Artículo publicado en LA ROCKA No. 51, abril de 2007

Una historia explosiva

Aerosmith en LA ROCKA, abril de 2007Con el inusitado auge de conciertos en estadios que vivimos del año pasado a la fecha, las opciones de ver grandes figuras en escenarios espectaculares en Monterrey se reducían cada vez más.

Vamos, no hay muchos artistas en el mundo que anden tocando en lugares para 40 mil y, sobre todo, el carácter voluble y caprichudo de los regiomontanos frente a los conciertos de rock (miren que despreciar a los Stones y a Waters, no cualquiera…) también hacía suponer que difícilmente otra banda vendría a tocar pronto en un recinto futbolero.

Pero había un nombre pendiente. Uno de los grupos capaces de atraer públicos de distinto pedigrí, combinando perfectamente el rock con la orientación comercial, la solidez de la experiencia con personalidades volátiles en sus filas…

Sí, Aerosmith.

Cinco forajidos que, dado que sobrepasan los 55 años, podrían estar sentados en una mecedora viviendo de sus rentas, pero que siguen en el fragoroso rock and roll.

El cantante Steven Tyler, los guitarristas Joe Perry y Brad Whitford, el bajista Tom Hamilton y el baterista Joey Kramer, los Jekyll y Hyde del rock, capaces de cantar que Juanita tiene una pistola y quiere matar a un abusivo, y enseguida gemir porque se tiene un hoyo en el alma.

Desde su disco debut homónimo, allá por el 73 –tres años después de su formación–, la banda ligaría tres discos poderosísimos: Get your wings, Toys in the attic (con sus primeros hitazos: “Walk this way”, “Sweet emotion” y “Toys in the attic") y Rocks, con los que se convirtieron en la banda gringa de rock más importante en aquel entonces, influyente en decenas de bandas que nacían por aquella época.

Su sonido americano, una especie de versión endurecida de los Rolling Stones, sin la parafernalia de unos triunfantes y duros pero artificiosos Kiss, rápidamente ganó adeptos.



De allí en delante, para arriba su carrera, aunque empezaban a enquistarse los problemas al interior de la banda. Whitford, por ejemplo, sentía que su trabajo como guitarrista era subvalorado, llevándose las palmas Perry cuando era él quien llevaba el peso estructural de las canciones.

El quinteto tiene en su repertorio dos baladas que reflejan ese ying-yang que rige su carrera. En su primer álbum grabaron “Dream on”, una de las baladas clásicas de toda la historia del rock, cuya letra es básicamente introspectiva y, podría decirse, motivacional. Sencilla, pero efectiva.

En las bodas de plata de la composición de esa rolota, los bostonianos adoptivos grabaron otra balada, “I don’t wanna miss a thing”, para la película Armageddon (donde actúa la bella chamaca de Tyler). Y pues no es lo mismo Anita súbete a la hamaca, que súbete a la hamaca Anita.

AerosmithLa rola es bastante, pero bastante cursi –y almibarada y ñoña y simple–, escrita por una mujer llamada Diane Warren, que elabora tantas rolas de amor como la señora Lety pasteles de tres leches (y con igual empalague), así que podría disminuir su culpa, pero con todo y eso, no es lo que se desea de un grupo aguerrido de hard rock tan influyente.

Con esa rola a fines de los 90 sonaron hasta el cansancio en la radio, se coreaba a todo pulmón en los conciertos y además tristemente confirmó a Aerosmith como un grupo que trascendía en los años recientes únicamente por sus baladas melosas.

Ahora bien, lo nefasto que pudiera haber en las canciones rosas tuvo su lado positivo en los 90, con aquella tercia de rolas lentas del disco Get a grip, no tanto por su calidad (muy similares entre sí y con letras para sacar los kleenex) sino por los videos que grabaron para “Cryin’”, “Crazy” y “Amazing”.

Estos clips nos permitieron conocer a una chica blanca, de largo cabello lacio y castaño claro, enormes ojos y mirada inocente, labios carnosos, busto firme, piernas torneadas (vaya, para sacar los kleenex también) de nombre Alicia Silverstone.

Inolvidables sus videos, principalmente el de “Cryin’” con el final de la linda Alicia pintando un dedo.

En “Crazy”, por cierto, aparecería también Livcita Tyler, quitándole un poquito de cámara a la Silverstone. Como quiera, inolvidable la saga de los tres videítos. La muchacha se hizo famosa y hasta algunas películas filmó, pero luego su cuerpo ganó algunos kilos y su carrera se fue apagando, aunque se le puede ver en algunas series televisivas gringas.



Sigamos con la historia en orden más o menos cronológico… Las interminables giras, el éxito, las groupies, los managers, los amigos oportunistas no llegaron solos.

El contacto con las drogas duras y las adicciones aparecerían y aunque en general todos en el grupo andaban viajando en paraísos artificiales, Perry y Tyler resultaron ser todos unos campeones, tanto que fueron bautizados como los “Toxic twins” (gemelos tóxicos).

Nada nuevo que las bandas famosas y millonarias se atascaran de drogas, pero cuando el largo caminito de abusos le cobró peaje a Steven dejándolo desmayado en algún escenario, se prendieron los focos rojos.

Las disputas constantes y el fracaso monetario del disco Night in the ruts (1979) propiciaron que un endeudado Perry abandonara el grupo para intentarla como solista, grabando tres álbumes.  

Brad Whitford, ahora sí fastidiado, siguió sus pasos y grabó un disco con el guitarrista Derek St. Holmes (ex músico de Ted Nugent). El resto de la banda continuaba, pero no era lo mismo. Para nadie. Ni para los solistas, ni para Aerosmith ni para el público.

Tras resanar sus broncas de egos y humores, y ya más aligerados de sustancias prohibidas, el grupo regresó con los músicos originalas grabando un disco bastante regular que poco o nada trascendió: Done with mirrors (1985).

No estaba la inspiración muy prendida que digamos, y cuando parecía que la carrera del grupo se estancaría, llegó uno de los momentos afortunados –o desafortunados, según se quiera ver– del rock.

El productor Rick Rubin –un tipo que jamás ha tocado un instrumento, pero poseedor de unos de los oídos más finos en la industria– trabajaba con los raperos Run D.M.C., quienes utilizaban el sampler de "Walk this way" con cierta frecuencia en sus presentaciones en directo para improvisar.

Rubin sugirió que crearan algunos versos y se dio a la tarea de buscar a los líderes de la banda para trabajarla juntos.

A pesar de varias negativas, Rubin logró convencer al grupo consumándose un acto casi contranatura en aquellos tiempos: que el rap copulara con el rock.

La versión fue un éxito inmediato y su resonancia marcó una pauta que poco a poco fueron siguiendo grupos como Anthrax, por ejemplo, y que fue explotado hasta convertirse en un subgénero gracias a Limp Bizkit, Slipknot y Linkin Park, entre otras abominaciones para los tímpanos.



A partir de ese momento, el repunte en su carrera fue notorio y columpiados de él grabaron Permanent vacation (1987) y los multivendedores Pump (1989) y Get a grip (1993). La resurrección estaba consumada. Volvían las giras en estadios, los discos de platino, los premios.  

Aerosmith en LA ROCKA, abril de 2007El disco siguiente fue bautizado Nine lives en clara referencia al espíritu de reinventarse, renacer, de volver de entre los muertos cada vez que están en el hoyo.

Como Tom Hamilton, quien el año pasado estuvo algunas semanas fuera de circulación para someterse a tratamiento para el cáncer de garganta que le fue detectado; el hombre ya está otra vez pulsando el bajo.

También en el 2006 hubo que suspender 20 conciertos tras problemas en las cuerdas vocales de Tyler, quien colecciona averías en su organismo, pues ha tenido madreada una rodilla también y recientemente confesó que padeció hepatitis C hace cuatro años y debió someterse a quimioterapias que “casi me matan”.

Ya en su etapa reciente sigue el péndulo oscilando entre el bien y el mal, entre lo suave y lo áspero, lo insípido y lo sabroso.

A un disco sin chiste como el Just push play (2001) le siguió un disco de rolas blueseras clásicas, Honkin’ on Bobo, que lejos de sonar como un álbum de versiones más, desnuda las verdaderas raíces del grupo: más allá de rolitas con secciones de cuerda de fondo, el rock y el blues sucio y directo les sale mejor y más natural.

En la actualidad, las drogas duras parecen estar fuera de la vida del grupo (al menos ya no hay evidencia de su consumo).

Sin embargo, Tyler declaró recientemente que sigue teniendo el LSD en su organismo y nada puede hacer al respecto. Sí, el poderoso LSD, Lead Singer’s Disorder (el exceso de reflectores hacia el cantante de un grupo de rock), permanece en su vida y le crea problemas en el seno de la banda, de acuerdo a lo que el de la voz contó recientemente a la revista Mojo.

“Ya sabes, vas en la calle y todos se acercan a pedirme un autógrafo y no se acercan a Tom. Y su esposa me odia (por eso). ¿Qué chingados le hago? No es mi culpa. Tengo ‘la bronca del cantante principal’ (Lead Singer’s Disorder)”.  



¿A quiénes convocará el concierto de Aerosmith en su inminente lleno total del concierto del 18? ¿A los fresas “tipo fan de U2” que también agotaron las entradas para el concierto de los irlandeses, o al prototipo de rockero aferrado que gastó un buen billete por el concierto de Rolling Stones o se apersonaron fielmente en el Uni cuando la visita de Waters?

¿A quién complacerá su repertorio: a los que esperan las baladas que tristemente han definido la última etapa de su carrera, o a los ávidos de sus correosos temas rockeros?

Todo parece indicar que, como en gran parte de la carrera de estos incombustibles hard rockeros gringos, habrá de todo un poco.

Artículo publicado en LA ROCKA No. 51, abril de 2007




 


Aerosmith: Del ácido a la miel
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