Muchos a favor, muchos en contra

El empresario Alberto Santos de Hoyos acudió ayer al Senado de la República, junto con otros personajes de las finanzas regiomontanas, para demandar que se realice el debate en torno a la legalización de las drogas en el país.

Esta es ya la segunda ocasión que empresarios regiomontanos levantan la voz a nivel nacional. En julio del presente año, Santos y otros reconocidos empresarios publicaron un desplegado en los medios de comunicación con la misma intención: debatir la legalización. 


En el contexto de dichas declaraciones, LA ROCKA publicó en la edición número 142, primera quincena de agosto, un reportaje en el que se expone el tema. A continuación el artículo:

A DISCUTIR LAS DROGAS

Marzo 2003: Mauricio Fernández desata la polémica en Nuevo León al mostrarse a favor de legalizar las drogas. "Si ya estás grandecito, con bigotitos, te puedas echar un churro", y así "hasta pagas impuestos y cuidas a la niñez", dijo hace ocho años el ahora alcalde de San Pedro, cuando era candidato a gobernador.

La sociedad conservadora del Estado se le fue encima y hasta sus propios compañeros del Partido Acción Nacional vieron con malos ojos la postura. Resultado: perdió las elecciones ante Natividad González Parás.

Julio 2011: Empresarios y académicos de alcurnia, como se diría coloquialmente, buscan abrir un debate nacional sobre la legalización de las drogas. A través de un desplegado en varios medios de comunicación, personajes de apellidos como Clariond, Garza Lagüera, Santos y Rangel expusieron que “la detención y el encarcelamiento de traficantes, los decomisos de drogas, propiedades y dinero, no han servido para detener el crecimiento de las adicciones y mucho menos, la violencia en nuestra sociedad".

Resultado: sorpresa nacional porque el desplegado venía firmado por empresarios re-gio-mon-ta-nos, un sector tradicionalmente conservador a ultranza; si ellos levantan la voz para plantear un tema tan polémico, debe ser porque la sangre está llegando al río... literalmente.

¿Esto quiere decir que Monterrey deja de ser una ciudad conservadora? Jóvenes como Jonathan y Adrián pensarán dos veces la respuesta.

Jonathan es adicto a la marihuana. Apenas hace algunas semanas fue dado de alta del centro de rehabilitación en el que estuvo internado durante tres meses; salió justo a tiempo para ver nacer a su cuarto hijo: una niña que posee todos sus rasgos físicos.

Fumaba mota desde los 16 años y fue a los 33 que decidió erradicar el vicio, por él y por la familia que estaba deteriorando: no encontraba trabajo porque siempre daba positivo en los antidoping, sus hijos abandonaron la escuela por carecer de recursos económicos, y los familiares de su esposa, con tantos altibajos en su matrimonio, le dieron la espalda. Era luchar con su adicción o ver caer aún más a su familia en la pobreza y desesperanza.

Caso contrario es el Adrián. Él ha fumado marihuana desde los 17 años y actualmente, a los 35, disfruta de una carrera profesional, una pareja estable desde hace cinco años, un trabajo que le permite pertenecer a la "clase media" y jamás ha sentido la necesidad de ir a un centro de rehabilitación para dejar sus gustos.

A él, la marihuana lejos de mermarle su calidad de vida, simplemente lo ha acompañado en algunos viajes.

Sin conocerse, los dos hombres comparten algo más que la afición por la cannabis: ambos son objeto del prejuicio todavía existente en una gran parte de nuestra sociedad. Para algunos regiomontanos, personas como Jonathan y Adrián son culpables, tanto como los narcotraficantes, de la violencia que vive el país. Para otros, el hecho de que fumen marihuana los convierte en individuos sin valores ni decencia.

Su moral es materia de debate, tanto como la (i)legalidad de la droga que consumen -o consumían, en el caso de Jonathan.

Mencionar la palabra “legalización” es iniciar una discusión sin fin. Una parte de la ciudadanía, investigadores, ex presidentes, músicos y, como se vio en días recientes, hasta empresarios “top” ven en ella la opción más viable para combatir el flagelo del narcotráfico.

Por ejemplo, Jonathan tal vez habría encontrado trabajo más rápido si las empresas no lo hubieran tachado de delincuente solo por la marihuana en su organismo.

La contraparte, integrada prácticamente por los mismos sectores pero agregando a sacerdotes, organizaciones como la ONU y a Felipe Calderón, teme que al legalizar las drogas éstas lleguen fácilmente a los niños y jóvenes, generando más adictos y desorden social.

¿Los futuros hijos de Adrián se convertirían en adictos? Difícil saberlo.

Fijar una postura a favor o en contra de la legalización sin un debate real entre quienes la tienen en sus manos, suena tan complicado como que existen personas que consideran delincuentes a todos los consumidores de drogas, o piensan que todos morirán por sobredosis. Simplemente, ridículo.

Lo único claro es que las drogas siempre han convivido (y convivirán) con la sociedad. Hay anécdotas que hablan de un Victoriano Huerta aficionado a la marihuana; de Diego Rivera motivando a sus colegas para exigir fumar mota "oficialmente", y de un gran legado musical cultivado por Agustín Lara gracias a los churros de hierba. Se sabe que ex presidentes norteamericanos han fumado marihuana y no es un secreto que Mauricio Fernández la consumió cuando cursaba la prepa.

Además, el tema de la “legalidad” de las drogas no es nuevo. Investigaciones plasmadas en tesis, libros y archivos históricos dan cuenta que en los años 20 en ciertos lugares de la Ciudad de México, Ciudad Juárez, Mexicali, Tampico y Tijuana se podía fumar opio "sin demasiados problemas".

Y en los años 40 el país causó revuelo al aprobar el Reglamento General de Toxicomanías en el que se planteaba la creación de hospitales subsidiados por el Estado para ofrecer a bajo costo marihuana, cocaína y heroína a los adictos. La aprobación del Reglamento iba viento en popa hasta que Estados Unidos presionó política y económicamente al gobierno mexicano para que se cancelara.

Ya en fechas recientes, durante el 2009, México recibió duras críticas internacionales por despenalizar las drogas, lo cual, por cierto, muchos aún desconocen.

Llevar drogas para uso personal se permite en el país, claro que solo en pequeñas cantidades: 2 gramos de opio, 5 gramos de marihuana, 500 miligramos de cocaína, 50 miligramos de heroína, 40 miligramos de anfetamina, por citar las más conocidas.

Si sobrepasa lo estipulado, se cataloga como narcotráfico, Pero si se respetan las dosis indicadas, no debe haber acción penal en contra del consumidor.

¿Qué falta, entonces? ¿Cuál es el punto que se debate? El tema pendiente sería la legalización: que se paguen impuestos, que el gobierno regule las drogas y que se especifique quién, cómo y dónde se comprarían.

Llegar a un acuerdo sobre lo anterior es nada fácil si se toma en cuenta que los ciudadanos escuchan la palabra “legalización” y de inmediato buscan la manera de exponer sus puntos de vista, tan diferentes como válidos.

Un ejercicio a través de la red social Google+ permitió a la reportera palpar la diversidad de opiniones y posturas respecto a la posibilidad de legalizar algunas drogas hoy clasificadas como ilícitas.

"Vean a Amy Winehouse, ¿quieren que la población de consumidores se conviertan en esa especie de junkies? Seguramente así terminarían más consumidores de las drogas si las legalizaran", fue lo primero que expresó Rodolfo Salinas, catedrático.

Su preocupación está fundamentada. El consumo de drogas provoca más de 7 mil muertes al año por sobredosis en Europa, en tanto 31 mil personas en Estados Unidos mueran anualmente por consumir drogas ilegales.

Es un problema global, aunque habría que preguntar si tal cantidad de muertes son más preocupantes que las más de 15 mil personas asesinadas en México durante el 2010 en el marco de la guerra contra el narco...

Respondiendo a Rodolfo Salinas, Airan Romero le cuestionó: “Hay personas que mueren por exceso de colesterol, ¿también tenemos que prohibir McDonalds? Y como hay personas con cáncer de pulmón, ¿hay que prohibir el consumo de tabaco? No importa la sustancia, siempre habrá gente que abuse de ellas”.

Según la Organización de las Naciones Unidas, de 1998 al 2008 hubo mayor consumo de drogas que nunca. Según la ONU, el consumo de opiáceos subió 34.5 por ciento; el de la cocaína, 27 por ciento y el de la marihuana, 8.5 por ciento.
Con guerra o sin ella, legales o no, el consumo de drogas continúa y deja en manos de quienes las trafican alrededor de 400 mil millones de dólares anuales.

Lo que cada día resulta más absurdo -e indignante- es que mientras en México se combate a balazos al narcotráfico y la sociedad apenas inicia el camino hacia el debate sobre la legalización, en países como Estados Unidos se editan revistas para saber cómo cultivar adecuadamente la marihuana y por toda la web rondan sitios que explican paso a paso cómo procesar la planta.

En Estados Unidos, el principal mercado meta para los narcos mexicanos, el uso de drogas recreativas es una realidad, como queda evidenciado en películas, canciones, obras literarias y notas periodísticas. Pero allá no hay decapitados ni persecusiones de militares contra malandros que disparan fusiles de asalto.

En otros lugares, como España, se producen movimientos que al día de hoy parecen imposibles en México. La ExpoCannabis Sur se realiza en la Madre Patria y busca luchar contra los “estereotipos y por su normalización y legislación”.

En la exhibición, los visitantes encuentran cosméticos, calzado, cerveza y materiales para la construcción, todo fabricado con cáñamo (la marihuana es una variedad de cáñamo).

Los organizadores pretenden que a través de la información, la gente conozca “la otra cara de la moneda”. ¿Se efectuará alguna vez en Cintermex una ExpoCannabis?

El tema de las drogas comúnmente va cargado de un discurso moral que nubla su origen: las drogas son un problema de salud pública y ya sean legales o no, se seguirán consumiendo, así resulte muy difícil hallarlas o aumente su precio.

Rodrigo Escalante (nombre ficticio) tiene como droga favorita a la marihuana, pero en los antros, fiestas y raves no desaprovechaba la oportunidad de echarse una tacha o un ácido; cocaína no, pues jamás fue de su agrado.
Ahora que Monterrey vive una nula vida nocturna, Rodrigo dice que, observando su círculo de amigos, conocidos y compañeros laborales, el consumo de tachas y cocaína decayó. “Antes siempre conseguías, pero ya no. Es bien difícil conseguir quién te quiera vender”.

Comunicólogo de 38 años, dice que el comercio de esas drogas, al menos en Monterrey, bajó porque no hay dónde consumirlas. En los antros y raves, dice, era frecuente ver a chavos comprando tachas para aguantar toda la noche bailando, o simplemente por novedad. Ahora hay más antros cerrados que disponibles, y ya no se organizan raves (o son tan under que pocos se enteran).

Las tachas y ácidos quedaron olvidadas para quienes las consumían “de vez en cuando”. No obstante, para quienes consumen mariguana no ha cambiado: la buscan, la encuentran y la compran, aunque su calidad bajó y el precio casi se duplicó.

“Antes comprabas una bolsita de mariguana en 100 pesos y te alcanzaba hasta para siete cigarros; ahora si te alcanza para dos es mucho y ya no la consigues en 100 pesos, lo más bara a veces está en 150. Y ya no eliges de cuál hierba quieres, agarras la que hay”, indica Rodrigo.

Así como él, hay muchos marihuanos en el mundo, no solo en Monterrey. La Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos coloca a la planta verde en el tercer lugar de los hábitos de consumo de drogas en 33 países (obviamente, los primeros dos lugares son para el alcohol y el tabaco, drogas que sí son legales). “Mary Jane” es la droga ilegal más consumida en el hemisferio, así haya habido en México mil muertos o treinta mil.

El consumo, al menos en lo que respecta a la mariguana, continúa más arraigado que nunca, Otra realidad es que la discrepancia entre quienes están a favor de su uso y quienes se oponen cada vez toma tintes de mayor intolerancia.
Entre si se debate o no, jóvenes como Jonathan seguirán mermando su calidad de vida por una enfermedad socialmente ilegal y otros como Adrián seguirán inyectando dinero al narcotráfico.

Por lo pronto, en un giro que puede cambiar radicalmente la percepción de las drogas en la sociedad, los empresarios regiomontanos pusieron el tema de la legalización sobre la mesa: “El consumo de drogas ya está despenalizado en México, la duda es: ¿quién queremos que maneje el mercado: las mafias o el Estado?”.

Made for USA
Según la Organización Mundial de la Salud, Estados Unidos es el mayor consumidor mundial de drogas ilícitas. 72 millones de estadounidenses de entre 15 y 65 años han consumido algún tipo de droga ilegal.

Mariguana contra el dolor
En Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawaii, Maine, Maryland, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregon, Rhode Island, Vermont y Washignton han “legalizado” el uso médico de la mariguana.
Los requisitos son: cuadros clínicos que ameriten su uso, recomendación de dos médicos certificados por el Estado, portar un carné que identifique a los usuarios, y que la posesión de las dosis personales sea de 2.5 a un máximo de 5 onzas.

‘Di sí al debate’
Estos son algunos de los puntos que plasmaron los empresarios regiomontanos de alcurnia hace unas semanas, para exigir al gobierno federal replantear la actual estrategia de combate a las drogas mediante un debate público.
  • El mercado negro ha sido creado por el propio Estado al seguir una política prohibicionista confusa, pues por un lado despenaliza el consumo personal, mientras por el otro criminaliza y combate a productores y traficantes.
  • Con esos ingresos extraordinarios (por la venta de drogas a precios elevados) los traficantes compran armas, reclutan jóvenes en situación de riesgo, promueven el consumo entre los niños y corrompen autoridades en ambos lados de la frontera.
  • Es sumamente difícil combatir el crimen organizado con medidas policíacas cuando las mafias siguen siendo financiadas por este mercado negro cuyos ingresos rebasan, por mucho, los presupuestos de seguridad nacional.
  • Países que se han desligado de esta política prohibicionista han sido mucho más efectivos en reducir adicciones e índices de violencia y corrupción relacionados al mercado de las drogas.
  • Tenemos la concepción errónea de que legalizar una droga significa liberarla, cuando por el contrario, implica el control de la misma por el Estado, como es el caso del alcohol y el tabaco.
Bibliografía:
El narco: La guerra fallida. Rubén Aguilar V. y Jorge G. Castañeda. Ed. Punto de lectura, 2009.
Memorias de un loco anormal. El caso de Goyo Cárdenas. Andrés Ríos Molina. Ed. Debate.
El enemigo en casa. Drogas y narcomenudeo en México. Jorge Fernández Menéndez y Ana María Salazar Slack. Ed. Taurus.
El cártel de Sinaloa. Diego Enrique Osorno. Ed. Grijalbo.


Drogas: El debate que viene
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