‘Cuatro horas diarias; sólo contestar teléfonos’

1
En el kiosko de anuncios de la Alameda están los de siempre. Algunos te ofrecen dos mil pesos a la semana por cuatro horas diarias de labores de oficina. Hay otros anuncios que buscan una muchacha “para el aseo y cuidado de niños, de quedada, salida los domingos”.
La desesperación por encontrar jale te lleva a buscar la oficina que te ofrece esos dos mil pesos a la semana “contestando teléfonos”.

2
Y ahí estás. Quién sabe por qué pero te sientes entusiasmado. Algo pasó… no, más bien, tú elegiste sentirte así, porque tú eres un triunfador, porque ahora estás en el camino de encontrarte con tu propio éxito. Te la pasaste chido en tu primer día de capacitación.

3
Hoy, según los planes del capacitador, seguirás viendo motivación para convertirte en líder, en gente triunfadora. Así que decidiste pedirle una camisa y una corbata a tu papá y vas vestido como si fueras a tu propia oficina. Ya cambiaste, ahora irradias seguridad; ya no eres igual que hace dos días. Te han hecho ver que la mediocridad reina en nuestro país, que las cosas no cambian porque no las merecemos; porque nos gusta todo fácil… Ahora ves oportunidades de venta en cada cosa. Vas a mejorar y contigo va a mejorar todo lo que te rodea. Lo raro es estás esperando la hora para empezar y más de la mitad del grupo no ha llegado… ni llegará.

El día pasó volando. Vas a tu casa, pensando en lo que harás con toda la lana que ganarás. Comprar otro celular, ahora sí con plan de datos y toda la cosa. Vas a traer, en unos ocho o diez meses, un carrito; te volverás parte del tráfico del carril exprés; serás un gran vendedor, lo tendrás todo o casi todo. Estás listo para vender y para venderte, nada tiene de malo eso, te dijeron en la capacitación.

4
Último día de capacitación. Se empieza a ver el esquema de comisiones y todo lo relativo al producto. Sientes como el entusiasmo te recorre las venas como una potente droga. El capacitador comienza hablando un poco de la motivación. Saca un audio grabado en su celular donde se escuchan risas infantiles; menciona que es su hija quien la protagoniza. “Esta es la fuente de mi motivación”, dijo, y te quedas perplejo igual que todos los demás en la sala, que son aún menos que los de ayer. No importa, entre menos gente, más oportunidades. Y empieza la clase de los métodos de venta y los pagos.

5
En el anuncio te habían prometido mil seiscientos pesos por semana, pero hoy te tienen una buena noticia: en realidad puedes ganar por semana cuanto tú quieras. Todo depende de cuántos productos vendas. Cada uno vale cuatrocientos, el mínimo que te piden son cuatro a la semana para que sigas con la empresa. Pero el cielo es el límite, ¡te dejarán vender todo lo que desees! Unos del público hacen muecas, tú alcanzas a percatarte de eso. Notas a un grupo de chavos, de unos dieciséis o diecisiete, que no vienen con ropas de vestir y se ríen de todo. Te toca hacer equipo con uno de ellos para practicar el speech que dirás, casa por casa, de Sol a Sol. El chavo se la pasa riéndose. En determinado momento toma su patineta y te dice que saldrá al baño. Sus compañeros lo siguen. Te quedas esperándolo un rato mientras repasas tus apuntes, pero te das cuenta que no hay esperanzas de que vuelva. El Sol comienza a penetrar por entre las persianas.

Muchos empezaron a mostrar algo de desánimo. Se acaba el turno y una mujer artificialmente rubia se despide de todos en la salida. Tú, con un mar de preguntas en la cabeza, caminas como un autómata. Cuando te das cuenta estás en la Alameda con el nudo de la corbata deshecho buscando algo de sombra. Bajas hacia la Estación del Metro con el mar de preguntas todavía.

6
Lo recuerdas. Hace un mes de aquello. Hoy no traes corbata, ni nada por el estilo. Traes una gorra y un delantal. No fuiste, por supuesto, a la empresa al día siguiente, cuando ibas a comenzar a vender. ¿Te ganó la desidia, la mediocridad, el miedo a no ser un triunfador? Intentas explicar lo que pasó con los términos que te decía el capacitador. No tienes éxito en ello. Te limitas a decir : ¡DE LA QUE ME SALVÉ!

Apuras el paso. Hoy te limitas a hacer lo que dice tu manual y a cumplir con los estándares. Subes al camión que te llevará a San Pedro. Esperas que corra raudo, veloz, que no tarde porque si llegas tarde no entras a turno. Esas mesas no se van a servir solas.
Los empleos pirámide están prohibidos. No tienen razón social y funcionan en lo “oscurito”. Sólo los más altos escalones ganan dinero. Usualmente solicitan cierta cantidad de dinero que, juran, será para “invertir”.Empleos pirámide
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