De hecho, los cinco Caifanes visten de un blanco inmaculado en las más recientes fotos promocionales. No obstante, Hernández asegura que en esencia sigue siendo el mismo y siempre lo acompañará su lado oscuro.

“Ese viejo compañero o vieja compañera nunca se va a ir. Creo que esa parte oscura es parte de una esencia, parte de mi sistema, parte de mi genética, parte de mi historia. Es un elemento más de mi cuerpo y allí va a estar siempre; es algo que comúnmente los seres humanos siempre tratamos de quitar, lo que aparentemente ya no nos sirve. Y no… creo que eso es lo que me genera un equilibrio hermoso ahorita en mi vida. Nada más que antes se iba para ese lado."

Tuviste una etapa complicada en tu vida, de adicción, la cual está incluso registrada en la canción “Piedra”. A la distancia, ya con tu edad y madurez ¿qué piensas de esa etapa?
Son momentos que tienes que digerir, aceptar. “Me está pasando esto” y también una etapa de muchísimo aprendizaje, creo que si no hubiera vivido eso no hubiera entendido muchas cosas que ahora entiendo, probablemente. No sé, finalmente es parte de la edad.

¿Y ese entendimiento te lleva a analizar de otra manera la situación de las drogas? Con el narcotráfico…
Es que es muy distinto. Ahora hablar de drogas es hablar de muertos. Y antes no era así. Antes hablabas de esto porque buscabas una forma, una manera de reconocerte mediante los estados alterados. Y estabas en la exploración; ahora ya no, ahora es sinónimo de muertes. Creo que en este momento ya tendríamos que tener la conciencia de lo que está pasando y lo que estamos consumiendo y de lo que estamos consumiendo qué está generando. La situación es muy grave. No sé, habría que analizarlo profundamente y trabajar para que esta situación cambie en nuestro país. No es justo, no se vale.

¿Te arrepientes de algo en tu vida?
De muchas cosas, claro, sí. Si no me arrepintiera creo que sería tonto.

¿De alguna en particular?
Pues hay muchas cosas (hace un silencio que indica que no hablará más del tema).

¿Qué tiene Caifanes que no alcanzó Jaguares?
¿O qué tuvo Jaguares que no alcanzó Caifanes?

Pues también
Yo creo que son bandas muy distintas. Yo creo que cada una está haciendo lo que tiene que hacer. Y creo que no es una cuestión de comparaciones competitivas. Yo creo que son más bien bandas de procesos creativos y de momentos muy creativos y de una necesidad de seguir generando estos efectos creativos, ¿no?

Aquí no es así: Alejandro Marcovich
“Mi operación fue el 22 de julio del año pasado y él (Saúl) me mandó un correo por medio de Diego Herrera, donde venía pegado un mensaje”, cuenta Alejandro Marcovich.

El guitarrista estaba a punto de entrar al quirófano para una delicada operación por un tumor cerebral y fue enterado del mensaje de Saúl donde en un texto breve, pero “cariñoso”, le decía que todo iba a estar bien y que lo acompañaba en ese trance.

El sonado reencuentro de Caifanes que los traerá de nueva cuenta a Monterrey tuvo su génesis en ese gesto del ex compañero enemistado.

El enlace, por cierto, tuvo que ser el tecladista porque luego de la ruptura, hace 16 años, perdieron todo contacto y no tenían sus correos electrónicos. Tras la operación y luego de algunos días de reposo y recuperación, finalmente le pudo responder. “No podía escribirle, me salían todas las palabras chuecas”. Intercambiaron algunos mensajes más y pactaron un encuentro personal que se concretó a fines de noviembre pasado, en el DF.

“Charlamos desde las siete de la noche hasta las cinco de la mañana. Estuvo intenso, pero muy amable todo. Y bueno, a fin de cuentas, sí nos dimos cuenta que hacía falta esa reconciliación, para lo que fuera, no necesariamente un reencuentro de Caifanes”.

Alejandro Marcovich nació en Argentina hace 51 años, pero junto a su familia se exilió en México desde que era adolescente. Integró, junto a Saúl y Alfonso, Las Insólitas Imágenes de Aurora, grupo que sentaría las bases para Caifanes. Su vida ha sido un auténtico sube y baja. Antes de ingresar a Caifanes estuvo de músico de acompañamiento de Laureano Brizuela y tras el truene del grupo anduvo de solista, dando clínicas, en bandas tributo, dirigiendo un sello (Discos Termita, filial de Sony) con poca relevancia… y luego la operación.

Marcovich sabe que le fue adjudicado un rol de villano tras la ruptura del grupo. Afirma que es un tipo serio, solitario y hermético con pocos amigos en la vida. Y que éstos no están en el grupo, aunque tiene buena relación con todos.

“Curiosamente con Saúl que es con quien me peleé de una manera muy notable… No sé si fue una pelea o fue un desencuentro o qué fue exactamente, se dijeron muchas cosas pero la verdad a fin de cuentas la sabemos nosotros dos. Fuimos unos grandes compañeros en el terreno musical desde que nos juntamos por primera vez, hicimos toneladas de canciones juntos y tenemos una química muy poderosa".

Señala que el tema de la amistad es una parte confusa cuando estás en un grupo, porque no necesariamente tienes que ser amigo de tus compañeros para tener una química mágica.

“Yo le tiro más a la química musical que a la química personal. De hecho los roces personales a veces favorecen a la química musical”.

Dice que parte del proceso de reconciliación fue el tratar de dilucidar qué fue lo importante en esa separación y qué era importante para hacer posible el reencuentro.

“Cuando se separa alguien le da mucha fuerza a lo malo y te olvidas de lo bueno. Y nosotros hablamos y hablamos largas horas en la noche y dijimos ‘oye, pero si teníamos esto y teníamos esto otro y era muy padre y de repente le dimos tanta fuerza a lo negativo, la realidad es que teníamos mucho para dar’. Y fue un encuentro muy padre. No sé si a ese nivel me he podido reencontrar con los demás compañeros, porque nosotros dos somos los que teníamos mucha más tarea en el terreno de la reconciliación”.

Nos vamos juntos: Alfonso André
Luego del rompimiento de Caifanes las expectativas que generó el grupo sucesor fueron altas. La tipografía del nombre de Jaguares, el logotipo, los músicos invitados (destacando el nombre de José Manuel Aguilera), un primer sencillo más o menos atractivo sugerían si no un nivel ascendente al menos una continuidad en la trascendencia de lo ofrecido por el grupo previo.

El consenso general fue que no se alcanzaron esos niveles. Alfonso André es el único músico caifán que permaneció en ese nuevo proyecto y difiere de esa percepción.

“De hecho para mi experiencia, que estuve todo el tiempo allí adentro, es como un desarrollo de la misma raíz, desde Las Insólitas podría decirte. La misma vibra, la misma forma de trabajo, que yo encontré, como te digo, que te hace clic, de repente te encuentras con tres güeyes y empiezas a hacer algo que va más allá de la suma de las partes.

"Hay una cierta magia, una cierta alquimia que no se puede describir muy bien qué es, pero que ahí está, eso me pasó con Las Insólitas y se ha trasladado después a Caifanes y eso tratamos también de seguir en Jaguares: seguir teniendo esa magia y esa forma de trabajar. Para mí es una extensión de mí mismo”, indica.

Explica que hay un hilo conductor que son las canciones de Saúl y la forma de trabajar, básicamente. “Yo lo veo como un todo, no lo veo como bandas separadas. A lo mejor estoy en un error pero para mí es una continuación del trabajo y siento que hay canciones muy muy chingonas que hemos hecho con Jaguares, igual que las hay con Caifanes, igual que las hubo con las Insólitas”.

Cuéntame tu vida: Sabo Romo
Sabo Romo fue el primero en abandonar el seno caifán, en 1993. El bajista no tiene reparos al recordar el motivo: “estaba hasta la madre”. Comenta que en ese entonces buscaba la manera de dedicarle más tiempo a proyectos personales como grabar de solista o producir, algo imposible en aquella época en que el grupo se consolidó comercialmente.

“De pronto Caifanes se convierte en algo tan demandante que simple y sencillamente me da hueva, me harta y no me produce la emoción que me producía al principio”. Agrega que también intervinieron en su decisión lo que él llama “pequeñas rupturas”, aunque prefiere no darles importancia ahora.

Romo, quien sufrió un infarto en febrero del 2010 del que ya está completamente repuesto, recuerda a Monterrey como uno de los primeros sitios que visitaron y en donde se estableció con más fuerza la relación entre grupo y seguidores. “Te podría decir que me acuerdo de todos (los conciertos) y más que acordarme de todos o casi todos me acuerdo de muchas de las cosas que pasaban antes y después de los conciertos.

Los conciertos, por supuesto, eran esta cosa emocional en los que Caifanes ponía la música y toda la banda que iba hacía el concierto, participaba activamente. Y desde luego lo que pasaba después en muchas muchas ocasiones tenía que ver con el Kocoloco. Allí se gestaron cosas muy chidas, se armaron relaciones personales bien bien chidas también y afortunadamente en el plano profesional de Monterrey tengo estupendos recuerdos”.

El músico lamentó lo que está pasando en la Ciudad recientemente. “Es una parte que muchos mexicanos no conocíamos, que no pensábamos que fuera a llegarnos de esta manera. Me parece que es nuestra obligación también hacer todo lo que esté a nuestro alcance para cambiar esta situación, que podamos seguir hablando exactamente de estos buenos recuerdos y del presente y sigan pasando cosas bien chidas y bien emocionantes”.

Antes de que nos olviden: Diego Herrera
Hay una palabra recurrente para definir eso que tenía Caifanes por encima de otras bandas nacionales —incluyendo Jaguares— que los convirtió en la agrupación más importante de la historia patria: magia.

Diego Herrera, tecladista, recuerda los inicios y encuentra en esa etapa primitiva la raíz del éxito.
 “Fue un proyecto que inició básicamente con ganas de hacerlo para nosotros y no con esta urgencia de ganar lana o pegarle al top ten, o top 40 —ya no sé cómo se llama—. Lo demás se dio, existe esa energía, pero básicamente fue eso, hacer las cosas para nosotros y no para alguien.

"No tenías que rendirle cuentas a nadie, hacer las cosas como tú quieres, eso se dio en aquel momento, ahora estamos retomando, viendo que efectivamente juntos podemos crear esa energía, crear ese rollo en el escenario”, dice Diego Herrera, el mayor de los integrantes del grupo, segundo en desertar de Caifanes.

Sobre esta nueva etapa explica que ha sido interesante redescubrir las canciones que grabaron hace tanto tiempo. “Mis discos no los escucho nunca, ha sido interesante desde escuchar sonidos que grabamos en aquella época que no recordaba que estaban grabados, hasta revivir la relación, ver que somos otras personas. Somos los mismos, pero somos otros; han pasado quince años y vemos que podemos hacer todavía la magia, que podemos tener esa energía entre nosotros”.

Sería por eso. El éxito paso a paso
“Aquí no vendemos ataúdes”. La disquera CBS rechazó el primer demo de Caifanes bajo ese argumento basado en la estética de la banda: los músicos aparecían con sombras en los ojos, labios oscuros, cabellos alborotados y rígidos por el spray.

“Yo anduve muy greñudo cuando estuve tocando en esas épocas, no me latía pararme los pelos, no me latía ponerme rímel, cada quien se organizaba su look, no teníamos asesores ni mucho menos”, recuerda el tecladista, quien contrastaba un poco con sus compañeros y ofrecía una imagen más seria.

“Además no me gusta la contaminación y ese pinche spray contaminaba muy culero”, dice entre risas.

Alfonso refiere que eran unos chavos tratando de encontrar una identidad y divirtiéndose como enanos. “Realmente fue una etapa muy divertida de nuestra historia, de mucho descubrimiento, de muchos cambios y realmente la industria cambió radicalmente, estábamos acostumbrados a los hoyos fonquis y demás y todo tuvo que revolucionarse en muy poco tiempo”.

Saúl dice que el primer disco significó mostrar lo que estaba pasando en ese momento por cada uno de ellos. “Era.. . cómo lo puedo definir… como el primer zarpazo, el momento de presencia”.

“El primer disco sonaba como a Soda Stereo en sus inicios, algo así”, apunta Marcovich, quien veía al grupo desde fuera. “A Caifanes lo relacionaban con The Cure más que nada por la imagen. Yo no creo que la música tuviera mucho que ver con The Cure”.

En 1991 Caifanes lanzó al mercado su segundo álbum, conocido popularmente como El diablito. Alejandro recuerda su debut discográfico en el grupo: “Es un disco con mucha fuerza aunque fue hecho con cierta dificultad en la cuestión de la grabación. La persona que aparece como productor del disco que no fue el productor sino una especie de productor ejecutivo. Y nos traía dando vueltas en tiempo muerto de estudio".

Explica que fue demandante grabarlo porque había que llegar “muy filoso”, y como no había mucho tiempo, algunas partes se grabaron a la primera.

“Las partes mías de guitarra son casi todas de primera toma, muy furiosas; me acuerdo de haber grabado en primera toma 'El elefante', 'De noche todos los gatos son pardos', el solo de 'Detrás de ti'.

"Yo creo que ese disco tiene ese sabor bastante inmediato. Tiene buenas canciones. El sonido final no me agrada demasiado, quedó bastante a deber la mezcla. Pero es un disco que fue como un parteaguas del sonido de Caifanes del primer disco al segundo. Mi incursión a la banda impuso un sonido más aguerrido, más rockero, más fuerte”.

El diablito es la confirmación (del primer disco). Viene a reafirmar la búsqueda personal del grupo. El silencio viene a darle continuidad a una reafirmación. Ya no es hacer lo mismo sino querer seguir por caminos diferentes”, expresa Saúl.

Marcovich comenta que a partir de El silencio empezó a sentirse más orgulloso de su desempeño como guitarrista pues pudo imprimir en el sonido del grupo un estilo que venía trabajando desde finales de los 70 y que luego exploró en Las Insólitas… y en otra banda llamada Leviatán.

“En ambos grupos también estaba presente esa búsqueda de sonido. De hecho 'Hasta morir' fue una canción que se compuso en el año ’84, yo estaba ya incluyendo sonidos mexicanos y caribeños y del Cono sur. Pero tuvo que pasar mucho tiempo para que yo pudiera lograr una amalgama como la de El nervio del volcán. Cuando estaba haciendo El silencio me sentí muy orgulloso porque sentí que ahí venía, pero no estaba del todo resuelto y ya en El nervio del volcán se resolvió casi por completo".

Saúl no está del todo conforme con el que, al momento, es el último disco de Caifanes. “Es como el disco más pulido, pero que a mí en lo personal no es el más entrañable. Ya teníamos fricciones. Ya empezaba a generarse una situación extraña. Y sobre todo porque más que nada empezaron a diversificarse los caminos. Ya se buscaban caminos diferentes, creo yo, también”.


Fotos: Página oficial de Caifanes.
Reportaje publicado originalmente en la edición #145 de LA ROCKA.

Caifanes por siempre
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