Pandemia de robos y asaltos en NL

“Me robaron”. “Asaltaron a mi novia”. “Le quitaron el carro a mi esposo”. En el lenguaje cotidiano de los nuevoleoneses la palabra robo o sus derivados aparece en forma siniestramente normal. 

Datos que hablan solos: en 2011 en nuestro Estado se robaron 21 mil 043 coches; se asaltaron 7 mil 559 negocios; hurtaron en 4 mil 522 casas.La incidencia de este delito tiene un termómetro fácil: la gran mayoría de los gobernados por Rodrigo Medina conoce a alguien en su entorno personal (léase familiar, amigo cercano, vecino) que ha sido víctima de un robo, si no es que lo ha padecido en carne propia. 

La afectación por un asalto trasciende a lo económico y suele dejar una huella de temor o intranquilidad en las víctimas de un robo. A veces, para toda la vida. Pero ¿por qué se ha disparado este delito?

Da la impresión de que los maleantes “trabajan” con la confianza de que nada les sucederá. sin contemplar factores como la corrupción y la complicidad de policías, los cuales por sí mismos son gravísimos, resulta que hay circunstancias muy desfavorables para la población y muy provechosas para los ladrones. Mientras sigan así las cosas,¿qué nos espera?

Miedo traicionero
Héctor E. es un exagente de la Policía Ministerial. Hasta hace un año laboró como elemento adscrito al grupo especializado en robos.

Durante más de un lustro patrulló calles, husmeó en callejones, tendió trampas, tocó puertas, persiguió sospechosos. Le quedan de recuerdo muchas satisfacciones, aunque también varias decepciones, una de ellas, quizá la principal, la indiferencia de algunos compañeros para realizar su trabajo.

“Uno de los principales problemas es la falta de ganas: abundan los huevones. Hay gente que tiene categoría, que son de nivel más o menos, y son huevones pero para el arrastre”.

Explica que hay tres categorías de agentes, A,B y C. Y, en general, los agentes de cualquiera de ellas hace lo mismo, aunque la jerarquía se obtiene en base a resultados y, obviamente, hay una remuneración mayor al subir.

“Yo entré como agente C y veía a compañeros que tenían quince años y tenían el mismo grado que yo. Es gente que no quiere sobresalir, quieren estar dentro del montoncito, sin resaltar, ‘a mí nomás págame’, dicen. Y andan en la calle sin hacer nada; les tienes que decir lo que tienen que hacer… y a ver si lo hacen”.

Los recientes resultados favorables en la recuperación de robo de vehículos, advierte el exministerial, están respaldados por los filtros de revisión o las investigaciones que realizan agentes federales o militares.

Aunque hoy cuenta con un trabajo mejor remunerado y sin tantos riesgos, Héctor habla en presente cuando platica acerca de la labor de un Ministerial, como si todavía estuviera en la corporación. Se le nota el entusiasmo que tenía por su oficio cuando narra algunas anécdotas, como esa de que un 30 o hasta un 40 por ciento de los ladrones a negocio o casa habitación orinan o defecan en el lugar del robo.

“La adrenalina hace que dejen su marca”, recuerda. Sabe que hay algunos elementos corruptos o que incluso en las jerarquías más altas pudiera haber mandos coludidos con la delincuencia organizada, pero señala que son minoría. La displicencia o indiferencia para atacar a este tipo de delincuentes proviene principalmente del temor.

“No le quieren entrar”, explica. “Allí en la Ministerial no te dan apoyo. Deben ser los únicos que cuando van a declarar en relación a unos trabajos, vas solo, por tu propia cuenta; tú mismo eres tu abogado: no te respaldan para nada. A los de la Regia o Seguridad Pública los mandan con jurídico, acá es ‘ráscate solo como puedas’”.

Explica que los agentes elaboran el parte (el informe) de la investigación, pero luego deben presentarse en el juzgado para ofrecerlo como prueba. Allí, en audiencia pública se pronuncia su nombre.

“Te mandan llamar en voz alta, ‘fulano de tal’. Con el puro nombre tienen para ubicarte luego. Mucha gente se paniquea muy gacho. Por eso luego cuando van a detener a alguien, si se ve que son mañosos, dicen ‘déjalo que se vaya, no te metas en broncas’”.

Luchando por justicia
El vocero de seguridad en Nuevo León, Jorge Domene Zambrano, dice que es complicado resolver el temor que pudiera inhibir la acción de los agentes.

“Difícilmente vamos a poder hacer un cambio trascendental, como si fuera un juez sin rostro. Lo que estamos haciendo es fortalecer instituciones, darles mayor confianza, equiparlos mejor. Y como ayer (11 de enero) decía el gobernador en la graduación de los nuevos ministeriales: ‘Aquí nadie está a la fuerza’”, comenta en entrevista para LA ROCKA.

El reto, afirma, es vencer el miedo en las corporaciones, consecuencia a veces de la insuficiencia de capacidad de respuesta al fuego, por ejemplo.

“Sabemos que mucho que ocurrió de la infiltración y cooptación fue eso. El temor a hacer el trabajo, a veces con razón, porque estaban mal equipados, mal entrenados. Todo eso lo hemos sido evolucionando para que podamos tener la policía que necesitamos tener”.

El funcionario desmiente las noticias que surgieron en la segunda semana de enero, respecto a deserciones de elementos de la relativamente nueva Fuerza Civil, por incumplimiento en las prestaciones y sueldo ofrecidos, según denunció el Consejo Cívico de las instituciones en Nuevo León y publicó El Norte.

“Si tú lees lo que ha salido, no hay ninguna fuente oficial. Eso es lo más lamentable. Lo que ha pasado es lo que pasa en cualquier negocio, en cualquier tema donde existe el recurso humano: hay rotación. Lo que tenemos que medir es que si esa rotación es razonable o si está habiendo algún fenómeno que esté provocando el que la gente decida no continuar”.

Refiere que únicamente se han presentado tres abandonos de elementos graduados de la academia, que, dice, es igual a nada.

“Donde ha habido deserción es en los que están como cadetes, que porque la familia no los dejó, o el desgaste y la friega que les ponen es mucha, pero no necesariamente porque no seles esté cumpliendo. Es algo que está más como rumor, no está sustentado, y que más que una deserción es un abandono de parte de ellos porque se dieron cuenta que no es lo que ellos aspiraban en su profesión”.

‘No somos adivinos’
La percepción ciudadana contrasta con las estadísticas de las autoridades, que en sus números oficiales sugieren una disminución en el delito.

Por ejemplo, los números de 2011 cuantificaron un total de 3 mil 327 robos “a persona”, es decirla intercepción a alguien en la calle para despojarlo de sus pertenencias. De ellos, “únicamente” 2 mil 116 fueron con violencia (utilizando algún arma o amenaza de daño).

En diciembre, según las cifras oficiales, hubo un promedio de 11 robos diarios. El detalle es que en estas estadísticas sólo aparecen aquellos casos con denuncia de por medio... Y todos sabemos que es un porcentaje ínfimo el de ciudadanos que acuden a presentarla cuando ha sido víctima de un atraco.

“Lo primero que hemos pedido (a la ciudadanía) es la denuncia, en ese sentido sabemos que la cifra negra es algo que no ayuda a la labor de investigación, a la labor policiaca, porque podemos hacer muchas cosas, pero adivinos todavía no somos. siempre se pide la colaboración”, dice Domene.

Las autoridades estatales del área de seguridad están conscientes de la problemática, agrega el vocero. La manera de bajar la incidencia, además de tener la información oportuna de los ciudadanos, es mejorar la presencia de las fuerzas del orden.

“Y aunque esto le corresponde más directamente a las policías municipales, el Estado siempre ha estado colaborando para poder capacitarlos mejor, unificar tecnologías, en los radios, en los GPS, de poder estar más articulados y coordinados e ir reduciendo esos índices.

“No podemos decir que es toda la cifra que tenemos (en las denuncias), porque a la gente le da flojera o le da miedo”.

La Ley del dedazo
El problema principal de cuanto a la inseguridad pública (sin ir a los problemas de fondo en el tejido social descompuesto) radica en la impunidad. La ley Penal termina muchas veces favoreciendo a delincuentes bien asesorados o que tienen una noción de las consecuencias legales de sus hurtos.

Eludir una detención prolongada no resulta tan difícil...salvo cuando hay flagrancia, es decir, que la autoridad sorprende al o los delincuentes en la comisión del asalto, hay laberintos jurídicos y de procuración de justicia que pueden dejar en libertad a muchos ladrones.

Por ejemplo, el robo de autos, actualmente una práctica favorita tanto de la delincuencia organizada como de ladrones comunes (se reparte, según el vocero Domene, en mitades, 50 y 50 por ciento).

El abogado penalista Raúl Trejo explica el proceso que un delincuente utiliza para salir librado o lo menos afectado posible de una sentencia por robo.

Ejemplifica con un auto robado, localizado en circulación por la calle. De inicio, los integrantes de una banda de asaltantes se protegen entre sí.

“Cuando presentan a los detenidos que tripulaban un vehículo robado, por lo general nada más uno va a la cárcel: el que maneja dice ‘los invité a dar un rol, a mí me prestó el carro fulano de tal y estos weyes no sabían’, para zafarlos”.

Explica que, salvo que tengan antecedentes, los acompañantes pueden ser liberados con esos argumentos, a excepción de que los identifique el afectado (o haya alguna videograbación); pero es sabido que tras un robo resulta difícil para la víctima recordar los rostros de todos los asaltantes, y además algunos permanecen ocultos en otro auto o lugar cercano.

Cuando los maleantes forman parte de alguna agrupación dedicada al narcotráfico, pueden ser más sofisticados en su proceder y llegan a presentar facturas falsificadas para alegar que compraron el automóvil de buena fe, dice el abogado Trejo.

“Tienen facturas clonadas, tú la ves y es igualita a la original. Agarran una factura de un carro nuevo y con una impresora láser a color y sellos las hacen. Luego presentan testigos de la supuesta transacción y con una buena defensa pueden salir”. Además, precisa, los delincuentes van preparados para resistir las presiones (físicas y psicológicas) de quienes los detienen.

La Ley del dedazo (Parte II)
Lo anterior en cuanto al robo de vehículos. Los ladrones que van por la cartera, el celular, la laptop, el reproductor de música, saben que también la pueden librar sin pasar por un encierro considerable gracias al beneficio de la condena condicional.

Esta modalidad jurídica permite al acusado de un delito quedar en libertad si la sentencia definitiva del juez no pasa de cinco años.veamos paso a paso en la explicación del abogado Trejo: “Te vas al monto de lo robado: si no excede de las doscientas cuotas (una cuota es un día de salario mínimo), la pena es de seis meses hasta tres años”, dice.

Como el salario mínimo vigente es de poco más de 60 pesos diarios, si lo robado no excede de un valor de 12 mil pesos alcanzaría dicha pena en la hipótesis de que no hubiera habido violencia (física o con amenazas).

Alguien que da un cristalazo en un coche por una laptop pequeña, o quien aprovecha un descuido para robar un celular en un restaurante, entraría en este supuesto.

(Si se ejerce la violencia, hay que agregarle una penalidad de tres a doce años, dependiendo del tipo de violencia utilizada). Si el monto de lo robado excede de las doscientas cuotas pero no pasa de setecientas cuotas (es decir, poco más de 42 mil pesos), la prisión es de dos a seis años de cárcel. Un robo sin violencia de un coche pequeño de modelo antiguo fácilmente cabe en esta suposición; el “rata” podría salir pronto.

Conviene precisar que el beneficio de la condena condicional exige algunos requisitos, como el que no haber sido sentenciado previamente por un delito, el pago de una fianza, y que el reo haya observado buena conducta durante el juicio (el cual puede durar tres meses con un buen abogado).

Anteriormente esta modalidad, explica el litigante, era concedida a quienes eran sentenciados a cuatro años o menos; se amplió a cinco, buscando aligerar la demografía en las cárceles. Es aplicable en cualquier delito cometido, es decir puede favorecer lo mismo a alguien acusado de fraude, lesiones o daño en propiedad ajena, y no exclusivamente a un ladrón.

Este beneficio fue el que dejó en libertad el año pasado a Julio Berrones Rodríguez, delincuente que luego sería acusado de participar en el ataque al Casino Royale.

Berrones Rodríguez cayó en la cárcel por presuntamente asaltar una gasolinera, en julio de 2010. Al momento de ser detenido, según el parte oficial, viajaba en un auto con reporte de robo y con placas sobrepuestas. El 13 de julio de 2010 se le dictó auto de formal prisión.

No obstante, el 21 de junio de 2011 obtuvo su libertad luego de pagar una fianza de 15 mil pesos. A él se le procesó por delito equiparable a robo; es decir, no se le probó que hubiera sido él quien cometió el asalto a la gasolinera ni quien se apoderó del auto robado en que viajaba. Pasó once meses en la cárcel y luego salió por condena condicional… para involucrarse en la masacre meses más tarde.

(Estamos hablando únicamente de personas que al cometer un robo han cumplido los 18 años de edad. En el caso de los menores de edad asaltantes –sea que los reclute y adiestre alguna organización criminal, o que se involucren por su propia voluntad– la situación es peor... O para ellos, más favorable.
 Los “ladrones - niños” no alcanzan prisión, sino son internados en el Consejo Estatal para Menores, con otro tipo de proceso, penalidades más leves y la posibilidad de recuperar la libertad más rápido. Merecen un reportaje aparte).

La noción de impunidad, pues, resulta seductora para quienes delinquen, sean integrantes o no de algún grupo importante de delincuencia organizada.

El conocimiento básico del código penal y un buen abogado pueden ser suficientes para motivarlos a cometer fechorías. La permuta de unos meses en la cárcel (en el supuesto que lleguen a ser detenidos) por algunos buenos botines por día, por semana o por mes, es, sin duda, una tentación muy fuerte para los delincuentes.

Futuro incierto
¿Hasta cuándo?, es la pregunta primaria que formulan los ciudadanos en torno a la inseguridad. La sensación de peligro al andar por la calle es constante entre quienes carecen de autos blindados y no cuentan con guardaespaldas.

El discurso oficial tiende al optimismo, claro, pero no es alentador. En el caso de los vehículos, la primera meta significa disminuir el delito hasta que se robe “únicamente” un carro cada hora y media, señala Domene, el vocero estatal de seguridad.

“Si seguimos mejorando las estrategias, la meta a corto plazo es llegar a cuarenta por día, porque en 2009 teníamos ese promedio. No es a donde queremos llegar, pero sí somos conscientes de que tenemos que poner todo un proceso y unas metas alcanzables”, dice.

“Algo que no podemos dejar de ponerle atención y decirlo, es que robos siempre va a haber; hablar de cero robos es una utopía. Lo que queremos es bajar a índices razonables. Y lo segundo, empatado con esto, es la forma como se cometen los asaltos”.

Domene asegura que en el rubro del robo con violencia las estadísticas van a la baja. “Esto es algo en lo que vamos a poner especial atención y cuidado; que si llegas a tener el robo, que no tenga una consecuencia que pueda ocasionar daños psicológicos, que creo que es lo que más afecta a la ciudadanía”.

Comprende el deterioro que la inseguridad ha dejado en la imagen del Gobierno Estatal. Pero no queda más que adaptarse y trabajar para que cambien las cosas.

“Lo veo como una adaptación a la circunstancia que vivimos, que sin duda tendrá que ser algo temporal. La apuesta está en que la seguridad tendrá que mejorar en nuestro Estado sí o sí”. Mientras, un ladrón se frota las manos.

¿A dónde va lo que se roban?
Celulares, laptos, dispositivos electrónicos. “Los celulares a veces los usan para extorsionar, luego, cuando los desactiva la víctima, los venden o regalan entre sus amistades y familiares”, dice el exministerial.
Si no, los van a empeñar y obtienen 200 o 300 pesos por aparato. “Hay muchas casas de empeño donde no te piden identificación y te dan 500 pesos por una laptop. Lo que les den es bueno para ellos”, explica.

Autos. “Con los coches hay una falsa creencia”, explica Jorge Domene Zambrano, vocero de Seguridad en Nuevo León,. “Pareciera que hay todo un desfile de la salida de los vehículos que se roban; en lo que hemos hecho mucho énfasis es que en Nuevo León se recupera el 80 por ciento de los vehículos.

“Es decir, no necesariamente un vehículo que se roban se va a otro estado o a otro país. Mucho de lo que ha incidido en el crecimiento de los robos es que los utilizan para delinquir y después los abandonan –al día siguiente, al tercer día, a los cinco días. sí hay un fenómeno muy marcado donde, sin duda, está utilizándose para ello”.

Hay un mercado que se dedica a robar autos para desmantelarlos, vender autopartes y lo que sobra de la carrocería y el chasis como chatarra. Los catalizadores son valiosos por el platino que contienen.

El auto más robado: Tsuru y los derivados de Nissan: Sentra, Estaquitas, Tiida, Altima. “Esos mercados del robo del Tsuru están mucho más identificados y hemos logrado en estos últimos seis meses bajar sustancialmente el robo de esos vehículos. Todos los operativos que se han visto en los últimos seis meses están muy enfocados al tsuru y esto ha ayudado, sin duda, a que la incidencia baje”, explica el vocero Domene.

Aunque a principios de enero dos delincuentes afirmaron que vendían los coches (de reciente modelo) en Reynosa, donde les pagaban 150 dólares por auto, Domene señala que los ladrones obtienen por auto robado un promedio de 10 mil pesos. 

El enemigo imparable
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