Futbol para pen... santes. Parte II

QQue el lector diga si Eduardo Sacheri es o no un apasionado del futbol. En marzo, horas antes de viajar a México a promover ***Papeles en el viento***, el escritor, hincha del Independiente, intercambiaba desde el aeropuerto mensajes de texto con su hijo (también Rojo), quien le informaba los movimientos en el marcador de la visita de Independiente a Boca Juniors.

El cuadro de Avellaneda derrotaba tres a uno a los xeneizes en la primera mitad, pero luego Boca daría la vuelta al partido, cuatro a tres, y los mensajes dejaron de aparecer en el celular.

Sacheri pensó que se había consumado una derrota vergonzosa. Un rato después, recibió una llamada telefónica de su hijo eufórico: habían ganado cinco a cuatro. El escritor, conmovido, no pudo contener las lágrimas enfrente de la dependienta de una tienda típica de sala de espera. Así viven el futbol los argentinos (y muchos otros locos alrededor del mundo).
 
Hay muchos detractores del futbol. El argumento más usado es que se utiliza como un distractor por “el poder”. Defiende al futbol (si es que lo quisieras defender).
A mí me encanta el futbol, me parece verdaderamente una escuela de vida. Me parece que se aprenden muchas cosas jugando al futbol; sobre todo jugando, también viendo, pero lo que yo más defiendo es el jugarlo.

Más allá de eso, no pienso que el futbol sea más importante que el resto de las cosas de la vida, en lo absoluto; simplemente me parece que es uno de los escenarios donde vivimos la vida, tan respetable como otros.

Tampoco me gusta la sobre explotación a que “el poder” somete al futbol precisamente con un afán distractivo. Comparto que esa acción existe y estoy en contra de que esa acción exista. Creo que si no estuviera el futbol hallarían otro distractor, en todo caso. Si tienen que elegir entre una guerra y el futbol prefiero que elijan el futbol.

 Por supuesto que sería mejor que no eligieran ninguno (como distractor). Pero me parece que el fundamentalismo religioso, el nacionalismo agresivo, la xenofobia son peores distractores que el futbol. El futbol tiene muchas cosas buenas, mucho más allá de cualquier manejo que pueda intentar el gobierno.

 
¿Pero cómo se maquina, desde el poder, algo así? ¿Hay una reunión de líderes que dicen “vamos a darles futbol”?
Yo creo que hasta esos líderes, cuando juega la selección de su país, prenden la tele. No sé cómo explicarte eso… No lo veo tampoco como una manipulación de unos cerebros… Creo que así funciona para cualquiera.

Por lo menos en mi país, estoy seguro que cuando juega la Selección en un Mundial la parálisis de actividades incluye a esos supuestos cerebros en la oscuridad. Realmente a todos nos incumbe.

Me parece que también es parte de la naturaleza del hombre la de cifrar grandes expectativas en pequeñas cosas; no vivimos siempre atentos a los grandes asuntos, creo que no podríamos. Nadie está al pendiente de los grandes valores todo el día. Sería insoportable una vida así.

 
Ahora conviértete en crítico del futbol. ¿Qué le cambiarías a este deporte?
Desde el punto de vista reglamentario me parece que la incorporación de tecnología está bien y no le quita nada y lo vuelve un poco más justo. Estoy acordándome del partido Alemania vs Inglaterra del Mundial pasado; o del partido entre Argentina y México, donde Argentina mete un gol en un offside escandaloso y mientras se está exhibiendo por las pantallas. Me parece muy esquizofrénico eso.

Y me parece que habría que pensar en el tiempo real de juego; digo esto, como tiene el básquet. No digo 45 y 45, no sé cuánto, ¿30 y 30?, bueno,  para evitar esta cosa tan sucia de hacer tiempo y esconder el balón cuando sale de la cancha si vas ganando y esas cosas…

 
Que los 0 a 0 no den puntos a nadie, han propuesto acá…
Hubo una temporada en Argentina que los empates se definían por penales. Y no me pareció tan mala idea; pero no con esto del cero a cero. Ehm… tendría que pensarlo, me agarrás así demasiado de mañana (ríe). No sé si me convence del todo.
 
Vemos en estos días al Barcelona, que se dice que es el mejor equipo de la historia. Ves un espectáculo como el del Barsa y luego volteas a ver tu liga y no atrae igual. Aquí han bajado los índices de audiencia televisivos, asistencia a los estadios…
 Yo creo que eso lejos de disminuir va a aumentar, con este tema de la globalización. Antes no veíamos, por lo menos en Argentina, futbol europeo con la civilidad que uno ve todos los partidos que quiere ahora. Y claro, está viendo a los mejores jugadores del mundo, porque los mejores van para allá. Por lo menos en mi país, yo creo que vos podrías armar, con los argentinos que juegan en Europa, una liga completa, de la cantidad que hay. Estás jugando con el tercer nivel de jugadores en tu propio país.

(Larga pausa). Me parece que algún tipo de freno habrá que poner a la partida de jugadores; no sé si un freno de edad o un freno de qué tipo. Recuerdo una época, en los ochenta, cuando los europeos sólo autorizaban, creo, dos plazas de extranjero en cada equipo. Eso hizo que muchos jugadores no emigraban porque no tenían lugar. Si ahora la cosa ha cambiado y ellos no tienen problema en incorporar, tal vez haya que mitigar la salida de grandes jugadores de acá.

 
¿Y crees que el Barsa es el mejor equipo de la historia?
A mí esas afirmaciones de “la historia” me resultan un poco excesivas e ingenuas. Esta necesidad de encontrar un casillero donde guardar las cosas: “es el mejor”, “es el peor”, “el mejor que…” “el peor que…” sin quedarnos en todo caso con la contemplación y el placer estético.

Me encanta cómo juega el Barcelona, me encanta verlo y me gusta que gane, porque creo que protagonizan ciertos valores con los que estoy de acuerdo. Si es el mejor equipo de la historia… Para empezar, futbol europeo yo lo veo hace muy pocos años. En Argentina no se veía. Entonces, yo no sé cómo jugaba el Barcelona de Cruyff, o al Real Madrid de DiStefano, o al Brasil del 70. No lo sé; a duras penas me acuerdo del Independiente campeón de todo en el ‘83. Sí me parece que en este momento son los mejores.

 
Cómo acomodaríamos entonces la pregunta respecto a Messi y Maradona. Sí viste a los dos…
Me parece que… (medita la respuesta), depende de dónde pongamos la condición de mejor. Si tenemos que poner al más exitoso todo indica que Messi va camino, con los títulos que ya ha cosechado, en sacarle una gran distancia a Maradona. Ahora, si vamos al más carismático, o al que está más dentro del corazón de los argentinos, Messi tiene mucho que hacer todavía en relación a lo que es Maradona. Me parece que lo peor que le sucede a Messi es que haya existido Maradona, en Argentina. En el sentido que está sometido a una permanente comparación, debe molestarle mucho.
 
Y con la presión extra de que no ha pesado con la playera albiceleste…
Lo que sí recuerdo, pensando en eso, que los vi jugar a los dos, hasta el Mundial de México 86, Maradona tampoco había pesado con la playera de la Selección, cosa que la gente de mala memoria no recuerda. El romance y el amor incondicional de la Argentina con Maradona nace acá. Y nace en ese Mundial. Y ahí sí se vuelve eterno. Pero, digo, antes, Maradona en el Mundial del 82 ya jugaba en Europa y tuvo un papel relativamente importante… Entonces a Messi tranquilamente le daría uno o dos mundiales de oportunidad antes de empezar a matarlo. Y no tiene la obligación de ser más querido que Maradona; sí me encantaría que nos ayude a ganar un Mundial, como lo hizo Maradona en México.
 
Recomienda un cuento de futbol
El que más me gusta es un cuento de un argentino, Roberto Fontanarrosa -que escribió cosas bellísimas de futbol-, que se llama “La observación de los pájaros”. No es un cuento desbordado de pasión o de humor como muchos de Fontanarrosa, pero es un cuento que para mí retrata de manera excepcional el lugar que tiene el futbol en el alma de un tipo común.

En la ciudad de Rosario hay dos grandes clubes: Newell’s y Central. Se trata de cómo un hincha de Central recorre la ciudad sin querer enterarse de cómo va el partido del Clásico y cómo el mundo está lleno de señales que de todos modos le indican cómo va el partido. Me parece que es de una capacidad de observación estupenda.

 
¿Qué tanto cambió tu vida el éxito de El secreto de sus ojos y hasta qué punto se convirtió en una presión para, luego de ese éxito, afrontar otros retos literarios?
En cuanto a la primera parte de tu pregunta, el éxito de El secreto de sus ojos significó un nivel de exposición mediática muy fuerte. Muy fuerte para un escritor que en principio no es alguien destinado a que le hagan demasiados reportajes o aparezcan en demasiadas notas y en la televisión. Y que es algo que un escritor no espera. Digamos, si vos sos actor, por ejemplo, necesitas eso. Es como parte del conjunto: si te va bien, viene eso.

Con esto de que el éxito fuera literario, pero sobre todo cinematográfico, tuvo este costado de exposición y significó muchos viajes y una irrupción en mi familia de este mundo exterior que realmente no necesitaba ni me hacía demasiado feliz. Pero, bueno, creo que armado de paciencia y a sabiendas de que iba a terminar, creo que se completó el ciclo.

Creo que esa paciencia –y ahí voy a la segunda parte de tu pregunta- fue la que me permitió diluir bastante esa presión. Sinceramente, pienso que el éxito de algo depende de un montón de factores, uno de los cuales puede ser la calidad o el mérito; y otro montón de factores más: el azar, la necesidad de la gente, el momento histórico, el contexto.

Entonces, como lo único que depende de mí es hacer un buen libro, mi única presión es la de siempre: tratar de hacer buenos libros. A sabiendas de que si no pasa más nada, es suficiente con que sea un buen libro. Si lo es o no lo es, no depende tanto del éxito posterior, sino de otras cosas y otros factores que son hasta más íntimos.

 
En la presentación de Papeles en el viento se habló de una metáfora entre el futbol y la amistad: se gana, se pierde, se empata y si hay prórroga allí está. ¿Es la amistad la premisa de este libro?
Ahmmm, sí, es posible que sea un libro sobre la amistad… y sus altibajos. Porque si en ese libro lo único que hubiese fueran grandes amigos, fieles amigos y leales amigos no habría nada para contar. Es un libro sobre la amistad y sobre lo que cuesta mantener y defender una amistad y sobre el modo en que la vida nos cambia, en que la muerte nos cambia, y en que nos es muy necesario replantear cosas si es que pretendemos mantener una amistad. Los personajes se preguntan mucho sobre la amistad a lo largo del libro y a veces hacen en pro de esa amistad y a veces no.
 
Tus libros tocan temas interesantes, están escritos de manera amena, directa sin perder calidad. Quizá por ello algunas de tus obras están en programas de fomento a la lectura, en Argentina. ¿Cómo funciona, pensando en una posible aplicación en México, donde se tiene un promedio muy bajo de lectura al año?
En Argentina hay un Plan nacional de lectura, que depende del Ministerio de Educación, que está vigente desde hace diez años, lo cual para mi país es mucho (estas políticas a largo plazo) y entre otras estrategias está la de regalar pequeños libros: a lo mejor, un cuento, de autores muchas veces contemporáneos, a veces no tan contemporáneos, pero muchas veces contemporáneos., buscando justamente esa proximidad de intereses, lingüística. Y entonces a veces se trata de regalarlos en las escuelas o a veces en lugares inesperados, como puede ser un estadio de futbol. De hecho, me pidieron cuentos –junto a otros autores- para regalar al entrar a los estadios de futbol.

(Son) Libros muy chiquitos, muy económico en su hechura, de quince o dieciséis páginas, con la idea de que la lectura salga a tu encuentro y te pique el bichito (como decimos en Argentina), te estimule el interés por seguir leyendo. Hacer poco más en la práctica que en el objeto.


El futbol sigue siendo la pasión popular más importante del mundo; les guste o no les guste a quienes siguen todavía aferrados a los viejos prejuicios de izquierda y derecha, que han tenido y compartido sobre el futbol.

Para la derecha, el futbol era la prueba de que los pobres piensan con los pies; y para la izquierda, el futbol tenía la culpa de que el pueblo no pensara. Esa carga de prejuicio hizo que se descalificara una pasión popular. Lamentablemente eso también pasa en la izquierda, o en una izquierda que todavía no se ha enterado que Stalin murió; esta idea de que el partido o algún intelectual tienen el derecho de decidir cuál alegría es legítima y cuál no. Entonces, el futbol era una alegría ilegítima, porque desviaba al pueblo de sus destinos revolucionarios. Una estupidez total, y los hechos demostraron que no tenía nada que ver con nada. Yo sigo siendo un apasionado del futbol y a mucha honra.
Eduardo Galeano.- Escritor uruguayo. En declaración a la revista argentina Garganta Poderosa (Julio de 2012).

El futbol es un poco como las religiones. Se puede sentir intensamente, pero no aguanta un cuestionamiento racional, y siempre habrá predicadores que nos empujen a creer en él.
Además me maravilla lo poco que los futbolistas dominan su oficio. Lo normal en ellos es la mala puntería y mesarse los cabellos. Un pianista que cometiera tantos errores sería abucheado. Un médico perdería la licencia. Un piloto estaría muerto. Algo tiene que haber mal en la manera en que se aprende, se entrena y se planea el futbol. No es posible que tras años de profesionalismo, los jugadores tengan tan poco acierto en el cobro de tiros libres. Si adoptaran los modos, la disciplina y la mentalidad de los artistas del circo de Pekín, otro gallo cantaría.
David Toscana.- Escritor mexicano. De su columna Toscanadas, en Milenio. (Julio de 2012). 


El futbol es relativamente fácil de jugar; se puede practicar en cualquier lado; el número de jugadores variar: puedes jugar de tres contra tres, por ejemplo; pero lo decisivo del futbol es el gol. El futbol es fracaso constante, está hecho de 98 por ciento de fracaso. El gol representa el dos por ciento de acierto posible en un partido. De ahí la euforia que provoca, de ahí su importancia.
Martín Caparrós.- Escritor argentino. 


El futbol es popular porque la estupidez es popular. El futbol en sí no le interesa a nadie. Nunca la gente dice 'qué linda tarde pasé, qué lindo partido vi, claro que perdió mi equipo'. No lo dice porque lo único que interesa es el resultado final. No disfruta del juego. El futbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. Qué raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el futbol. El futbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra.
Jorge Luis Borges.- Escritor argentino, fallecido en 1986. 



Sacheri: Escritor goleador
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