Futbol para pen... santes. Parte I

Y se escuchó el himno. Los dieciocho jugadores del plantel mexicano estaban en la cancha de Wembley con la medalla de oro al cuello.

Oribe Peralta anotó dos veces y en el último suspiro del partido el brasileño Oscar remató desviado un gol cantado. Se consumaba una victoria histórica y venían los festejos. Por primera vez se alcanzaba una presea áurea en deportes de conjunto en Juegos Olímpicos y la conseguía el deporte más popular del País. 

Y tras dos triunfos Mundiales en categoría sub 17 y otros resultados alentadores, parece que por fin el futbol mexicano – de la mano de un desempeño colectivo aceptable y de jugadores de solvencia individual destacada- se desprende de complejos de inferioridad y otras taras mentales que lo dejaban en la orilla cuando se tenían expectativas altas.

La victoria, sin embargo, llegó en un momento difícil para México. El país está sumido en una violencia que no cesa y riega cadáveres por todos los rincones. Asimismo, se obtiene un triunfo deportivo mayúsculo justo mes y medio después de unas elecciones marcadas por la inequidad en los espacios de difusión, opacidad en el financiamiento de las campañas y por cuestionables métodos de inducción al voto, y cuyo desenlace ha propiciado las protestas de decenas de miles de mexicanos por todo el País.

Entonces, lo que podría ser considerado como razón de felicidad y motivo de sentimientos de orgullo, enciende señales de alerta.

El futbol con todo su despliegue de mercadotecnia detrás, expresan algunas voces, está siendo utilizado como distractor de los problemas esenciales de los mexicanos.

Hace algunos meses, Roberto Gómez Junco, periodista deportivo y tenaz consumidor de literatura, asistía a MARCO a la presentación de Papeles en el viento, la más reciente novela del argentino Eduardo Sacheri. Iba en calidad de un lector y admirador más del autor de El secreto de sus ojos (a la postre una historia convertida en guión y ganadora de Oscar a Mejor película extranjera), sin haber intercambiado nunca palabra con el escritor.

Al día siguiente, por esas cosas del futbol, ya estaban almorzando juntos, como conocidos de toda la vida.

Sacheri concedió una entrevista para LA ROCKA en aquella ocasión, cuando el triunfo en una final contra Brasil, en Inglaterra, era impensable. A Gómez Junco se le buscó mucho después.
Así, de la charla con ambos por separado, surgen algunas pistas para entender el poder del futbol, su posible uso distractor y la pasión que genera alrededor del mundo.

Gómez Junco: Un crítico crítico 

Para muchos, Roberto Gómez Junco es el mejor comentarista de futbol de México. En el ex jugador de Atlético Español, Tigres, Rayados y Chivas sobresalen la capacidad de análisis y el dominio del lenguaje (en forma oral y escrita), además de su objetividad.
Gomez Junco es editorialista del Grupo Reforma y fue comentarista de Tv Azteca y hasta hace algunos días de Televisa. Un par de días después del la medalla de oro tricolor en el futbol olímpico, se puso al teléfono para una charla donde aparece su preclara manera de ver el futbol así como su afición por la buena lectura.
 
Siempre lo hemos escuchado y con el reciente triunfo olímpico de la Selección volvió a salir el tema: el futbol es utilizado como distractor de los problemas esenciales. ¿Lo crees así?
De hecho se utiliza para distraer y utilizarlo como distractor me parece lamentable. Entiendo que por sí mismo funciona como un bálsamo, como una válvula de escape muy necesaria para mucha gente. Es legítimo festejar este triunfo histórico, sentirse contento, sentirse satisfecho, sentirse incluso orgulloso de ser mexicano, aunque los que ganaron eso fueron los jugadores y el cuerpo técnico y en alguna medida los dirigentes que algo hicieron bien para que el proceso de este equipo fuera el adecuado.

Cuando ya se utiliza como distractor, cuando se aprovecha esta circunstancia para distraer a la gente, para promover que se olvide de problemas más importantes, allí sí me parece lamentable, y en ese sentido los medios de comunicación, los gobernantes tienen una gran responsabilidad.
No se trata nada más de lucirse con el deportista triunfador en turno. Se trata, en lo que se refiere al deporte, de realmente promoverlo, de realmente sentar las bases para que el deporte sea mejor, para que los mexicanos practiquen el deporte en el entendido de lo que esto implica en la formación integral de cualquier ciudadano;  pero no colgarse de las medallas o de los triunfos para distraer a la gente, para hacerle pensar que México ya es mejor como país por un simple triunfo deportivo.

 
Vemos que al futbol se le dedican muchos programas de radio, espacios en televisión, en las páginas de los diarios. ¿La gente lo pide o es algo preparado precisamente para distraer?
Es una combinación de ambos factores. Saben que la gente pide eso, pero saben  también que implica negocio el fanatizar a la gente, el meterla como consumidora rabiosa del futbol en particular o del deporte en general. Ni siquiera se planifica mucho, se entiende el beneficio que allí está, se entiende que se puede aprovechar la ignorancia de la gente para sobredimensionar la importancia de un evento deportivo, o la del futbol en particular, porque es el deporte que más cosas genera dentro del deporte.

El futbol es un fenómeno social digno de ser estudiado, porque no nada más en México provoca todo esto. Creo que los medios de comunicación tradicionalmente han visto un negocio, han visto que fácilmente se le puede meter a la gente en esta vorágine del consumismo: ‘es importantísimo que vayas al estadio, es importantísimo que apoyes a tu equipo, que pagues el boleto, que ya estando allí consumas lo que deba consumirse’, todo lo que rodea al negocio del futbol.

Creo que se da instintivamente, ni siquiera hay una gran planificación de por medio. Hay una plena conciencia de lo bondadoso que puede ser este negocio y entonces sí a veces interviene la irresponsabilidad de muchos que no entienden que convertir al aficionado en un consumidor a tal grado también hace que se cree, que se propicie, que se sienten las bases para el florecimiento del fanatismo, con todo lo que esto puede implicar: aficionados que pierden a tal grado la dimensión de las cosas, que son capaces de agredir al de enfrente porque le va al otro equipo.
 

En México se invierte mucho dinero en el futbol: contratos de televisión, transferencias de jugadores, sueldos. Se dice que hay jugadores que ganan más de un millón de pesos al mes…
Allí tenemos que separar el dinero que es invertido de empresas particulares, que tienen todo el derecho a gastarlo como les dé la gana  y el dinero que no puede venir del erario. Cuando, por ejemplo, los gobiernos estatales intervienen en equipos de futbol y ponen lana que debería estar destinada a asuntos más importantes, me parece muy grave.

Al futbol no tiene porque meterle dinero ningún gobierno, porque el futbol en sí mismo es un negocio suculento, el empresario que arriesgue su dinero y le entre al futbol y normalmente salga ganando (porque salen ganando, aunque casi siempre se quejen de supuestas pérdidas), ese empresario que mete su dinero y lo utiliza como negocio tiene todo el derecho de hacerlo, lo que sí debe revisarse es que no haya un solo peso del erario, un solo peso salido del presupuesto del gobierno, del dinero que los contribuyentes a final de cuentas aportan, para promover el futbol profesional.  

Hay que promover la práctica del deporte como parte del desarrollo personal de cualquier persona, como parte de la educación integral a la que me refería.

 
El factor económico es una situación a nivel mundial. Parece ser ya una premisa que el que invierte más tiene más triunfos. Pero luego vemos las deudas de clubes en España o Inglaterra de millones de euros.
Sí, porque es mal manejado. Porque el futbol es un negociazo, eso es indudable. Cuando se habla de las cifras exorbitantes: ‘se pagó por tal jugador tal cantidad de dinero’, se habla del que lo gasta, pero también hay alguien que lo recibe: es un dinero que pasa de unas manos a otras. A veces puede haber pérdidas porque es mal manejado como negocio el futbol, porque son avorazados los dirigentes y porque también, desde hace buen rato, se ha entrado en esa confusión entre armar bien un equipo y mercantilizarlo.

Real Madrid ya está pensando ‘a quién contrato’, no tanto el beneficio futbolístico que a fin de cuentas tendría que ser lo prioritario, sino buscando el impacto mercadotécnico.

Eso es parte de la sociedad de consumo a la que me refería; ya no piensa el aficionado si su equipo va a ser o no más competitivo si se reforzó adecuadamente en aras de que el equipo funcione mejor, sino en ese impacto comercial, publicitario: ‘qué gran figura viene como para yo presumirla’ y seguir consumiendo este producto, seguir pagando este boleto (que, además, seguramente subirá de precio); seguir comprando las playeras, que hay que cambiarlas a cada rato para que el consumo alcance sus más altos niveles.

 
¿Concuerdas con los que piensan que la selección de España es la mejor de la historia?
En cuanto a logros, sí. Sería muy difícil para mí compararla con la Holanda del ’74 en cuanto al futbol desplegado, lo que pasa es que esa Holanda no fue campeona, ya no fue lo mismo en el ’78 aunque llegara también hasta la última instancia y perdiera la final. En cuanto ese futbol jugado y ese futbol reflejado en logros (Eurocopa, Copa del Mundo y otra Eurocopa): cuatro años redondos en donde demuestran que son el mejor equipo del mundo, pero además defendiendo ciertos principios que para mí son fundamentales en el futbol: es una España que siempre respeta la posición de la pelota, el jugar más tiempo en la cancha del adversario.

En pensar cómo vulnerar la portería de enfrente y no tanto en defender la propia. Eso que defiende desde hace varios años, a un nivel excelso, el Barcelona ha sido trasladado a la selección española. Porque sí es muy claro que la tónica, el estilo, la manera de jugar, de enarbolar ciertos principios en el equipo de España tiene que ver más con el Barcelona que con el Real Madrid, que por supuesto ha sido un magnífico complemento.

 
En tu experiencia, con lo que viviste como jugador y lo que has analizado como comentarista ¿el futbol mexicano está mejor o peor que hace 20 o 30 años?
Mucho mejor, no hay duda. El futbol mexicano, a pesar de los pesares evoluciona; hay muchas cosas qué corregir, sigue habiendo mucha improvisación a niveles directivos, el criterio económico de corto plazo por encima del criterio futbolístico de plazo largo que tendría que ser siempre el que prevaleciera, la Selección Mexicana que va a Estados Unidos a jugar partidos encaminados nada más a sacar lana y no a respetar un proceso de preparación...

Pero poco a poco eso ha ido cambiando; esto de la Selección Olímpica para nada es casual. Ya hay un respeto por cómo preparar un equipo: ‘aquí hay un técnico en el que confío’. A Luis Fernando Tena se le avala después del fracaso de Copa América entendiendo que él no era el responsable, que llegó a ese torneo con un equipo prácticamente amarrado, con grandes desventajas. Ya se hacen cosas mejores.

El futbol a pesar de las decisiones equivocadas de los de pantalón largo evoluciona, el futbolista mexicano está cada vez mejor preparado en el renglón físico, es cada vez más disciplinado, los técnicos son cada vez más capaces, ya no cualquiera dirige durante cierto tiempo. Puedes esconder tu incapacidad como técnico en uno o dos torneos, pero a la larga se imponen los que saben qué hacer, los que saben cómo aprovechar las características de sus jugadores, los que saben ponerlos a jugar a algo en cuanto al funcionamiento colectivo. Indudablemente cada año el futbol mejora, este futbol mexicano no es casual que esté consiguiendo tantas cosas: los campeonatos sub 17, el ser competitivo en copas del Mundo, aunque siga faltando ese brinco para convertirse en protagonista en ese máximo evento, pero ya lo de los Olímpicos es un aviso de lo que puede hacer el futbol mexicano.

Sigue habiendo muchas cosas por corregir, pero el que no vea la evolución del futbol, el que piense que se juega igual ahora que hace veinte años simplemente no le entiende al juego.

 
Para muchos eres el mejor comentarista de futbol  en México. ¿Qué piensas del periodismo deportivo que se hace en nuestro país?
Cada quien debe tener su propia autocrítica, su propia capacidad para ver qué está haciendo bien y qué está haciendo mal. En términos generales sí creo que hay mucha improvisación en el periodismo deportivo; hace falta gente más capacitada, más responsabilidad para manejar una pluma, para estar frente a un micrófono, pero eso ya es cosa de cada quien.

En el periodismo tradicionalmente se menosprecia la parte del futbol. En cualquier medio tú llegas si quieres empezar como reportero (y te dicen) “bueno, pues empieza y ve al entrenamiento de Rayados o Tigres o qué dijo Jorge Vergara de las Chivas”. Existe ese menosprecio, como que en el futbol se puede echar a perder y creo que sí falta más profesionalismo, gente que conozca el medio, gente que maneje con responsabilidad los espacios a los que va a teniendo acceso.

En términos generales diría que falta mucho por progresar en el periodismo deportivo en México y particularmente en el periodismo con respecto al futbol. Se es muy proclive a criticar a los directivos, a los técnicos, a los jugadores, sin entender que el propio periodista tiene mucho por aprender y tiene mucho por mejorar.

 
No es difícil pensar que esa capacidad de expresión, además de una preparación académica y familiar  tiene que ver con tu gusto por la lectura. Has hablado en tus columnas y en Twitter de Paul Auster, de Javier Marías ¿Qué lees, qué tanto tiempo le dedicas a la lectura?
Por lo menos una hora diaria. Cuando no leo durante el día, una hora antes de dormir es obligatoria, porque es parte de la terapia incluso para ir invitando al sueño, para ir preparándome para dormir. Hay gente que se duerme viendo televisión, yo la tele dejo de verla tres o cuatro horas antes de prepararme para dormir (si es que la vi durante el día).

Incorporé desde hace mucho la costumbre de la lectura, quizá como futbolista en gran parte para mí era un refugio, los viajes largos, las concentraciones, la convivencia no es fácil con tantos compañeros durante tanto tiempo; la lectura me hizo muchas veces refugiarme, hacer que el tiempo pasara más ligero en esos momentos. Desde jugador me acostumbré mucho a leer, aunque desde antes ya tenía el gusto por la lectura.

Yo me recuerdo como lector desde los dieciséis, y lector quiere decir siempre tener un libro a la mano: al acabar un libro empezar el otro. No hay día en que no tenga un libro que leer. A veces hasta se me juntan. Sí creo que de algo me ha servido, pero además entiendo que la lectura por sí misma representa un entretenimiento fabuloso; no se trata de que leas para que te cultives, lee porque en sí mismo, si le vas encontrando al tipo de lectura que más te gusta, te puedes divertir muchísimo, te puedes entretener como no te imaginas.

 
Y además de Auster y Marías, ¿qué otros autores son de tu devoción?
Javier Marías me parece de lo mejor de los escritores actuales, además muy futbolero: es seguidor del Real Madrid. Todo lo que escriba Javier Marías lo leo. Me gusta Enrique Vila-Matas… El caso en México de Juan Villoro, que también he leído todo lo que saca. En su momento lo que escribió Jorge Volpi (En busca de Klingsor), me gustó muchísimo. Para regresar con los españoles, Eduardo Mendoza, un escritor también muy entretenido.

Esas son las lecturas actuales, pero en su momento fui pasando cada etapa. A los veinte años leía a Dostoyevski, Herman Hesse; el Quijote para mí es una lectura obligada y en mi caso ha sido recurrente: lo he leído tres o cuatro veces, porque cada vez lo disfrutas de una manera distinta.

A García Márquez le leí prácticamente todo; me gusta Cien años de soledad, pero me quedo con El amor en los tiempos del cólera. De Vargas Llosa,  La Tía Julia y el escribidor es entretenidísima, cuando hablo de divertirse leyendo ése sería un gran ejemplo: aprendes cómo se maneja el lenguaje, entiendes algunas cosas de la circunstancia peruana, pero también te diviertes, puedes reír a carcajadas leyéndola.
 

¿Por qué la salida de Televisa?
Estoy agradecido con Televisa, estuve cinco años y medio, yo sentía que era hora de terminar la relación, de tomar un descanso, de revisar conceptos, de plantearme objetivos, nunca me he conformado con ser un comentarista más. Siempre he pensado que hay que mantenerse actualizado, hay que renovarse.

En este caso yo sentía que esa renovación implicaba dejar Televisa, por muchas circunstancias, por muchos motivos. En general, me voy agradecido con Televisa, en particular con Javier Alarcón con quien siempre tuve una relación muy respetuosa.  Y digo Javier Alarcón porque él fue quien me buscó hace cinco años y medio cuando yo tenía tres años de haber dejado Tv Azteca.



Entrevista a Roberto Gómez Junco
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