A propósito del Chapo

Luego del rumor desatado la noche del jueves sobre la presunta muerte de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en un enfrentamiento en Guatemala, el nombre del narcotraficante mexicano vuelve a estar presente en las conversaciones.
Desmentidos, burlas y precisiones después, el Chapo sigue vivo. Al menos eso dicen… Y nadie afirma lo contrario. 

En 2012 la editorial Grijalbo publicó una novela sobre el personaje: El más buscado. La escribió Alejandro Almazán, un reportero cuyo nivel de crónicas lo ha llevado a ganar tres veces el Premio Nacional de Periodismo. 

Almazán tiene un puñado de novelas en su haber y con El más buscado intentó delinear, ayudado por la ficción, la figura del Chapo. Para el escritor sinaloense Élmer Mendoza, máximo referente de la literatura sobre narcotráfico en México, la novela estuvo entre los mejores libros de 2012. 

A continuación una charla con Alejandro Almazán, en la que además de ocuparse del afamado capo, habla de periodismo y crónica —y señala sus preferencias e influencias dedicando un poderoso elogio a Juan Villoro: “Es el Obi-Wan Kenobi de la crónica”.

Tú eres un periodista reconocido, haces buena crónica. ¿Por qué abordar el personaje de El Chapo desde la ficción y no desde el periodismo?
Me parecía que si me hubiera metido a una cuestión más periodística se me iba a complicar. El Chapo es un personaje clandestino, sólo hay leyendas en torno a él. Si yo hubiese querido hacer un buen perfil del Chapo, tengo que hablar con gente allegada a él y tampoco es tan sencillo. A la mejor la mejor la única fuente que me hubiera dado información era la Policía. Y me hubiera dicho ‘este hombre es el diablo’, así tan cual. A mí me pareció que no era ni Dios ni era el Diablo, era un ser humano. Y para encontrar ese ser humano se me iba a complicar.

Claro, fui a hablar con gente que en la vida real conoce al Chapo Guzmán no habló con él. Pero me dieron pequeños detalles que periodísticamente no puedes usarlos. Tampoco soy de los de ‘dame una frase y echo a volar el cocodrilo’. Yo no. Yo sí realmente tengo que reportear. Creo que cuando se presta el rollo de la ficción estás un poco más tranquilo. El más buscado sigue esa escasa línea de vida que sabemos del Chapo.

Porque además se habla mucho del Chapo pero en verdad conocemos muy poco. Pero sigue esa línea del tipo que vendió quesos, naranjas y pan en la sierra; que un tío lo mete al narco, después trabaja para Félix Gallardo y luego para Amado Carrillo; sus problemas con los Arellano, lo del Cardenal, su detención, su fuga; la muerte de su hijo, la pelea con los Beltrán Leyva. Y hasta allí, porque es lo que sabemos. No sabemos más. Y el Chalo Gaytán es el que sigue esa línea de vida. Se la está contando a un compositor de corridos, le está contando su historia.

Y en el caso del Chapo, hasta donde has averiguado, ¿tiene ese ego como para que se hable de él, como para, digamos, inmortalizarse así?
Hasta donde sé, a los viejos capos como él -porque él es de la vieja escuela- no les interesan los corridos. Para mí era como una ironía, hasta donde tengo entendido no le gustan. A los que más les gustan estos corridos es a los segundones que quieren ser grandes. Entonces si los Tigres del Norte, Los Tucanes, los Canelos, si Roberto Tapia los hacen grandes, ya la hicieron.
A él le gustan más las canciones románticas. La que más le gusta, por lo que me contaron, es la de “Hace un año”. Yo nunca la había escuchado, es de Antonio Aguilar y es poesía pura, realmente es poesía.

Quise meter ese estereotipo de que a los narcos les gusta, cuando en verdad a los viejos, no. A los viejos les molesta. Ha habido gente que ha hecho corridos a ciertos personajes y no son autorizados. Nunca salen.

De los mitos y leyendas que se dicen del Chapo, ¿hay alguno que te llame la atención más, que te haya impactado, que te resulte fascinante?
Cada uno de los mitos tiene cierta fascinación, pero hay uno que me llama la atención, lo escuché en Chihuahua. Llevo un buen rato cubriendo el narco y a donde vas te cuentan historias, que son leyendas porque no hay un teléfono para corroborar: ‘Oiga, señor Guzmán, es cierto que… ‘, no puedes.

La que me contaron en Chihuahua me pareció genial: él había ido a la casa del entonces gobernador Reyes Baeza, lo cacheteó y por eso a Reyes Baeza se le quedó paralizada la cara. Eso me pareció genial porque, además, todo mundo en Chihuahua lo cree. Yo periodísticamente nunca hubiera publicado eso, pero en la novela sí.

En la novela sí valía la pena. Y dije, tengo que ponerla como anécdota.
Y además todas las leyendas que hay en torno a él. Sobre todo en Puente Grande, de todo lo que hizo allí. Me contaron -también es leyenda- que tuvo una maestra de música, porque él quiso aprender a tocar la guitarra, pero no aprendió. Todas esas las vas juntando. De que presta sus avionetas a la gente necesitada para ir al hospital; que construye escuelas, que pavimenta. Que hoy está en un restaurante en Buenos Aires, y también hoy a la misma hora está en Monterrey, está en Culiacán echándose unos mariscos, o en un mall de Los Ángeles. Está en todos lados.

Si tuvieras la oportunidad de tenerlo enfrente, como periodista, dime tres preguntas que le harías.
Empezaría a preguntarle primero por sus padres. Qué le enseñaron. Qué le enseñó su padre, qué le enseñó su madre, y hasta la fecha qué ha entendido de ellos.

También le preguntaría lo que significan para él sus hijos; ya sé que me va a decir que son todo, porque son sus hijos. Pero qué hay más allá de sus hijos, porque le acaban de detener a una de sus hijas, le mataron a otro, detuvieron a otro más, sus hijos están en la mira, qué hay más allá de ‘sí, está bien, los quieres pero están en un riesgo, ve todo lo que les está pasando’. Si vale la pena ser el Chapo Guzmán para que le pase todo esto a sus hijos.

Quizá la tercera, más que pregunta me gustaría saber su historia de niño, y a partir de allí podría yo entender quién es el Chapo ahora. Y luego ya vendrían más preguntas.

Yo no me iría tanto a preguntarle por su historia o a quién corrompe; eso hasta el final. Me interesaría más conocer sus entrañas y luego lo demás: saber si hay un pacto con Calderón o si lo están cuidando los gringos, cómo fue su fuga de Puente Grande e ir acabando los mitos. Si es cierto que se pasea en una motoneta en Durango. Si es cierto que usted cierra los restaurantes y paga las cuentas.

Hay muchas voces en el medio literario que dicen que el tema del narcotráfico ya está agotado. Dicen ‘¡Otra novela del narcotráfico!’. ¿Qué piensas de ello?
Yo entiendo a esa ala literaria que dice ‘ya, ya, mucho narcotráfico’, porque en parte tienen razón; creo que las editoriales han sacado muchísimos libros: narco, narco, narco; unos buenos, otros francamente muy malos, pero llenan los stands de literatura del narco.

En mi caso, Sinaloa es mi segunda patria. Y cada que voy a Sinaloa yo no puedo estar ajeno a lo que pasa. A lo mejor para la gente del DF, como no tienen descabezados, narcobloqueos, no tienen narco mantas, para ellos está saturado el problema.

Pero para la gente sinaloense o los regiomontanos…ustedes están viviendo una situación terrible. Y a la mejor ustedes sí entienden este lado. Creo que lo que queremos hacer, no sólo desde la literatura, sino desde el periodismo, es que la gente entienda por qué a este país se lo llevó el carajo.

Los malos de la película no son estos rancherones que traen oro y visten Hugo Boss y Dolce & Gabbana y botas de avestruz… No son los únicos. Hay otros malos que nos dicen que son buenos, que son los salvadores de la patria, que nos gobiernan. Todo es un engranaje. Si nosotros solamente nos quedamos con la idea que ‘son estos rancheritos’ estamos viendo el narcotráfico de una manera muy reducida. Tenemos que voltear y darnos cuenta que hay otros que nos están asesinando de otra manera. Históricamente, el narcotráfico en los años treinta-cuarenta surgió bajo el control de los militares. No nos quieran vender que ese gordito que sale con una Polo verde y que le dicen curiosamente ‘La Barbie’ es el más malo; seguramente es malo, pero atrás de él habría un político, un policía, un militar, un funcionario... Yo no le llamo corrupción, es una participación directa.

En Colombia fue un abuso, porque allá hasta un tipo que había sido testaferro de Pablo Escobar publicaba su libro: “Yo trabajé para Pablo”. Y cosas así.
Incluso desde la literatura y el periodismo tenemos un reto: clavarnos en las historias de las víctimas. Empezar a denunciar al poder, esta participación directa del poder. Yo sí creo, y me van a crucificar, que hay que ir a buscar a los narcos y tienen que dar su versión.

Este año aparecieron dos antologías de periodismo narrativo: la de Jorge Carrión (Anagrama) y la de Darío Jaramillo (Alfaguara); en ambas aparecen crónicas tuyas. Lo he platicado con otros cronistas y pareciera que se vive un boom del género, que la crónica está en buen momento…
Yo ando pensando que a lo mejor está de moda. Porque, por ejemplo, yo leo la antología de Jaramillo y pienso ‘estos cuates están escribiendo desde hace años’. No es un tipo que ayer apareció, ya están allí: Caparrós, Villoro, Meneses, Salcedo... Ya tienen bastantes años.

Lo que pasó más bien es que los periódicos y revistas entraron en una crisis; nada más estaban publicando puras notas. Perdieron muchos lectores y dijeron ‘ahora queremos crónicas’ y empezaron a surgir muchos cronistas. Y ahora se ve más crónica, pero más por una crisis de los periódicos, que quieren crónicas, no quieren notas porque están perdiendo la guerra ante internet, ante la televisión y la radio, entonces necesitan esas crónicas.

A lo mejor sí se está dando un boom, pero es por una necesidad, del periódico y del mercado, pero yo no sé qué tanto sean buenas (crónicas). Al final, a lo mejor en México hay 3 mil cronistas, pero a lo mejor de esos 3 mil cronistas sólo la Marcela Turati y el Diego Osorno son buenos y todos los demás valemos madre. Queremos hacer crónica porque es lo que nos están pidiendo. Yo creo que hay que ver con el tiempo quiénes son los que se conservaron….Yo te puedo decir en este momento que Diego y Turati seguramente van a pasar la prueba del tiempo, ellos no van a tener problema.

¿Y Villoro?
¡Villoro es el Obi-Wan Kenobi de la crónica! Él ya no tiene broncas, Fabrizio ya no tiene broncas, ya es gente consolidada. Todos los demás son los que tenemos que seguir allí…

Pero debe ser satisfactorio estar en una antología…
Te llena de vitalidad y obviamente quieres seguir haciendo más crónica. (Pero) Tengo mis dudas de quiénes van a pasar la prueba del tiempo…

Dime cinco de tus influencias como periodista y cinco como narrador…
De periodismo, Kapuscinsky, Jon Lee Anderson, Juan Villoro, Gay Talese…Y en un último encerraría a varios: Alberto Salcedo, Juan Pablo Meneses, Julio Villanueva, Leila Guerriero, Santiago Segurola (a mí no me gusta el futbol, pero Segurola escribía genial sobre el Real Madrid y me hacía vivir el futbol). Y, aparte, me declaro fan de Caparrós.

Narrativa, todos los que hacemos crónica partimos de García Márquez, es referente. Paulo Lins, Rulfo es obligado, José Revueltas me parece extraordinario…Si pongo alguien más me iría más a un clásico, Dickens, alguien así. Me gusta más la literatura latinoamericana. 'El más buscado'
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