... El muro aún estaba ahí

1.

Y de pronto, sin mediar palabra alguna —a propósito de la palabra— apareció ahí: un muro que divide y hace desaparecer un área verde entre la Facultad de Filosofía y Letras y la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Y sigue ahí. Las razones las desconozco, pero permanece. De la noche a la mañana el muro se convirtió en un ustedes y un nosotros. De manera simbólica, es un muro que no pregunta. Es un muro que representa la distancia entre quienes administran y quienes hacen uso del espacio público al interior de la Universidad.

En un principio, ese muro de pliegos de madera tipo triplay ofendió a algunos y a algunas; en otros casos, fue indiferente, como esa cotidianidad que se arrastra cuando hay que ir a la escuela: esa pesadumbre por asistir a clase, a ver qué se aprende. Al paso de los días, a alguno(a) de tantos estudiantes se le ocurrió manifestar y hacer latente —mediante la palabra escrita— una idea: tomó como lienzo ese muro que ofendía y desaparecía al mismo tiempo. Y sobrevino la catarsis. Poco a poco y de manera gradual, el muro se convirtió en ese espacio público secuestrado: la negación de un espacio se convirtió en la creación en otro a través de la imaginación. Síntoma quizá de su ausencia, las y los estudiantes hicieron de la ofensa [no intencionada] un espacio de expresión.

Al principio, apareció la literatura, los versos, las frases cortas, declaraciones de amor, espontáneos de la palabra que buscan un espacio para decir lo que no encuentran, quizá en el ámbito académico, familiar, amoroso, laboral o en la vida cotidiana simplemente. Los muros tienen la palabra, decían en el mayo francés. Tapiz de ideas, manifestación colectiva de la espontaneidad... El Muro dejó de serlo: se volvió radiografía de ideas y de botepronto, así como apareció se desvaneció en el aire. Una carga simbólica de autoridad se transformó en la palabra juventud y devino comunidad estudiantil. Una comunidad imaginada en el trazo. Reconocerse en la colectividad que permite el muro otorga identidad: la manifestación. El grafiti es la apropiación de lo que se ha negado —la palabra.

Y de pronto apareció la crítica: la palabra entonces comienza a ser utilizada para cuestionar, para preguntar. De la espontaneidad del muro, del aspecto lúdico en la expresión de frases, desde la posibilidad del anonimato aparece la leyenda, la consigna y las palabras toman peso. Calan. El muro ya no es el muro: es nuestro muro.


2.

En días pasados asistí a la presentación de proyectos que fueron realizados por jóvenes, convocados por un instituto de juventud del área metropolitana de Monterrey. En dicho evento, encontré a muchas y muchos jóvenes entusiastas por hacer patente su energía, su liderazgo, el esfuerzo por mostrar tantas cosas que las y los jóvenes están haciendo. La cita fue en el área de Cumbres. Esta convocatoria logró reunir a “jóvenes emprendedores sociales” como se podía leer en la carta dirigida a los participantes del encuentro; esto, con la intención de que “las y los líderes expongan sus proyectos ante un grupo de jóvenes que por su experiencia, puedan aportar y aprender de recomendaciones y observaciones importantes para el fortalecimiento de sus organizaciones”.

Aquí entramos al panorama acerca de lo que se está haciendo desde la política pública respecto a la juventud. La dinámica del evento se centró en la exposición de los resultados de los proyectos. Para ello, las y los “líderes” de proyectos fueron distribuidos en cinco mesas de trabajo, ubicadas en diferentes aulas del edificio, para que uno a uno fueran realizando la exposición de su proyecto. Un grupo de teatro, instructores de inglés, asistencia social, organización de quinceañeras, parkour, talleres de capacitación, entre otros, fueron las experiencias que pudieron conocerse.

El tenor en la mayoría de ellas fue el del asistencialismo social. Jóvenes emprendedores que buscan “concientizar” a otras y otros jóvenes para ser “emprendedores”. Agentes motivacionales para sacar de la pasividad a la juventud. Me llamó la atención un grupo de jóvenes estudiantes de una universidad privada de la ciudad de Monterrey. Ellos y ellas realizan trabajo comunitario en colonias marginadas del norte de la ciudad de Monterrey. En voz de uno de sus integrantes, pude escuchar que lo que ellos hacen les ha servido para aprender que la gente vive en la pobreza como si fuera un estado de comodidad y lo que están haciendo es ofrecerles una serie de valores que les ayuden a salir de su zona de confort. Y en esa línea se manifestó la mayor parte de los líderes de proyectos ganadores en la convocatoria ahí presentes.

Y ésa es la juventud que está promoviéndose desde una institución municipal que usa los recursos públicos para el desarrollo de proyectos. Y no sólo eso. Esto puede servir para ilustrar el alcance de este tipo de convocatorias. El uso de los recursos públicos obedece a una serie de lineamientos en aspectos que van desde la transparencia, el uso eficiente y una distribución responsable de los mismos. Entonces, podemos entender que una política pública implica tomar una serie de decisiones a la hora de la asignación de recursos a la totalidad o a una parte de la población. Y esto implica un tipo de racionalidad que asigna una serie de valores a esa parte de la sociedad a la que van dirigidas las acciones.

Con lo que se observó en ese encuentro, puedo señalar que no existe de manera clara qué tipo de criterios se utilizan para la asignación de recursos para proyectos juveniles. Lo que sí se tiene claro es que el fundamento esencial de la mayor parte de los proyectos que ahí se presentaron muestran una clara tendencia a seguir promoviendo el asistencialismo como una forma de intervenir en la sociedad desde una visión de las y los jóvenes. Y es este grupo poblacional —la mayor parte de las y los jóvenes beneficiados con recursos públicos— el que lleva a la práctica un tipo de racionalidad fundada en lo que Slavoj Zizek (filósofo eslovaco) denomina como los “comunistas liberales”: una especie de personajes que buscan ayudar a resolver problemáticas sociales colocando en la antesala del problema hacer de todo, para no resolver nada. Es decir, lucrar con la pesadumbre del prójimo en aras de sacar el mayor provecho, una especia de plusvalía de la presión: encontrar en la pobreza el máximo de ganancia. El reto para los “comunistas liberales” es una suerte de acción que les permita ganarse un pedacito de cielo y no sentirse tan culpables por las desigualdades sociales.

Eso se muestra en el lenguaje. El discurso que se hace notar durante el evento se centra en la aparición de “líderes” juveniles que busquen generar cambios en la sociedad. Repetitivo es el uso de la palabra “concientizar” entre quienes expusieron sus actividades. Quizá eso pueda darme una muestra de lo que en el fondo está buscándose desde una política pública dirigida a jóvenes: líderes que vayan reproduciendo el discurso que las autoridades generan desde las administraciones en los diferentes niveles de gobierno. No es difícil pensar que los funcionarios públicos estén pensando en jóvenes dóciles, fáciles de manipular, y a los que concederles el beneficio de un presupuesto público los convierta en sus empleados temporales.

Porque de lo único que pude darme cuenta es que, si bien existe este tipo de iniciativas juveniles, la mayoría de ellas están totalmente ajenas a la realidad tan compleja que se presenta en nuestro país, y muy pocas —quizá cinco— abordaron temáticas como el desempleo, la violencia, la diversidad que se presenta entre las y los jóvenes de la ciudad. Las y los jóvenes críticos —algunos de los cuales se han manifestado, por ejemplo, en el Movimiento #YoSoy132— no aparecen en el radio de influencia de esta convocatoria. Tampoco la juventud excluida y acallada que en algún momento realizó la “Destrucción Masiva” en calles de la ciudad de Monterrey, mostrando una autonomía en cuanto a organización y utilización de recursos. En este sentido, cuando las y los jóvenes cuestionan el status quo en la ciudad, de una u otra manera van siendo cooptados por una serie de programas desde las instituciones públicas... para el silencio o para la adulación. Se ha demostrado en los últimos 15 años cómo diversas instituciones han desarrollado programas para adaptar diversas manifestaciones juveniles a los parámetros burocráticos: desde la música vallenata utilizada para amenizar eventos en colonias populares, el apoyo a creadores artísticos con el otorgamiento de becas o la incorporación de manifestaciones urbanas de graffiti a salas de exposición.

Y ésa es la paradoja: la acumulación de experiencias desde el servicio público respecto a las y los jóvenes van mostrando un rostro a manera de contenedor. Los programas y proyectos dirigidos a las y los jóvenes se muestran como una forma de aletargar las posibilidades de que este sector de la población dé muestras de organización y autonomía. Aquellas experiencias que existen se mantienen en en ámbito casi del anonimato si no fuera gracias a las redes sociales. Difícilmente podemos encontrar programas o proyectos que promuevan el cooperativismo o el asociacionismo entre grupos o colectivos juveniles, mucho menos acciones desde la administración pública que favorezcan la autonomía de estos grupos como una forma de promover acciones participativas desde la perspectiva de los mismos jóvenes.

En el caso particular que convoca este texto: la comunidad estudiantil organizada, cuya existencia original es refractaria a una autonomía universitaria por ello mismo desmentida... Me parece que no se conoce la dinámica que guarda en la actualidad este sector de la población; y se considera que sólo existe un tipo de juventud. Para el caso de la ciudad de Monterrey, existen pocos espacios para ese otro tipo de jóvenes, para sus propuestas y las alternativas que generan a sus problemáticas —muchas de ellas, que nos conciernen a todos. De entrada, no existen espacios dirigidos específicamente al sector juvenil en el que se presenten manifestaciones artísticas que posibiliten el análisis de lo que sucede en su entorno: centros culturales, bibliotecas, centros de cinematografía, música, teatro, etcétera. Si bien es cierto que hay una serie de espacios en el área metropolitana, no hay uno que focalice sus programas hacia el sector juvenil.


3.

En referencia a lo que en estos días ha sucedido en la ciudad, principalmente en cuestiones que tiene que ver con jóvenes, me permito señalar algunas consideraciones. En primer lugar, es evidente la violación a la libertad de expresión al interior de la Universidad. Estudiantes detenidos por manifestar una opinión mediante un placazo, en el patrimonio de la Universidad. en segundo lugar, en la añoranza por la “autonomía” hay quien se rasga las vestiduras por la violación a dicho principio. En tercer lugar, hay quien de manera aventurada manifiesta que ha sido toda una acción orquestada contra integrantes de un grupo estudiantil que cuestiona el proceder de la Universidad. Yo tengo una lectura diferente.

Parto de la premisa que las lecturas que se han hecho no guardan una justa dimensión respecto a lo que se considera como juventud. Considero que esto que ha sucedido parte más de la ignorancia que tienen las autoridades —no sólo de la UANL— respecto a las y los jóvenes. Hay una gran distancia entre el sentir, pensar y actuar de las y los jóvenes universitarios y la idea que de ellas y de ellos se tiene desde las administraciones de dependencias y facultades universitarias. Y ese es un síntoma a nivel nacional: la política pública relacionada al quehacer juvenil se mantiene alejado del sentipensar de jóvenes.

Por lo regular, desde la alta burocracia y desde el ámbito académico se piensa en un sólo tipo de juventud, la que se presenta ante el televisor y ante los medios, ante la opinión pública. Pero existe una juventud invisible: la de las y los que analizan y cuestionan el mundo que les rodea y la de quienes, por razones familiares y/o económicas, se mantienen ajenos al mundo que les presenta: sin historia y sin futuro. La mayoría de la juventud se presenta ante una realidad inasible, proceso que a algunos de nosotros nos alcanzó hace 15 años y que, a la fecha, se ha agravado: la denominada “flexibilidad laboral” ha resultado en ausencia de derechos laborales, incertidumbre, precariedad, etcétera.

La juventud se puede ver desde otra óptica, desde una perspectiva ajena a la ignorancia. Lo sucedido en estos días a estudiantes universitarios, sí, es indignante, por supuesto, pero es el resultado de lo se ha permitido: una formación académica tradicionalista, bancaria en palabra de Paulo Freire, en la que las y los estudiantes se han convertido en receptores de información y no en generadores de conocimiento. La universidad es una maquiladora de información. La autonomía está en las vitrinas. ¿Acaso estará en la junta de gobierno? Por favor.

No existe programa o proyecto en el estado -desde la administración pública o desde alguna instancia académica- que analice, investigue o atienda al sector juvenil de la población. No hay un planteamiento serio para la atención de la diversa población juvenil, a lo mucho, una serie de acciones desconectadas, a la deriva; carentes de un accionar al mediano y largo plazo.


4.

El viernes 14 de septiembre de 2012 estuve en la manifestación en la entrada principal de la torre de rectoría de la UANL. Desde lejos, se puede ver que, sí, efectivamente, la juventud es más que una palabra —y ellas y ellos lo saben. Me pareció interesante ver de todo tipo de estudiantes: mujeres, hombres, activistas y, si me permiten la expresión, estudiantes comunes y corrientes que, hasta hace días, ajenos a su entorno inmediato, aparecieron gritando consignas, apoyándose mutuamente, saliendo del anonimato: el muro se transformó en espacio público. El interés por los asuntos públicos se transformó en una asamblea, una asamblea estudiantil. Y entonces apareció la organización: algunos jóvenes colocaron una lona de material plástico para crear un nuevo muro y, efectivamente, en poco tiempo, esa lona fue tapizada de manifestaciones de rechazo, de lucha, de organización. Otros, levantaban cartulinas escritas in situ sirviendo a la ocasión; muchos más levantaban evidencias videográficas sobre el acontecimiento. El ánimo no decayó. El muro tampoco. 

Y cuando despertó...
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